miércoles, 1 de agosto de 2012

Soledades edulcoradas.

Seguimos hablando del verano como si fuese septiembre. La distancia permanece lejos, sin encontrar un lugar en nuestros corazones cercanos y nos observa celosa.
los kilómetros nunca nos han torturado tanto      .
como el silencio.
Pero eso ella no lo sabe.
Es nuestro pequeño secreto escondido a voces. Quizá el ruido camufle nuestro miedo, la debilidad frente a los labios cerrados que reprimen un "ya no brilla(mos) igual" para estos ojos que se apagan.
Pero eso ella no lo sabe.
Ya no estamos, estás tú y estoy yo. Aquí; en tu mejilla -mi mano que se enlaza con tus dedos-. Vamos a rompernos; cuando nos rozamos, nuestros huesos astillados maltratan nuestra carne, tejen cicatrices. Aunque tal vez sobrevivamos hasta media noche con el hechizo, con los efectos de tu droga. Tal vez nos evada y el simple hecho de mimarnos deje de herirnos. Vamos a mentirnos intoxicarnos otra vez, donde no nos alcance la vista y podamos compartir la paz sin encontrar la verdad en estos ojos que se apagan.
hoy nos duele mirarnos.
Porque eso ella no lo sabe.
los kilómetros quieren curarnos tanto               .
como daño nos hace el silencio.

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