miércoles, 1 de agosto de 2012

Lagunas de irrealidad.

Hace frío aquí... Nieva fuera. Ya no me cobija la buhardilla secreta ni las mantas, ni los chocolates, ni estos guantes tan bonitos que compramos en Copenhague.
Hace frío aquí -dice señalándose el pecho-. Anda, ven y atrápame en esta cama de noventa. Nos sobra espacio para ser dos y una batalla de cosquillas. Me vas a hacer falta cuando madrugue y huya a hurtadillas a leer uno de los libros apilados del salón. No quiero mirar la cama vacía y deshecha en los finales de los capítulos y en las escenas de amor; no quiero. ¿Buenos días? Adoro tu voz, ¿sabías? Anda, ven y abrázame, cuéntame si dormiste o soñaste y no se te ocurra destapar los recuerdos que encontraste en mi caja de latón. Gracias, ahora estoy mejor. ¿Qué quieres hacer hoy? Carrera hasta la dulcería: quien gane, invita. ¡No vayas tan rápido que quiero pagar yo! Oh... ¿Dónde estás? -dice al llegar, se le escapa el vaho de la boca y se empieza a helar-. Entro y espero con los ojos hambrientos tras el cristal; me giro y aquí te veo, con la sonrisa de miel, de brillo travieso. Sacas una rosa. "Idiota..." y te vengo a besar. Ya no hace frío aquí, me has vuelto a curar.

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