sábado, 13 de abril de 2013

Analepsis.

De repente, me acordé de ti.
Apareciste entre las ganas de concierto, entre las canciones, los gritos, los saltos, las luces. Entre el recuerdo de tu mano enganchada en mi mano. 
Sí, ahí estabas: entre mis manos. Y tu condenada sonrisa enquistada en mis pupilas. Qué sonrisa. Y qué concierto. 
¿Lo has olvidado? Tu pelo hacía piruetas en la línea de lo imposible, y te movías como solo saben bailar los que sienten la música en los capilares como se siente el éxtasis, la euforia; el sudor corriendo por la nuca, el placer invadiendo cada resquicio de la piel, tu mirada. 
Bailabas como sentía tu mirada. Depredadora. En el pecho. Y se me olvidaba la batería; era esclava de tu ritmo, de tu parpadeo explosivo y de la sonrisa. De tu condenada, sobrecogedora y hermosa sonrisa.

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