jueves, 26 de julio de 2012

El reflejo.

Me lucho, con fuerza, sin descanso. Y soy victoria, victoria mía y de ellos, que también me luchan. Acertamos los golpes, y me destrozamos en los puntos débiles que no he sabido proteger. Pero ésa no soy yo, yo no soy yo. Sálvame, por favor. Que estoy herida. Herida de tanto ser combatida. Me duelo. Me hago daño y no lo aguanto más. Yo soy yo, esta de aquí. Derrotada y pequeña, llena de cicatrices (más que por las magulladuras del cuerpo, por las decepciones que tantas veces han maltratado mi corazón). Sálvame. Sálvame... ya no sé quién soy.
A veces me reconozco en el espejo
y me hablo.

2 comentarios:

  1. Los espejos no siempre devuelven la imagen que posa ante ellos, sino una escena que transcurre al otro lado.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Al principio, todos, comenzamos con la misma base. De vez en cuando se altera, antes o después. Pero se hace. Sufriendo cambios, que nos hacen únicos. Algunas veces, ocurren sucesos en nuestras vidas que convierten la luz más brillante en la oscuridad más temible de todas. Ahora mismo, puede que estés atrapada en ese mundo, en penumbra, pero se puede conseguir salir de él.
    Me encanta como escribes y nunca me cansaré de decirtelo. Una entrada maravillosa, me encanta. Me siento muy identificada con lo que sueles escribir.

    ResponderEliminar