miércoles, 13 de febrero de 2013

Suspiros carbonatados.

En la periferia de la miel dorada de tu cabello se ahoga el perfume.
Llueve. Cómo llueve fuera. Te resbala el frío por los mechones, se condensa en una carrera por tus labios. Qué envidia, pienso. Si el vaho que pintas en la noche me lo pidiese, iría. O vendrías. A mi casa, a mis mantas, al radiador de la cocina. Pero no lo quieres, no me buscas. Que si bien, los portales y los cigarros rápidos son suficiente para cubrir un despiste tras otro en los que te olvidas el paraguas.

Que se pudra la poesía, los eufemismos que hablan de rechazo. Que si no me quieres, no profesas, no eres devota. No soy religión de tus vírgenes caderas. Ya tienes tus cigarros en los portales. Y no me prefieres a mí en tus labios. Que se pudra la poesía.
La verdad, qué envidia.

4 comentarios:

  1. Que se pudra mil veces sin remedio.

    Besos.

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  2. “…y el vaho haciendo el amor con sus ojos miel”
    Que se pudra la poesía si al final estamos solos.
    Besos decadentes.

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  3. Envidio es lo que siento yo cuando veo tu capacidad para poner en el lugar justo las palabras precisas. Extrañaba leerte, linda, y sumamente contundente, pero cierta la declaración final sobre la poesía.

    Besos de neón.

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  4. Si se pudre la poesía, nos pudrimos todos. Es un precio demasiado alto que yo no pagaría.

    Opino como tú: los eufemismos son para los idiotas. A las cosas, por su nombre. Y si "no me quieres" me lo dices así, que duele menos.


    Te sigo! :)

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