sábado, 22 de septiembre de 2012

Mareas de bruma y recuerdos.

Y mis lágrimas saladas la atraen de nuevo por aquí, al mar que mis ojos contienen. Mar muerto, mar de ausencias.
Bucea en lo oscuro de las fosas, sus escamas brillan en mi iris y vuelve la luz que se había perdido en los fondos abisales de mi soledad.

Marinera, marinera... has atracado tus rumbos en mi puerto. Oh, mi sirena, vamos a cantar las canciones de todas las noches de Luna otra vez y a beber como corsarios del rey; vamos a bailar en el muelle y a lanzarnos besos truhanes a escondidas de sus miradas ansiosas de tesoros, de tu belleza sumergida en el océano frío de alta mar.
¿Vas a conducir mi alma al Inframundo como a todos los incautos que buscan probar tus labios de vino?
Hipnotízame. Sabes que yo no he jurado a ninguna bandera y que mi carcajada vieja y descolorida siempre ha sido devota de tu música. ¡Embáucame si quieres! pero no me mates. Prefiero vivir en tus infiernos y que me duelas con esa belleza pícara y astuta que azota como un vendaval furioso y firme en tus mejillas.
Oh, mi sirena... Cántame otra vez. Cántame y busca esta mirada que me has robado porque cuando te vayas voy a echarte muchísimo de menos y te quiero encontrar como un espejismo cuando navegue.

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