miércoles, 23 de enero de 2013

Herida.

Tus dedos son poesía por su espalda. Son la caricia y la fragilidad de su corazón. Lo vas a romper, la vas a romper. 
Tiene frío. Lo intuyes en sus gestos. Y sonríes. No sé si hoy lo disfrutas más que ayer, si el abrazo cercano la protege o la cautiva; no sé si tus ojos son prisión o carcelero. No lo sé. Pero me dice la niña, las emociones quebradizas y esclavas que me habitan, que tiene miedo a la pura irrealidad.

lunes, 21 de enero de 2013

Paramnesia erótica.

La droga se respira en el aire, en la música, en la sangre que late excitada entre las piernas que se enroscan cada vez más cerca en el sofá.
Una camiseta desvarada de varias tallas más grande, unas bragas diminutas y la sonrisa de placer la visten. Y él le dice que con la tontería de disfrutar del humo cada vez tienen las bocas más cerca. Que están demasiado colocados, que van a caer en alguna estupidez. Y ella se ríe, se ríe sin escucharle y ronda con la nariz su mejilla derecha, la comisura que huye de su melena rubia. Él se gira y sus ojos quedan enganchados a cinco centímetros. Nadie sabe con exactitud cuánto tiempo, si el parón es el efecto de los narcóticos o de lo erótico. Cuerdos, feroces, rivales; pupila incrustada en pupila. Pero por un momento, aventura a pestañear el muchacho. E interpretando que había aceptado el reto, ella se lanza a sus labios. Se sienta sobre sus calzoncillos y entonces qué es el control entre sus besos voraces, sexuales. Otro concepto de deseo arde en sus manos, dispuestas a desarmarla de su ropa gastada. Sus dedos ansiosos pasean por su espalda, por sus pechos.  Se aferran a la carne y a los muslos que se abren, que luchan por el roce. La piel tibia es a la piel. La tira contra el sillón y le roba la lencería. Ella se escabulle y lo arrincona, le arranca los calzoncillos. Desnudez. Las miradas destilan tensión, equivocación, morbo. Se deshacen por follarse como locos.
-Te quiero.

Despiertan. Y desconocen si ha sido sueño o puro tacto. No lo hablan. Miran las cervezas vacías y sus cuerpos sin ropa no parecen tan poéticos entre el dolor de cabeza.

sábado, 19 de enero de 2013

Oye, dulzura...

la muchacha mastica.
del melocotón, el terciopelo
el paladar acaricia.
y se pregunta de qué tienes envidia
cuando tus dedos
-y cuando no, tu sonrisa-
por la piel se deslizan.
guardas qué, cuántos celos
de que no la fruta, y sí la lujuria,
esté prohibida.

quizá a escondidas,
quizá, suspira,
te quiere más
de lo que le gustaría.

lunes, 14 de enero de 2013

Saturación.


dependencia es decadencia
(del espíritu libre
que siempre nos habita
aunque a veces huya sin nosotros)

jueves, 10 de enero de 2013

Ene(romántico)

Los años nos perdonaron los pecados y nos dijeron que rezásemos, que rezásemos porque lo que vendría iba a destruirnos.

Nosotros, tan impíos y tan humanos, hicimos de la vida el paraíso del desencanto, de los secretos; una fiesta de disfraces, de discordia; una historia en la que en la palabra ausencia se leían nuestros nombres.
En aquel entonces nunca nos definimos como distantes y sin embargo, éramos tan en el fondo de nosotros mismos que a veces ni las miradas podían encontrarnos. Y llorábamos como si llorásemos por lo irrecuperable, por el desagradable sabor a pérdida. Pero fuimos felices. Siempre nos curamos las heridas y nos abrazamos como para protegernos de la inevitable coraza que separaba nuestras almas.

¿Por qué desapareciste así, Carlos

miércoles, 9 de enero de 2013

Harapos de otoño.

Quiere volver a la eternidad de las sábanas que se enroscan, que se envuelven, que se estiran, que cubren por completo y nunca, nunca parecen acabarse. Volver a los chistes a oscuras, a las risas, a las miradas, a las caricias más cercanas al alma que a la piel. Quiere volver.

Con la taza de café que humea aún, que se deja la esencia y el aroma en caldear una habitación que ya no caldea corazones, se sienta en la silla que está junto a la cama. Duda si mirar los libros de la mesilla o mirarla. Duerme. Siempre vulnerable, expuesta a la ignorancia de lo que sucede en el mundo que gira en lo que ella gira en la cama.
Le duele. Ella le duele. Pero no le disgusta. Es la herida por la que se siente orgullo. La que será cicatriz perpetua, imborrable; tatuaje del desencanto y el dolor por lo que nos separa de lo que un día fue.

Nos ha alcanzado la distancia, Marina -susurra-. Demasiado cerca hemos estado como para no querer marcharnos.
Se pausa. Se le desencuentra la mirada en un sitio perdido entre los resquicios de la sala. No existe el tiempo. Pero se despierta del sueño -del recuerdo- y prosigue:
Hace un frío que hiela los huesos hoy. Voy a bajar a despedirme de la ciudad. Quizá me esté un rato la plaza, no te asustes si tardo (ni me olvides, por favor).

Levanta la pluma, y firma. O se despide. Nunca supo bien lo que hacía.

martes, 8 de enero de 2013

Poesía del cuerpo.

a veces
-no muchas veces-
partiría los lápices
las metáforas
y todo eso
que no nos hace falta en la cama

viernes, 4 de enero de 2013

Éxito.

mascarada.
la lágrima se disfraza
de joya, de plata.

el carmín que embelesa
confunde el labio que tiembla
-de dolor- con desvergüenza.
queda
en la copa fina prueba;
la sigue el muchacho de bandeja en bandeja
hasta la escalera
donde el tobillo y el tacón la mujer enseña
y con la sonrisa suplica que vaya tras ella.

su figura en la puerta;
hasta la cadera la pierna muestra,
invita a deshacerse de sus entretelas.
cien francos, la noche entera.

así, no es de extrañeza
que disfrutar se prefiera
las medias de seda,
la lencería holandesa
a los brindis que repican en todas las mesas.

prostituta de la nobleza,
más bien duquesa,
ha sido marquesa
antes que princesa;
ascendió a condesa
desde los más altos cargos de la pobreza.

hurgaba una rica billetera
cuando los trece años la picardía reflejan
y los jóvenes pechos semejan
fruta prohibida que a probar se presta.
se hizo con ella.

en el castillo, las sirvientas
la despojaron de sus ropas viejas;
acicalaron su juventud mugrienta
y aquel hombre la nombró baronesa
entre sus sábanas extranjeras.

diez francos de propina le deja
entre sus nuevas vestimentas.
él lanzó su carrera
a la diversión de ricas carteras.

prostituta de la nobleza,
desesperanzada espera,
que esa noche el muchacho la quiera
más de lo que la desea.

todos los días, mascarada.
la lágrima de soledad se disfraza
de joya, de plata.