lunes, 18 de junio de 2012

La voz de nuestros espectros.

Un espasmo. Convulsión. Mirada en shock. Parece un animalillo herido, preso del pánico.
Me observa desde sus pupilas de espanto, hecha entera en el miedo. Acurrucada entre las mantas, huidiza de la tormenta. Pura soledad esperando a que alguien la rescate.

Yo estoy aquí, pequeña. Ya estoy aquí... No te asustes, no voy a hacerte daño. Déjame que te quiera hoy. Prometo ser una caricia.

Pero antes de ayudarla a escapar de su cárcel de almohadas, llora. Y llora despacio, llora consciente de lo inevitable. No hay odio. Quizá son lágrimas de decepción. Pero, oh, su iris es un río de temor azul. Y se desborda en el delta de sus pestañas.
Sus muñecas heridas, diminutas, se acercan a sus ojos y los ocultan. Siente cómo se avecina el desastre. Y sé que me mira aunque no me esté viendo. Que siente mi rostro frente al suyo, con el aliento y los sollozos mezclándose en el aire que nos separa.

Cariño, no te escondas. Eres preciosa, con ese cuerpecillo de niña que se te deshace entre las sábanas. ¿Por qué no me dejas que te quiera?
-Vete. Vete, por favor -suplica.
Te voy a esperar toda la noche. Ya sabes dónde estoy.

Entonces, me escabullo. Se queda sola. Pero sé que me echa de menos. Porque la cuido aunque me odie, aunque me quiera.
Al poco huye al baño. Los nervios la comen, pero los vomita. Arcadas silenciosas, dolorosas hasta el punto de llevarse su sangre. Llora. Yo la observo sentada en el borde de la bañera. Se me acerca, me mira eterna en el arrepentimiento y me besa con unas lágrimas escarlata en sus labios. La desnudo. Me descubre en cada roce.

Eres mía.
-Eso es algo que ya sabíamos las dos.

La atrapo entre mis brazos y de espaldas caemos. Luchamos bajo el agua; la ahogo, me ahoga.  Nos hacemos el amor. Muerdo cada parte de su cuerpo, las arranco despacio hasta consumirla. Estoy esculpiendo sus costillas. ¿Le sientan bien, no crees? Al igual que esas piernecillas, ¡parece que están a punto de desaparecer!

Espera, silencio, ya está abriendo los ojos...
Me tumbo en la cama, a su lado, y me deslizo por sus caderas. Han pasado más hambre que ayer. ¿Se sentirá bonita ya?

-Anorexia, déjame en paz.

Jo. Se ha despertado y me vuelve a llamar enfermedad.

1 comentario:

  1. Me encantó esta entrada... es muy impactante. Asusta saber cuantas chicas padecen esta enfermedad en realidad, pero como tú dijiste, ''Lo que nos asusta en realidad es saber que esos monstruos también se esconden en nuestros armarios.'' Hacia algun tiempo que no me pasaba por tu blog, ya sabes, semanas de exámenes y eso, y ahora que me he pasado me has vuelto a sorprender con una entrada maravillosa. Nunca me cansaré de repetirte lo mucho que me encanta tu blog y tu manera de escribir.
    Besos. <3

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