miércoles, 17 de septiembre de 2014

La verdad es una mentira que nos contamos a nosotros mismos.

He soñado contigo. No recuerdo qué, pero otra vez me he levantado con las bragas empapadas. A veces echo de menos que me miraras y me follaras. Y que me follaras también. No sé qué es lo que vienes a buscar. No pienso devolverte nada que te olvidaras de recoger entre las prisas. Bueno, ya que vienes a buscarlo..., sabes que la poesía alemana no es lo mío. Pero tu jodido tanga de encaje negro, sí. Y aquí se queda a no ser que quieras enseñarme lo que llevas puesto para que te lo arranque con los dientes bajo la falda. Joder, qué puto escote traes; estás como para morderte y aprender la geografía de esas dunas tuyas entre el oasis de tu boca. Con la lengua. Pero qué más dará, no creo que vengas a otra cosa que no sea hacerme saber quién te come el coño ahora. Sí, pasa, te había invitado a café pero como si estuvieras en tu casa. Podrías desabrocharme el sujetador mientras lo sirvo. O sentarte, también. Qué importará ahora. Me da igual lo que hagas mientras no grites más que conmigo. Sí, me gusta que me toques pero olvídate de mí. Que no te acerques, que no me beses, joder, que te he dicho que me beses. Y que te acerques. Y que no me olvides. Que yo no me olvido. Pero el café. Y mañana te casas. Déjame. No te vayas. Que te quiero. Lejos. De los juzgados. No sé. Me he olvidado.


-Nuria, ¿estás bien?
-Sí, nada; pensaba.


Ni recuerdo qué hablabas. Solo miraba tu boca. Y no sabía si quererte o quererme. La verdad que yo me daba un poco igual sin ti. Qué absurdo.