sábado, 28 de enero de 2012

Mis demonios han venido a pactar conmigo el pecado.

Me han concedido un harén del paraíso arábigo sabor a miel en boca de la lujuria, condenándome a sufrir el infierno de la pasión en el corazón, el punto medio en el que no es amor ni deja de serlo, de donde ha huido la indiferencia. Un estado emocional en el que no liberas ni recibes, energía estática que no se conduce en caricias ni en puñetazos.
Estática como mi mirada.
Estática como tu sonrisa.
Inocua como las despedidas.
Etérea como la muerte.

viernes, 27 de enero de 2012

Sus domingos desérticos.

Le gustaba sentarse en las escaleras de la entrada a mirar pasar a la gente corriente pasar. Ver sus vicios, tics y manías, las muecas que tenían por sonrisas y encontrar, en el aliento que salía de sus labios, sus fantasmas; sus miedos, sus angustias y la desesperación, su hipocresía o sus ganas de escapar volátil en alguna nube de vapor... el asco.

Sabía encontrar el veneno de sus sus entrañas, venenos corrosivos para el corazón que intentan diluirse con lágrimas o descomponerse con narcóticos a modo de pseudo-catalizadores para acelerar el proceso de decadencia.

Pero de vez en cuando encontraba una pizca de dulzura y, con suerte, descubría una mirada llena de brillo (por algo muy lejano a la tristeza y totalmente indescifrable para sus teñidas pupilas del negro desengaño de su corazón) que se posaba en sus ojos...
Y la vida se le hacía menos perra.

martes, 24 de enero de 2012

Vacaciones en la Grecia de un Karpatos desconocido.

La brisa desperezaba sus desparramados rizos de proporción áurea. Oscurecía en sus pupilas y brillaba un sol de medio día en el resto de la ciudad.
Había abierto los postigos del balcón y, apoyado en la negra barandilla de metal, él observaba sonriendo cómo se debatía entre estiramientos y modorra, como un gatito, entre las sábanas.
Una vez nacida la brillante noche de sus ojos, buscó la mirada parda del muchacho y tras hacerlo, volvió a acurrucarse y a bailar con Morfeo al compás de su respiración.
Él inspiró fuertemente la sal del Mediterráneo y entornó las cortinas para mitigar la intensa luz de la habitación antes de volver a entrar a buscar su suerte en la constelación Escorpio de las salpicadas y oscuras motitas de su espalda y a pasear sus dedos por las estrellas que vagaban en su impoluto firmamento hasta encontrar la electricidad -en un estremecimiento de su columna- que encendería un par de parpadeos espontáneos en sus remolonas pestañas.
Suave, desde su elegante cuello, ella dio un giro que dedicó a regalarle un diminuto y delicado beso de sus labios rosas y él abrió los ojos al mismo ritmo que se le evaporaban la imaginación y el perfume que, por un momento, soñó tener impregnado en sus sábanas.
-Mierda.

domingo, 22 de enero de 2012

Fraternidad inoportuna.

La muerte era lo más parecido a la indiferencia de su expresión. Apática y sin gracia, en una mueca que rozaba el desencanto (o el dolor), se mostraba su sonrisa de asco mientras -todavía en silencio- le ofrecía un cigarro a la par que empezaba a sujetar otro entre los labios.
Y allí estaba él, fumándose únicamente el vapor de su aliento y si me apuras a decir, el alma, con las manos en los bolsillos y el abrigo hasta el cuello, temblando de miedo y de frío por la idea de perderla esa tarde de invierno en la estación.

domingo, 15 de enero de 2012

So dry (II).

¿Dónde se esconde hoy tu fantasma?
¿No se cuela en mis suspiros?
¿No se atreve a castigar mi alma?
Solo me acompañan tus huesos,
hechos cenizas -muertos-,
nuestros perpetuos recuerdos,
esperando que se los lleve el viento.

viernes, 13 de enero de 2012

Dioses del minimalismo.

Sus vestidos de fiesta se redujeron a la mínima expresión. Ya no eran ni el esqueje que hubiera descrito el diseñador como primera intención de definirlos. Allí, los bocetos de Klimt mezclados con las sábanas posando para El beso, revueltos en melancolía y un "ya no sabe a lo mismo" para apagar el dorado del brillante color que tenía el pintor en mente.
Así que la almohada se impregnó de lágrimas y no de sudor, el hueco de los besos lo aprovecharon los suspiros y el adiós de las miradas cohibió al deseo.
Llegó la mañana siguiente, un abrazo que vino a llenar de desilusión las maletas y un "hasta siempre".

No hubo dolor. Ni resentimiento, ni odio, ni gritos de rabia. Quedó la nostalgia de lo que fue y, simplemente, el amor se esfumó.

domingo, 1 de enero de 2012

Y Vicky tan sola.

-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"

Y es que en esas doce campanadas, no pensaba en otra cosa; no quería ni pedía nada más con cada uva.