sábado, 4 de febrero de 2012

El silencio de los amantes.

El silencio os enseñó a no oír, a ignorar los gritos, las verdades y las mentiras, los buenos días, los cumplidos, los sobornos.
Ahuecó vuestro daño para que las pesadillas pudieran dormir bien y arropara sus ojos grises en la imposibilidad de no saber describir la tormenta y tú, tú seguiste en la niebla de los tuyos, con tus cenizas a medio morir ahogadas dentro de los vasos rellenos de alcohol y lágrimas sin derramar que era tu iris gris, siempre condenado a resbalar por dentro de tu alma.
El silencio os instruyó en la indiferencia, en las caricias sin tacto, en las bofetadas sin remordimiento y en las palizas por placer, en el morbo del dolor, en el erotismo de la sangre.
Las tardes tomando té sabían a muerte, callada y letal; crucificó los te quiero y las escapadas al cine. Lo invadió todo, hizo de la vida un rastro de polvo, experiencias volátiles y enfermas que vagaban en los recovecos de vuestras arterias como un coágulo de veneno.

Y es que el silencio mató el amor. El secreto os mató a los dos.

2 comentarios:

  1. Con palabras me arrastras al silencio de un texto que agota con ese rastro de polvo.

    Saludos almendrados ;)

    ResponderEliminar
  2. No podía ignorar un comentario como el que me has dejado en mi última entrada. Quería agradecértelo sinceramente. Que alguien dedique unas palabras tan bonitas a algo que has escrito, aunque tan sólo sea una persona, es realmente gratificante.

    Por otra parte, he estado leyendo tus escritos, y éste me ha parecido particularmente brillante, tan real que abruma. Empiezo a seguirte :)

    ResponderEliminar