miércoles, 17 de septiembre de 2014

Despedida, al fin.

La madrugada del diecinueve de agosto pasó algo. Pasó algo inédito, ilógico, inesperado.
Volví a escribir.
Y sentí la energía recorriéndome el alma, llenándome de luz, de vida. 
"Como si solo existiera para ella
y ese momento".

Como si nada más importara. Ni mi propio criterio.
La musa de carne, inmaterial, idea, se dejó ver. Se dejó pintar. Y me hice poeta. Como si los ojos solo existieran para mirar. Como si el corazón solo existiera para aprender.

E hice verdad la mentira. Lo ausente, lo que no existe en los ojos de los otros. Lo hice palabra, joder. Y me gustó.

Y se acabó. No la palabra sino esto, sino hoy.


(habéis podido comprobar que he actualizado lo que llevaba meses sin publicar)

El último texto es el del día de. El día del impulso. El día que corrí la venda de los ojos y me olvidé de soñar, el día que miré y vi el color. Y mi color. Y mi labor.

El día de. El día del despertar de la violencia del verbo.
Allí podréis encontrarme. A Marta Reymond.

No escucho a muesli. Ni al fantasma. Ni al silencio. El ruido es música. El grito y el odio y la rabia.
Aquí se graba una lápida más para el cibercementerio. Los vivos seguiremos haciendo ruido. Y vida.
Y yo.


un gusto, siempre; y gracias.

La verdad es una mentira que nos contamos a nosotros mismos.

He soñado contigo. No recuerdo qué, pero otra vez me he levantado con las bragas empapadas. A veces echo de menos que me miraras y me follaras. Y que me follaras también. No sé qué es lo que vienes a buscar. No pienso devolverte nada que te olvidaras de recoger entre las prisas. Bueno, ya que vienes a buscarlo..., sabes que la poesía alemana no es lo mío. Pero tu jodido tanga de encaje negro, sí. Y aquí se queda a no ser que quieras enseñarme lo que llevas puesto para que te lo arranque con los dientes bajo la falda. Joder, qué puto escote traes; estás como para morderte y aprender la geografía de esas dunas tuyas entre el oasis de tu boca. Con la lengua. Pero qué más dará, no creo que vengas a otra cosa que no sea hacerme saber quién te come el coño ahora. Sí, pasa, te había invitado a café pero como si estuvieras en tu casa. Podrías desabrocharme el sujetador mientras lo sirvo. O sentarte, también. Qué importará ahora. Me da igual lo que hagas mientras no grites más que conmigo. Sí, me gusta que me toques pero olvídate de mí. Que no te acerques, que no me beses, joder, que te he dicho que me beses. Y que te acerques. Y que no me olvides. Que yo no me olvido. Pero el café. Y mañana te casas. Déjame. No te vayas. Que te quiero. Lejos. De los juzgados. No sé. Me he olvidado.


-Nuria, ¿estás bien?
-Sí, nada; pensaba.


Ni recuerdo qué hablabas. Solo miraba tu boca. Y no sabía si quererte o quererme. La verdad que yo me daba un poco igual sin ti. Qué absurdo.

III

y la llama
(arde)
y viene y sonríe
como si su nombre fueran inocentes letras
perdidas de azar

Escríbeme.

y como esclavo
bebí de la súplica
y me perdí en espíritu
inventando palabras
que sonaban a tu nombre
y no te hablaban.

te decía
pero nunca creíste que dolor y ausencia te invocaran;
solo jugaban a ser poesía
cuando eras tú
y no las letras
lo que ardía dentro del alma
hasta incendiarme.

escríbeme

y todas las cartas de amor
se pensaron para ti
y se consumieron
cuando supieron tu nombre
en mi pecho.

la memoria se hizo carne
-musa- y me hice poeta
solo para vengarme
de ti.

Tuya.

sonrisa
perfidia
perfume de celos
y mentiras

suspiras
me miras
rompes la ilusión
y me quitas la vida.

Ensoñación.

consumado como el más sumiso de tus esclavos
vencido al amor
fantaseo con peinar tu trenza
prendida de jazmín

como el placer más exquisito
que de pensarlo se hace pecado
por la indolente forma de amar,
tan despacio

haciendo eterno el silencio
y contemplando tu hombro, extasiado
como si solo existiera para mirarte
y ese momento
siempre ajeno a la verdad y al tiempo
como si negarlo
devolviera la vida
a los sueños.

Lejos.

el roce con la ausencia me hace herida
en el corazón.

nunca quisiste quedarte
(curarme)
y aliviar todos los daños
que nunca me hiciste;

siempre estuviste lejos,
donde no alcanza el amor
y el dulce veneno de tus labios
te contamina la voz

a puro grito.
hasta que el dolor se hace susurro,
y así como te quedas sin palabra
ensordezco yo.

I

a veces te pienso y me ausento
como si no cupiera dentro de mi pecho
si estás tú.

El vértigo del amor.

el vértigo del amor
se agudiza ante lo enorme del salto
del riesgo

te aturde y vuelve
bailando en el filo
de tu corazón

como a punto de caer
por el precipicio de la perdición
y la lujuria

como a punto de morder
el pecado, tus labios
sin pedir permiso ni perdón

pero sin llegar a rozarte
ni morderte
y celebrando el dolor

(de quererte)
si lejos olvidas la suerte
y me pierdes la razón.

Guión.

grita
calla
(silencio)

se miran

fin del primer acto
fin del primer beso

Improvisación.

música
concierto

explosión de violines
y de viento

y luego tu voz

(no sé si palpita la percusión
o mi pecho)

Sueño.

a veces
me despierto de la realidad
pensando que existes
y que me abrazas
y dices mi nombre
buscándome
soñándome
(como si no existiera
y tú sí).

miércoles, 21 de mayo de 2014

Espontaneidad y vanguardia.

el amor y la vida y el arte
y todo se revuelve y suma,
y no sabes cuál ha sido el primer paso para nacer
si no es morir

para decir por fin que estás aquí

(por poco tiempo, y es que buscas la luz bien lejos
como para escaparte del mundo
o para perderte mucho más en él).

lunes, 19 de mayo de 2014

Levógira.

a veces meto hombres en mi cama
como soñando
como creyendo que importan
más que tú.


a veces te pienso
y te desnudo
como convencida de que puedo desentrañar tu alma
antes de que sentencies jaque mate
y me rompas en dos


mentiras, que ni ágiles ni lúcidas
como tu lengua
han sabido llevar tu juego
sin perder
(la noción 
del tiempo).

martes, 22 de abril de 2014

Dev(orar).


Se te encendía la pasión en la mirada tan intensamente que nunca supe si era odio o si era yo (por soñar, nada se ha perdido –la cabeza, tal vez–).
Tenías la sangre caliente como todos esos animales que te desgarran con un aullido y te matan de miedo, como los leones que duermen por saberse con el control, como las hembras que provocan y arrancan los instintos más primarios cuando dejan un rastro de su olor, de su perfume exquisito, de las gotas de sudor que acarician el borde del labio y hacen del deseo un monstruo hambriento. Hacías desierto las bocas de sed saciada. Encendías el fuego con solo suspirar. Avivando la llama.
Eras demasiado salvaje como para sucumbir, como para dejarte domar por el amor. Cuando eras impulso, prisa, sexo. Cuando eras hermosa hasta doler.
Me trituraste el corazón a pura dentellada. Te comiste hasta la última fibra de mi libertad, y me hiciste esclavo de tu capricho. Y yo obedecía. Sin preguntas ni réplica. Sin juicio. Sin más identidad que la que me daba tu voz cuando me llamabas. Como un fantasma de carne que solo existía por tu amor.
Pero nunca era suficiente. Y yo solo era tú...

sábado, 22 de marzo de 2014

Lo humano y lo divino.

te amo como se idolatra a los dioses,
de rodillas.

te amo con la lengua, implorando
que maldigas en un grito mi nombre
y me hagas esclavo
en tu eternidad.

y en el monte de Venus ser libres
y beber en tus arroyos
y comer de tu carne;

profanar el sagrado templo de tu cuerpo
y pecar en todas tus esquinas;
blasfemar en acto y poesía
robar tus besos y ofrecer mi vida.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Beberte los vientos.

la sed me ataca como tantos otros días
de sequía, en los campos sembrados de trigo
que son tus rizos.

juegas con tu trenza de espiga
y el sol se para en tu mirada, extasiado
y el mundo se apaga

solo existe tu luz
el manantial de vida que son tus labios
y mi sed.

martes, 11 de marzo de 2014

(pusilánime, servil y soñadora)

llevo veinte años amando cada esquina de tu cuerpo,
cada arista del espejo que es tu mirada.

tantas veces he soñado con tus labios rosas
en mis labios
que me he olvidado de que nunca me has besado
y puedo vivir

sin tu piel blanquísima,
a base de los sucedáneos que encuentro en las sábanas
entre las que no te hice el amor.

me has devuelto la vida;
soy esclava de todo lo que digas
ya me has abierto todas las heridas
y no quiero que me pidas perdón.


lunes, 3 de marzo de 2014

cuando tu recuerdo se hace canción

Tus huesos son un arrecife de cristal
en un océano de carne irreal.

Mis ojos derraman oro líquido en el mar,
y te coronan la cabeza de coral.

Mutando el viento la marea me arrastró.
Nadé en abrazos de azulada dimensión.

Creí que tus brazos eran la sal de mi nación;
América es bella pero...

[...]

 -Sidonie.

martes, 25 de febrero de 2014

Quizá es magia eso a lo que llamamos luz. Al momento en que consigues ver cuando te habías creído ciego y te habías resignado a serlo.
A veces la luz llega cuando crees que la enfermedad te ha infectado por completo. Cuando has perdido los órganos de la vida vista. A veces llega y te arropa, como se cogen a los pájaros heridos entre las manos, tan indefensos y vulnerables que da pena ser fuerte. A veces todo se hace pequeño a tu lado y se queda ahí, contigo; no te supera ni te asfixia ni se esfuma ni te hace invencible. Simplemente ilumina, te hace sentir capaz; incluso, afortunado. A veces la luz se hace humana y la sonrisa se lee en la literatura. En palabras como las vuestras.

Quizá me he quedado sin luz; no veo más que ojos apagados y un alma extinta. Pero por suerte, por desgracia o por delirio, quedan personas que son capaces de ver en mí algún destello. Quizá como una estrella que murió hace tiempo y de la que solo queda el recuerdo, sobre nosotros.
Siempre da vida que vean algo hermoso en ti cuando tú sientes que te estás descomponiendo y no tienes nada más que ofrecer que la putrefacción y decadencia de tu espíritu cuando ellos estaban esperando algo más.


Esto empezó como un intento de respuesta para Breath, pero ha acabado degenerando, como todas las cosas de mi vida, en general. Pero no quería desperdiciar la ocasión para agradecer con todo mi corazón que tengáis fe en mí como en el telegrama que promete un "desaparecido en combate" pero no menciona la muerte. Espero que no os decepcionéis (más aún, si cabe) y siento teneros tan descuidados.
No he dejado de leer ni una de vuestras entradas. Quizá me faltan las fuerzas para afrontar que puedo ver y solo me hago la ciega.
Me curáis de miserias. Sois geniales.

siempre vuestra más que mía,
muesli.

lunes, 3 de febrero de 2014

La magia cuando se hace carne en tu sonrisa.

Le escribiría celoso a cada uno de los besos que dejas en la taza de café.

Las tardes de invierno solían ser íntimas. Salíamos a tomar algo en cafeterías vacías; el frío que atrincheraba a la gente junto a la calefacción. Ibas preciosa aunque diluviase o el viento despeinara cada uno de tus rizos, y no había nada que te gustase más que salir fuera a dar una vuelta. En mis días preferidos te olvidabas el paraguas y siempre acababas pidiendo entre risas que corriera hacia cualquier portal, agarrada a mi brazo. Quizá por eso eran mis días preferidos.

Otras veces fumabas, con la mirada perdida en otro sitio. Y no te encontraba (me moría de miedo). Pero siempre regresabas; sacudías la cabeza y te volvías hacia a mí con una sonrisa, como si nunca hubiese existido ese momento. Como si todo se hubiera pausado (incluyendo mi corazón) y nada se hubiera alterado en el universo.

Me dabas el aire y la vida. Y eras consciente de que te veía descubriendo cada destello de esa luz que tenías. Te miraba como se mira el arte, entre fascinación y recelo; porque los versos finales de los poemas pueden crear o destruir, y tú no habías dicho la última palabra. Enmudecías la música con tu voz. Y me enmudecías a mí. Contabas tus anécdotas y reías. Y yo reía contigo. Pero solo se escuchaba silencio fuera. Todo era silencio si no era tu voz. Tenías esa magia con la que todo perdía el protagonismo hasta hacerse ruido blanco y solo sonaba tu sonrisa hecha música. 
Pero eras una sorpresa constante, de esas que me enganchan. Como la más dura de las drogas. Que más que destructiva, es poética. Que más que la pena, vale la vida. La que me dabas cada vez que me dejabas sentir en tus ojos la verdad sin saber describirla.

Y yo no sabía qué era el amor. Pero me moría de celos cuando besabas la taza de café... y no mi piel.