miércoles, 13 de febrero de 2013

Suspiros carbonatados.

En la periferia de la miel dorada de tu cabello se ahoga el perfume.
Llueve. Cómo llueve fuera. Te resbala el frío por los mechones, se condensa en una carrera por tus labios. Qué envidia, pienso. Si el vaho que pintas en la noche me lo pidiese, iría. O vendrías. A mi casa, a mis mantas, al radiador de la cocina. Pero no lo quieres, no me buscas. Que si bien, los portales y los cigarros rápidos son suficiente para cubrir un despiste tras otro en los que te olvidas el paraguas.

Que se pudra la poesía, los eufemismos que hablan de rechazo. Que si no me quieres, no profesas, no eres devota. No soy religión de tus vírgenes caderas. Ya tienes tus cigarros en los portales. Y no me prefieres a mí en tus labios. Que se pudra la poesía.
La verdad, qué envidia.

domingo, 10 de febrero de 2013

Presidio entre tus dedos de pianista.

Suena la música del corazón. Percusión. Y tus gestos, galantes. Tu sonrisa es mi catarsis. El galimatías, para dos.
La caricia, el suspiro y en el borde del iris pardo, tú.