martes, 20 de marzo de 2012

Pesadillas.

Escarcha. Escarcha de noviembre en la orilla, mezclada entre la hierba de un verde primavera y alguna que otra flor a punto de morir. Indefensa. Diminuta. Cristalizada.
Nuestros pasos crujen y el aire frío nos sienta bien. Huyes. El rítmico compás del congelado rocío se apresura. Corres. Te ahogas, la brisa glacial te quema por dentro. Aceleras. Y le haces un guiño a la muerte. Frenas, al final del olvidado muelle de tablas de carcomida madera, con las punteras a punto de perder el equilibrio y perturbar el estanque; frenas. En seco, rígida, espantada, perdida, plomiza. A juego con nuestra tarde.
Y yo te observo. Ralentizo mi caminar para disfrutarte un poco más. Indefensa. Diminuta. Cristalizada.
Con tus piernecillas blanquecinas asomando bajo el vestido, con las rodillas magulladas, con noviembre castigándote la piel. 
Y al final, tus botas. Y al final, tus labios.
Ambos, desencajados, desproporcionados, descuidados. Ya no te llevan a ninguna parte.
Y en el desenlace, tus ojos. Perdidos. Grises. Destrozados. Escondiéndose entre tu pelo desaliñado.
Mis pisadas dejan su rumor de verde y vibran las tablas. Una, otra, una y otra vez. Te acaricio la espalda en el aire y me decido por la figura de tus hombros. Amoratados. Esqueléticos. Enfermizos. Te giras entre mis brazos. Tus talones toman el relevo y se quedan tentando a la suerte. Bailando sobre el filo. Oscilantes. Inocentes. Acompañando un imperceptible movimiento, amago de sonrisa, de brillo en tu mirada. Me robas el alma.

Te acercas a mis labios. Suspiras. Respiro tu aliento. Y como si la gravedad requiriera tu presencia, te dejas caer hecha de plomo. Y desapareces en el agua de la laguna estigia de mis lágrimas.

3 comentarios:

  1. Una escena muy bien descrita.
    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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  2. Las palabras me recuerdan un baile movido, por su fluidez, aunque es fácil seguirle el ritmo a esta historia, que atrapa, sacude y rompe toda impresión que tenías de ella.

    Besos de neón.

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