sábado, 31 de marzo de 2012

Pesadillas (II).

Impasible te veo caer. Te sumerges. Sumisa. Desequilibrada. Cristalizada.
Aunque siento que yo ya he huido contigo, en paralelo a tu descenso, y danzamos en círculos, entre burbujas, hacia el fondo.
Respiro sin aire. El agua entra y sale de los pulmones. Creo que me ahogo. Pero sigo tan vivo que me estremece verte con esa mueca macabra de euforia y dolor.
Intento tocarte. Me diriges la mirada, complacida. Alargas tus delgados dedos en la tranquilidad del agua sin llegar a rozarme y me abalanzo a rescatarte. Imperioso. Impulsivo. Apasionado.
Me acerco y te atravieso. Sigues cayendo. Rígida, satisfecha, perdida, plomiza.
Tu cuerpo se desata de tu juego y sales hecha de vapor en la última boqueada que pudo realizar. Agónico, manipulado, maltratado.
Tu fantasma se me acerca, me provoca, me tienta. Me arrastra hasta lo más profundo de la oscuridad. Tú, una sombra blanca desdibujada y yo, todavía prendido del miedo y la locura, de la impotencia y de la soledad. Y cuando presiento que ya no puedo más, escucho tu voz, te haces aire dentro de mí y vuelvo a la superficie en menos de un segundo.
Se ha quedado mi cuerpo en tierra, mi vida contigo y tú estás muerta.

Sacudo la cabeza, miro al frente y ahí te encuentras, hecha humana. Pequeña. Dulce. Sonriente. Me miras con delicadeza, casi acariciándome. Y con soltura, me hablas.
Terciopelo. Tu mirada y tu voz.
-¿Vienes a bañarte conmigo?

1 comentario:

  1. Siempre es un placer leerte, una sacudida que despierta el color de tus palabras.

    Saludos almendrados ;)

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