miércoles, 18 de abril de 2012

Barco sin naufragio y sin estrella.

Dime qué norte le pongo a mi vida si la noche de sus ojos se ha nublado, si no puedo descifrar ni un brillo en su mirada, si no hay remolino en sus rizos ni tormenta en sus palabras. Si los truenos no reverberan malsonantes en su boca y la electricidad se ha apagado en la forma de tocarnos, si la niebla no nos deja ver la mentira ni el camino.

Poseidón se ha enfadado conmigo por robarle a una de sus nereidas encantadas. Pero que la mire, ¡que la mire y cese de reprocharme, de castigarme, que su pupila ya no es mía!
Que nos mire y nos descubra tan anclados; ella, tan perdida, y yo, abandonado a la deriva, condenado a encontrar sirenas. Yo, que no pretendo buscar más que el mero consuelo de su voz.

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