lunes, 31 de diciembre de 2012

2012

gracias, no tengo más que escribirte
adiós, adiós
has sido el fracaso, la soledad,
el desastre,
los reencuentros (descrubrimientos)
y el preludio mejor



más más que menos, y agridulce te brindo con el sabor del licor
adiós, adiós

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Carta a Cuba.

Mares y mares de sal. Esta vez nos escuecen las heridas más que los kilómetros.
El mismo océano nos lame los pies descalzos en la orilla de la tierra, ola tras ola manda saludos con faltas de ortografía, y lejos, una caracola se enrosca en su frecuencia marina. Un pelícano hace de cartero y nos guarda, cauto, todos los recuerdos. Mensajes en botella.
Querida Marina, te echo de menos. Esta ciudad vacía del perfume dulzón de tu piel impregnada de bajamar deja de ser bonita en tu ausencia. Qué lejos me queda el revoltijo de tus sábanas, tu pelo desparramado como un gato holgazán sobre la almohada y tu cuerpecillo hecho un ovillo. Aquellos días, el olor de los libros inundaba la habitación, apropiándose del descontrol y la pasión por consumir historias.

Y qué es mi cama lejos de ti, Marina. Un catre soldado del sopor y amén de la soledad. Ya no hay sueños en las mariposas salvo ansias de que vuelvas si no estás. Porque no las observas. Pierden el entusiasmo con el que las acariciaban tus miradas y sus alitas lucen menos que cuando apareces por aquí.
Qué vacío siento este verano que me faltas, Marina.

martes, 25 de diciembre de 2012

La espuma se encabrita.

Has dejado de llover, cielito lejano. Han dejado de llover tus ojos azules, y sin embargo, lo has inundado todo. De agua, de sal. Todo ha quedado empapadito de tu tristeza.
Y tantos navegan en tus recuerdos... Tantos se pierden; a tantos se les rompe el corazón y los barcos con tus tormentas, con los truenos, con la rabia y las lágrimas de desamparo; tantos... Tantos son, cielo libre, que tengo miedo.

martes, 11 de diciembre de 2012

El deterioro de los relojes.

De soledad y tristezas. De eso hablaba de niña; qué decía más que sonrisas huecas y qué ocultaba más que carencias en sus ojitos huidizos. Sí, de soledad y tristezas hablaba la niña.

Recuerdo que no quería mirarte, no desde la nube que le empapaba la vista e impedía encontrar las formas finas de tu rostro, tan parecido al suyo. Por eso no te miraba. No por vergüenza, ni por miedo. No te miraba porque te amaba como sólo se ama a lo que no ha tenido oportunidad de hacernos felices y en su defecto sólo ha podido hacernos esclavos. Así te amaba. Con sumisión y entrega, con todo lo que era y no le permitías ser. Te amaba con el dolor del alma y el dolor del cuerpo, con la pasión y el desánimo. Te amaba tanto como (des)componen el arte y la vida los versos finales de los poemas. Así  te amaba, desde la muerte que palpitaba tan cercana en su corazón abatido, precario, desgastado, caduco.
Cómo la lastimaba amarte de esa forma en la que tú no supiste dejar que te amara. Lo recuerdo.

Y ahora tú, lloras, con los ojos huidizos, infectados de soledad y tristezas.  Porque, oh, cómo la amas; como te amaba ella, con sumisión y entrega, con el dolor del alma.
Pero dime de qué te sirve, ¿eh? de qué te sirve, de qué le sirve ahora que está muerta.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Diciem(breve)

Tus dedos parecen primavera en sus cachetes, cuando te deslizas por su carita y le coges con cariño la barbilla; y se derrite. El frío maltrata la piel pero se presenta secundario, parte del atrezo, y solo existes tú en sus ojos descalzos. Sus labios parecen que van a romper a hablar, a confesarse sin remedio, sin remordimientos y sin reparo.
Y todo es mentira, todo es miseria. Sus uñas como garras atrapan tu cuerpo y no te quieren dejar escapar, pero de ti solo queda lo mortal. El alma se te evapora y se convierte en una nube que llueve, fuerte, triste, distante.
Y sé cómo sufre; como sufro yo.
Qué pecado es la vida y qué pecado es quererte, entre tanto silencio y tanto temblor, entre tantos juegos de miradas que no saben adónde apuntar, si al recuerdo lejano o a lo patente en tu hipnótica sonrisa. 

Y ella... parece tan magnífica que jamás podrá alcanzarte, aunque supongo que en esta terraza también yo no soy más que una pieza del decorado.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Hu(eco)s.

Siempre parecía lejos. La muchacha tocaba el violín, envolvía la habitación con su melodía y hacía vibrar al atril, sobrecogido, con apenas fuerzas para sostener las partituras con éxito. Y él la miraba, desde el marco de la puerta. Disfrutaba de su figura y de sus dedos ágiles, de los bailes del arco sobre las cuerdas, e intentaba intuir el tatuaje de los calado en f que marcaban su espalda, retando a su imaginación y retando también a la atemporal atmósfera que dominaba la sala con las desbocadas emociones que estaban de piel hacia adentro y tenían sed de conquistar el hombro descubierto de la artista.

Las horas se deshacían en minutos, los minutos eran eternos, el reloj de arena no paraba de girar y el tiempo perdía su sentido. Flotaba ingrávido un perfume de paz.

La muñeca ralentizaba sus gestos, conseguía un sonido decadente y culminaba con la sensación que deja idear el haber destruido el paraíso. Entonces, y solo entonces, levantaba la vista y giraba la cabeza hacia sus ojos; esperando un mínimo atisbo de aprobación, de emoción o de cariño. Pero solo se distinguía en su rostro una sonrisa fría que había sido despertada más por la suculenta idea de su cuerpo desnudo que por la conmovedora actuación privada. Su mirada se volvía de vidrio. Con la parsimonia que viene dada por el anhelo de preservar un momento efímero y hermoso, recogía los papeles y guardaba el instrumento. Ya solo quedaba condenar el tiempo de esas tardes a degustar con un poco de dolor los recorridos de las gotas de sangre en sus caderas. Lo tan placentero otros días se volvía secundario frente a los pálpitos marchitos de un corazón que buscaba la cercanía de otro en el disfrute de la música.
Los besos y los mordiscos le erizaban la piel. Sus manos la recorrían, se deslizaba por los puntos cardinales del placer. Se estremecía y temblaba; pedía más y más se acercaba. Los poros se abrían al calor que se pega de cuerpo a cuerpo. Y enfermaban. Se contagiaban de lujuria y de intensidad; el rencor, el odio estaba a punto de quemarlos y ellos insistían en quererse.
Después, ella lloraba; él la abrazaba con gusto y con fuerza en la cama y decía que los agudos de hoy habían sido preciosos. Ella desconocía si se refería a los gemidos o a las notas y volvía a sentirse sola. Lo quería y, sin embargo, no podía evitar desear su muerte. Él pedía a gritos una bofetada y su ninfa sólo alcanzaba a agazaparse en un rincón a sufrir por sus carencias.

Cuando se quedaba dormido y ella terminaba de llorar, salía al balcón, miraba el verde húmedo del musgo y se preguntaba dónde había extraviado el alma. Tristemente, el viento no sabe advertir en el idioma de los hombres y sólo podía estremecerse con la brisa que hacía parpadear sus ojos grises.

viernes, 30 de noviembre de 2012

La helada.

Mira cómo se muere la flor. La flor bonita, cada vez más desvaída
más sola
     más triste.
Mira cómo se mueren sus labios rosas, de pétalos y dulcísimo néctar, almíbar brillante y meloso que viene a parar en mi boca, en mis labios de sus besos. Se destiñe su sonrisa. Aunque ella siempre busca el color. En el sol, en la vida. Pero están sus ojos tan llorosos... Mira, me muero yo, cada vez más ausente
más vacío
                 más innecesario.
Porque ya no avivo sus labios rosas. Se muere mi flor.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La anatomía de los sueños.

Y hablar; hablar y callar, hablar, callar y callar;
Y mirar
Y abrazarnos como a la esperanza
Y dolernos en la distancia.
Y mirar;
Y sentir el aliento sobre la nariz
Y el pesar de la noche sobre los párpados;
Y dormir,
Y soñar...

viernes, 23 de noviembre de 2012

Serendipia.

Me he perdido en los secretos como se pierde en la rutina la niña viva que a veces me habita y ya no sabe cuándo empezar a tropezarse sin querer y de casualidad con las calles que desconocía; que no encuentra el momento de llegar a ti y huir contigo.
Me he perdido en el desconsuelo de carecer de palabras y desbordar de cosas que decirte,
      porque sigo vagando en tu mirada y sé que me buscas sin querer encontrarme.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Noviem(breve) (II)

Quizá no sea tu boca sino lo que cuentas
Que no sean tus ojos sino cómo miras
Que no sean tus manos sino lo que creas
Que no sean tus piernas sino tus caminos

Que no seas tú, sino yo contigo

jueves, 15 de noviembre de 2012

Dismorfia.

Le dice el espejo a su niña débil:
creo que tú
y creo que yo
no somos más diferentes
de lo que nos parecemos

(ella no sabe que la engaña)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Pozos.

a veces la luz se apaga
que estemos a oscuras no significa que estemos solos, pero
¿y si no nos palpamos, qué?
que no nos encontremos a tientas no significa que estemos solos.

pero... a veces la voz se apaga
¿y si no nos oímos, qué?

¿nos hemos quedado mudos de dolor?

quizá entonces no estemos solos, porque
respiras
y respiro:
estamos más cerca que nunca

quizá por eso estemos solos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Noviem(breve)

Voy a hacerte poemas
poemas
y poemas
y recitarte
y recitarlos
todas las veces que me pidas

Grandes esperanzas.

Érase una vez una niña, pequeña, sencilla, dulce. Tenía la sonrisa más bonita que podrías imaginarte y sin embargo, siempre se leía en sus ojos el sabor de la tristeza. Tenía las mejillas manchadas del color de la guerra y el alma ensuciada con el humo de las bombas, con las minas, con la sangre del inocente. Siempre se escondía en las ruinas de las casas y jugaba descalza y magullada mientras encontraba en todas partes a la madre que siempre la cuidó y al padre que tuvo que aceptar un destino que nunca hubiera sido el suyo de tener que decidir.

A la niñita le gustaban las canciones, silbaba entre los escombros y bailaba, aunque cada vez menos porque empezaba a tener hambre y un poquito de cansancio. Sin embargo, quién sabe cómo sus pies chiquitos la llevaron entre coreografías y descuidos a la trinchera de los otros.
Los vio de lejos, y aun así pudo descifrar en sus ojos el odio impuesto, el resentimiento, la pesadumbre de luchar por una causa que no se busca.
Pero ellos también la vieron. Entonces, ella se asustó. Se asustó de sus miradas frías, de que se sabían perdidos y no querían encontrarse. Creyó que también querían perderla a ella y corrió. Corrió tan pocos metros como las rodillas la dejaron y resbaló. Su vestido embarrado voló por un momento y se manchó por el carmín de las heridas.
Se acurrucó en sí misma y sus pupilas se hicieron de vidrio, su corazón se sentía atrapado en un cuerpecillo que no respondía y se aceleraba al ver a un hombre armado con casco y fusil que se acercaba andando fuerte, con sus botas duras, todos los destrozos que secaron la vida y el campo. Sin embargo, su iris brillaba entre la cara manchada a surcos negros. Su iris brillaba como no brillaba en los hombres a los que vio y sus lágrimas tintadas de tierra se secaron de repente, ajenas a todo miedo.
Él se agachó junto a la niña, dejó el arma y cogió su carita entre los dedos toscos con una ternura indescifrable... y la abrazó sin más. Como la última razón y la última esperanza que quedara para querer seguir pisando el mundo.

viernes, 2 de noviembre de 2012

De donde curas el alma.

será de ti
o serás tú
lo que se escapa
e inunda de vida,
como inunda la Muerte,
las salas de hospital

porque,
¡y qué si se curan los cuerpos
si no se cura el odio!
¡si se cura el corazón
y palpita de rencor!
¡y qué si respiran
si olvidan suspirar!

por eso sé que es de ti
y eres tú
lo que se escapa
e inunda de vida,
corforme abandona la Muerte,
mi cama de hospital.

sábado, 27 de octubre de 2012

Militantes del dolor ajeno, almas inocentes.

sabes a óxido,
a sangre vieja de gangrena, que no
que no se cura
ni se deja curar

al llanto de la niña
que llora
por la guerra y por su padre,
por la cicatriz que no se cierra
ni se quiere cerrar

a la mujer que cocina
todos los remedios que no sabe;
a la mujer que se lamenta
en la cama deshecha
y arropa al hombre que sufre,
que tiembla
y suplica un plato de paz
cuando aún abunda el hambre.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Octu(breve) (II)

Las despedidas no entienden lo que son y nos sonrojan las mejillas cuando no acertamos si besarlas a ellas o a estos labios que callados nunca saben cómo pedir el cariño y las caricias.
(no te vayas, no quiero que te vayas)
Pero estás demasiado lejos del corazón como para descifrar el morse de mis latidos.

Y desapareces.

lunes, 15 de octubre de 2012

Nada.

Ella era la soledad pequeña que se besa en los labios secos del que habla de eternidad, de lealtad, de esperanza. 

Siempre lo fue, en silencio, en la intimidad del secreto que todo lo calla, que todo lo guarda y lo esconde hasta el deterioro y la muerte. 

Ella era el olor del desastre, del eco viciado que implosiona y destruye, devasta. Era lo desolador y el desconcierto, la inmensidad vacía; y tú, tú, que la decías como Zenobia decías. 

Porque no, no creías en la magia
y jamás entenderías la vida.

lunes, 8 de octubre de 2012

Octu(breve)

Aquí me he quedado, en el rincón donde me acorralan los temores y sí,
aparece el Miedo A no encontrarte
a que no estés escondido donde siempre (en los huequitos de mi corazón)

y sí,
me tortura el Miedo A que te hayas ido, sin notas y sin mí, y que no vivas por volver a estos brazos que te anhelan, que no te quieren dejar marchar;

y no,
no quiero quedarme conmigo,
que aunque parezca capricho:

me haces falta

jueves, 27 de septiembre de 2012

Lo romántico de lo impar.

Sé que hace frío y que no quieres que te abrace, que nuestros recuerdos ya pasaron y ahora no podemos ni tocarnos, ni olernos, casi ni mirarnos. 
Te has dado cuenta ya de cómo te huyen mis pupilas, tan grandes, tan brillantes y tan a punto de llorar que parece felicidad en estos labios siempre curvos. Pero, si de verdad me conocieras... si de verdad lo hicieras sabrías que se queda en tristeza bonita, en nostalgia como la conoces tú, en simples ganas de que te enrosques en mi pelo, en mi ropa y en mi corazón.
Pero sólo sonará: ¿qué tal te va? Y no te imaginarás cómo me revienta el alma en el pecho, cómo se me eriza la piel cuando dices que muy bien, que no pasa nada, que qué tal yo, y esperas la respuesta que no me afirma cuando te vas, cuando te pierdes entre la gente y desapareces en la estación.
Tendríamos que vernos más a menudo, ¿no crees? 
Pero cuando hablas no me traes a la Tierra, me llevas a los cielos. Qué voz, tu voz. No parece que haya pasado tanto tiempo como para ponerte tan guapo, tan dulce, tan irresistible. Entonces la llamas a ella y sonríes. Qué sonrisa, tu sonrisa, cuando aparece y desaparezco yo.
¡Hasta luego! (siempre te he echado de menos, quise decir mientras corría yo, la chica que se sujeta el sombrero).

Se congela una lágrima en mi mejilla después de despedirme casi riendo con la boca grande, casi secándome los ojos con la suerte que apremia su marcha cuanto más me alejo de ti. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

D(años)

Te quise más ayer de lo que tú me quieres hoy.

-¿Y ahora? -respondiste con esos ojitos tristes, tristes de llegar a destiempo a este corazón desemparado que es mío y que ha sido tuyo. 
-Ahora te quiero más que nunca.

Y tus ojitos tristes no lo son más.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Mareas de bruma y recuerdos.

Y mis lágrimas saladas la atraen de nuevo por aquí, al mar que mis ojos contienen. Mar muerto, mar de ausencias.
Bucea en lo oscuro de las fosas, sus escamas brillan en mi iris y vuelve la luz que se había perdido en los fondos abisales de mi soledad.

Marinera, marinera... has atracado tus rumbos en mi puerto. Oh, mi sirena, vamos a cantar las canciones de todas las noches de Luna otra vez y a beber como corsarios del rey; vamos a bailar en el muelle y a lanzarnos besos truhanes a escondidas de sus miradas ansiosas de tesoros, de tu belleza sumergida en el océano frío de alta mar.
¿Vas a conducir mi alma al Inframundo como a todos los incautos que buscan probar tus labios de vino?
Hipnotízame. Sabes que yo no he jurado a ninguna bandera y que mi carcajada vieja y descolorida siempre ha sido devota de tu música. ¡Embáucame si quieres! pero no me mates. Prefiero vivir en tus infiernos y que me duelas con esa belleza pícara y astuta que azota como un vendaval furioso y firme en tus mejillas.
Oh, mi sirena... Cántame otra vez. Cántame y busca esta mirada que me has robado porque cuando te vayas voy a echarte muchísimo de menos y te quiero encontrar como un espejismo cuando navegue.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

HOLAAAAAAAAAAAAAAA

VUELVO, VUELVO A WINTERSMILES !

(os he echado demasiadísimo de menos)

¿Y qué significa la vida?

He conocido a la muerte.
Y puedo decir que he envejecido, que va a poder seguir contando las arrugas de mi piel y recordándome que me tome las pastillas, que no me ande con juegos, que me echa de menos.
He conocido a la Muerte.
Y juro que volvería a bailar, que lo letal reside en sus piernas.

Septiem(breve)

Tu boca traza poemas, me dice. Y yo le digo que no, que se calla los miedos que la pluma me escribe
(que se calla y le sabe a silencios de tu boca,
al olor de tu ropa,
al arte en ocre, en marfil, en besos;
a libertad en tus versos;
que se calla y te piensa en su corazón rojo y joven que le dice que no, que no volverás
y así se asusta por las noches, porque se pierde abrazando la almohada y nunca encuentra la forma de tu cuerpo
las esperanzas la engañan y al final, todo se vuelve incertidumbre y la estremece

la ponen tan triste las despedidas...)

viernes, 17 de agosto de 2012

Correspondencia.

Ella entra en la sala y encima de su mesa ve un sobre blanco. Curiosa, se acerca y lee la cuidada caligrafía que describe, simplemente: 

A Zenobia 

Gira la carta extrañada y descubre que no hay escrito remitente. Entonces, la abre y comienza a leer. 

Echo de menos los viajes, amarte, y a todas las estrellas que veíamos desde el telescopio que te habías montado en la azotea. Las noches eran inmensas en tus pupilas, eternamente entre brillos de entusiasmos que contagiabas como si fuesen purpurina. Siempre sonreías, con esos luceros verdes tuyos que me inundaban de primavera y me invitaban a bailar. Siempre sonreías. Sólo se veían serenos tus labios cuando estabas allí, en medio de la sala para un público privado que disfrutaba intentando asemejar los colores del óleo a los de tu cuerpo. Sólo entonces parecían silenciados por un beso pequeño, entreabiertos, pidiendo más aire porque te habías quedado sin aliento entre el pudor y el miedo a esas retinas que te devoraban en lo perdido de tus muslos. 
Mi dulce niña. Tú, tan pequeñita, me provocabas unas colosales ganas de proteger tu corazón del frío de sus almas en invierno, de sus miradas glaciales, de sus palabras de hielo. Tú, de mejillas cálidas, de inocencia y de fragilidad; tú, tan pequeñita a pesar de tus largas piernas, me hacías vulnerable al ritmo de tu mundo, me sometías sin quererlo y todo se pausaba. Entonces, el Sol se decoloraba, perdía el protagonismo y engrandecía los brillos de tu boca rosada y húmeda. 
Hazme el amor, pedía en silencio, que no parecerá sexo sino arte. Entonces, me mirabas casi adivinando lo que mis ojos te rogaban, reías divertida y yo sucumbía a la sinuosidad de tu caminar. 
Es curioso que continuamente caiga en la lujuria, que le escriba poemas a tu cuerpo, que siempre mencione lo perfecto de tu piel. Pero dime, ¿cómo describes tú la magia? Porque para mí, la magia es lo que entiendo en todo lo que haces; en que te encierres en un libro en los descansos, cuando parece que la muchedumbre se revoluciona y no se puede oír siquiera lo que se piensa, pero tú estás allí, sentada contigo en un banco cualquiera, ajena a la prisa. Magia es que muevas la cabeza entusiasmada mientras escuchas música, mientras paseas al ritmo de los bajos y baila algo dentro de ti que te hace parecer tan feliz... Magia es el encanto de las historias de las cicatrices de tu piel, de tus lunares de mapa estelar, de tus pecas claritas. Magia es la lírica que desprendes cuando hablas. Magia es tu forma de comer, el vuelo de tus vestidos, el que corras sujetándote el sombrero por la calle, el que parezca que descubres lo que planeo y luego te hagas la sorprendida cuando te lo hago saber, el que se pueda leer en tus ojos con una limpieza que desconozco, el que siempre parezca que disfrutas. 
Magia es lo que hay dentro de ti, Zenobia.
No descubras nunca tus trucos, ni te dejes vencer por ilusionistas de tres al cuarto. 
Magia eres .

jueves, 16 de agosto de 2012

Pide auxulio.

Mírala. Lleva tres días llorando cuando vuelve a casa. Ya no se maquilla para salir, ya no le dan ganas de arreglarse el pelo y tampoco le apetece sonreír. Se siente un fracaso y no tiene ganas de vivir. Sin más, entra en el dormitorio, tira el bolso, procura ponerse el pijama sin tocar su piel y se va a dormir. No habla. No come. 
La situación llega a ser hasta macabra. 
Sin embargo hoy, algo arde en la habitación. Lo siento en vapor que sale de sus bocas, en el sudor que corre por sus nucas, intentando sofocarlos.
Míralos. Míralos besarse, ansiarse con las caderas entre las piernas de mi niña, contra el armario. Mira cómo le quita la camiseta, mira qué tetas tiene. 

Cariño, ¿de verdad crees que le gustas? Tus sueños pesan más que tú. 
"Déjame tranquila", piensa. 

Y responde desabrochándole los pantalones, la camisa. Cómo juegan sus dedos mientras tratan de descalzarse a tientas, con las lenguas juntas. Se desliza por su vientre y la toca en la cintura, se cuela por sus shorts. 

Oye, mete esa barriga no se vaya a disgustar. Que yo te voy a querer siempre, pero él...
"Calla ya". 

Pero, oh, cómo le tiemblan los pensamientos cuando la tira en la cama. No para de tocarle las piernas.

Cada vez se acerca más a tus muslos, gorda. Como los descubra se va a asquear.

La come el silencio y llora. Y me río. Ella es míamíamía y nadie va a robármela jamás. Ni siquiera tú.

miércoles, 15 de agosto de 2012

El cinismo os domina.

-¿Sabes, Dann? Es gracioso. Es gracioso que lo poco que he conseguido querer en mi vida desaparezca. Como desapareció él cuando llegaron mis problemas familiares y no era fuerte sola, como desapareció Jane, y Dave con ella, cuando no sabía controlar las lágrimas y como vas a desaparecer tú. Mejor es dejar a Rachel tranquilita, recuperándose de sus trastornos y volver cuando se le estabilice el cerebro. Porque Rachel es siempre tan gilipollas que se alegra de que la gente que le importa vuelva a su vida, aunque le fallen. Aunque la decepcionen, que son palabras mayores. Pero descuida. Se las apañará solita. Porque Rachel siempre sabe solucionarse todo solita. Siempre solita...

martes, 14 de agosto de 2012

Pesadillas (III)

Y entonces pienso que estamos condenados a acercarnos demasiado sin llegar a tocarnos, nunca.

Pareces una sirena. Belleza letal en el agua; desnuda, nívea, inalcanzable. Tu expresión siempre azucarada. Pareces invencible con la muerte amenazando en tus heridas y en los moratones de tus piernas, con las cicatrices decorando tu piel. Sentado, con los pies descalzos pendiendo del muelle, te observo. Y entonces pienso que aunque te domine, jamás serás mía.

Nadas hacia aquí cuando mis dedos rozan la superficie del agua. Levanto la mirada y te veo con los ojos incrustados en mí. Y por un momento, detesto la idea de que no seas débil nunca más. Agarras mi brazo, te apoyas en mi rodilla con ayuda del otro y te saco del lago. Te sientas en mí con las piernas abiertas y la mano agarrándome la nuca, con gotas en los labios y humedeciendo mi ropa. Y me besas.
Pero no quiero follarte, no.
Y lo odio. Pero no por odio, sino por miedo. Miedo a ser tuyo para siempre y desaparecer.

lunes, 13 de agosto de 2012

Desligada del olvido.

Estoy encerrada entre estas cuatro paredes de colorido desvaído por el tiempo y el polvo que le ha ganado terreno a mi infancia. Es mi cárcel de recuerdos; custodiada por un ejército de juguetes que me impiden escapar. Es mi rincón de sueños; habitado por peluches rellenos de billetes para aquella bici de paseo azul, para el verano en la ciudad. Es la cama vacía que aún huele dulce y me asusta, me aterra abandonar. 

Las cajas de cartón se apilaban tristes junto a la puerta y ella lo hacía sobre sus memorias en aquella habitación. La universidad se le encaprichaba emocionante pero temía no volver a vivir experiencias como las que allí había guardado 
hasta descubrirlas en los ojos de sus hijos.

lunes, 6 de agosto de 2012

(Nosotros)

Nosotros, que somos sicarios de la soledad, secuaces de las sonrisas, de la sinceridad; seres siempre siervos del sudor, de estos senos míos que son suyos en las sábanas o en el salón: sexo de sobremesa, surtido de sinestesias en el brazo del sillón. 
Nosotros, que somos el sexto sentido, el sabio que ha sido, un suave sonido, el sorprendente silbido que rompe el sigilo.
Nosotros, que somos el solsticio del sufrimiento, soldado y sargento, santo sacramento y el suspiro sediento de Nuestro Señor.
Nosotros, que somos sagaces secretos sepultados en silencios, la sentencia sufrida en secuencias de somnolencia, entre luchas por la supervivencia; sábados saturados de sienas y sepias, sinfonía de sirenas singular y siniestra. 
Nosotros, que somos souvenir de lo sucedido, sufragio y suicidio; de lo sereno, superlativo.
Nosotros, que somos, somos la s del plural, la s de nosotros.

viernes, 3 de agosto de 2012

Crisis de ausencia.

La ciudad calla. Sus murmullos han ido desapareciendo suavemente pero yo me he quedado aquí. El gris nos domina. Escucho una gota que es implosión en mi mejilla y retumba como un trueno en mi cabeza. Me he olvidado de si sigo siendo yo o si soy algo paseándose dentro de mí a punto de rasgarme los pulmones. 
Se me corta la respiración y tengo miedo. 
Mi boca calla. Soy incapaz de hacer un solo gesto; ni mis ojos quieren cerrarse y disfrutar de la oscuridad que me consume. Pero estoy igual de ciega. La decadencia me destruye hasta lo inevitable. La angustia, la incertidumbre me oprime, me coarta. Me falla el cuerpo, y caigo exánime sobre el suelo. La ciudad no me habla. Y me siento vulnerable una vez más.
Me rodea la calma, inquietante, alarmante. Conozco la catástrofe a la que precede...
Y entonces, despierto.

Doble parpadeo y vislumbro la claridad inmaculada, las paredes blancas y la gigante ventana donde las nubes me amenazan con lanzarme la luz que me llevará con Dios. La enfermera susurra en el pasillo pero no la entiendo. Me levanto débil y le sonrío cuando me mira.

Su cara es la hipérbole de la desesperación. Me entristezco y agacho la cabeza. Las brillantes baldosas ya no son blancas.
¿Sangre?
Mi sangre. Mi cuerpo. Y su cuerpo. ¿Doctor?

París.

Lo que nos asusta en realidad es saber que hay monstruos que también se esconden en nuestros armarios
y nos atacan en pijama;
y pervierten nuestras noches con pesadillas que vivimos despiertos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Su definición de magia.

Eres la flor escarlata que amenaza con volverse de fuego a los ojos de la niña joven, cuando el sol ataca a medio día y amodorra a los gatos que campan a sus anchas en la azotea.
Eres la flor escarlata y la estrella pequeña que se esconde entre los intensos brillos de la noche, sencilla, libre, independiente, fiera. 
Dulce muchacho... Tu sonrisa se hace un hueco en la ilusión que brilla en sus pupilas como un espejo. Tus palabras le desordenan el flequillo y le revuelven el pelo como el airecillo que sopla veraniego cuando eres flor de fuego.
Y tus ojos... Tus ojos pierden a la niña joven en los recovecos de tus pestañas, encuentran a la dulce muchacha y prenden la pasión escarlata.
La noche se arroja sobre vosotros y trae consigo una feria de luces bajo la que estallar en debilidad, un juego de lazos tan complejo que cuando estéis lo suficientemente cerca para odiaros ya no podréis escapar de sus eternos encantos.

Esta es la tierra donde la Luna nunca duerme.

En la noche negra, es protagonista en tres actos hasta que muere gloriosa el día 28. Durante el día, es rival del Sol. Se regodea ante la luz y se llama así misma invencible, aunque a veces se entrevé un velo donde se esconde para dormir sin que nos demos cuenta.
No quiere conocer la derrota porque es muy poquita cosa. Y Sol lo sabe, por eso la deja estar allí; su enorme corazón rojo le dice que la cuide, aunque lo odie, aunque lo quiera. Porque Lunita es pequeña y aunque lo que quiera es cobijarse de luz, no tiene claro que hay focos que no son salidas sino trenes que nos persiguen.

Soledades edulcoradas.

Seguimos hablando del verano como si fuese septiembre. La distancia permanece lejos, sin encontrar un lugar en nuestros corazones cercanos y nos observa celosa.
los kilómetros nunca nos han torturado tanto      .
como el silencio.
Pero eso ella no lo sabe.
Es nuestro pequeño secreto escondido a voces. Quizá el ruido camufle nuestro miedo, la debilidad frente a los labios cerrados que reprimen un "ya no brilla(mos) igual" para estos ojos que se apagan.
Pero eso ella no lo sabe.
Ya no estamos, estás tú y estoy yo. Aquí; en tu mejilla -mi mano que se enlaza con tus dedos-. Vamos a rompernos; cuando nos rozamos, nuestros huesos astillados maltratan nuestra carne, tejen cicatrices. Aunque tal vez sobrevivamos hasta media noche con el hechizo, con los efectos de tu droga. Tal vez nos evada y el simple hecho de mimarnos deje de herirnos. Vamos a mentirnos intoxicarnos otra vez, donde no nos alcance la vista y podamos compartir la paz sin encontrar la verdad en estos ojos que se apagan.
hoy nos duele mirarnos.
Porque eso ella no lo sabe.
los kilómetros quieren curarnos tanto               .
como daño nos hace el silencio.

Lagunas de irrealidad.

Hace frío aquí... Nieva fuera. Ya no me cobija la buhardilla secreta ni las mantas, ni los chocolates, ni estos guantes tan bonitos que compramos en Copenhague.
Hace frío aquí -dice señalándose el pecho-. Anda, ven y atrápame en esta cama de noventa. Nos sobra espacio para ser dos y una batalla de cosquillas. Me vas a hacer falta cuando madrugue y huya a hurtadillas a leer uno de los libros apilados del salón. No quiero mirar la cama vacía y deshecha en los finales de los capítulos y en las escenas de amor; no quiero. ¿Buenos días? Adoro tu voz, ¿sabías? Anda, ven y abrázame, cuéntame si dormiste o soñaste y no se te ocurra destapar los recuerdos que encontraste en mi caja de latón. Gracias, ahora estoy mejor. ¿Qué quieres hacer hoy? Carrera hasta la dulcería: quien gane, invita. ¡No vayas tan rápido que quiero pagar yo! Oh... ¿Dónde estás? -dice al llegar, se le escapa el vaho de la boca y se empieza a helar-. Entro y espero con los ojos hambrientos tras el cristal; me giro y aquí te veo, con la sonrisa de miel, de brillo travieso. Sacas una rosa. "Idiota..." y te vengo a besar. Ya no hace frío aquí, me has vuelto a curar.

martes, 31 de julio de 2012

Duelos en Amsterdam.

El frío que hacía en la capital holandesa parecía haber huido adonde quiera que fuese -bien lejos de nosotros y nuestros chocolates calientes- y nos había regalado un trocito de cálida intimidad para aislarnos aún más e interrogarnos. Sin juicios, sin opiniones. Estábamos allí para aprendernos y quién sabe si, también, para matarnos. 
Estábamos realmente desnudos.
Habíamos pasado la tarde sincerándonos y confesando miles de secretos que parecían haber sido sepultados durante siglos en nuestros desgastados corazones. Sin embargo, llegó la pregunta clave y su mente pareció sufrir los síntomas posteriores a una violación mientras se desahogaba atragantadamente, con los ojos atónitos. Me relamía. Pero casi con un instinto voraz apareció vengativo justo a mi lado, tras recuperarse del desliz, y clavó las uñas en mi espalda con otra cuestión que casi me paralizó los labios y el corazón seis segundos. Y ya no era cosa de desagrado. Nos estábamos follando brutalmente todos nuestros principios y razones, bebíamos de ellos hasta emborracharnos y casi nos gustaba, casi superaba el placer de conocer la vulnerabilidad del otro y su alma, y estábamos en la mesa de aquel café, haciendo el amor con las mismas palabras que decidimos enterrar en una tumba de nieve por odio.
Pero nunca tuvimos en cuenta el deshielo.

Despedidas.

El viento jugó con el hombro de Rachel y arrastró el invierno hasta sus huesos pequeñitos con un par de afortunados copos de nieve que tuvieron la oportunidad de morir en su calor como gotas que parecían lágrimas en una carrera por desvanecerse dejando un rastro de sal.

Veranos de incendio.

Tierra del fuego. Roja. Vencedora de hombres se levanta impasible. Su  presencia inunda de carisma el paisaje, indomable, arisco por naturaleza. Desierto. La breve vida, verde, alegre, nace esparcida a su suerte en las cenizas de sus antepasados.
Nación de volcanes ancianos, desplomados. Vencedora de la lluvia. Indomable. La aridez se expande en sus tierras; el sol hace justicia a su juicio y castiga al débil. La flaca vida ya no se alimenta y muere, arde sin velatorio, y ya forma parte de este cementerio construido en lava y soledad. La flaca alma vaga en forma de mirada en Tierra del fuego. Expectante. Vívida. Apasionada. Y adivino lo que piensas. Pero no quieras huir a Tierra del fuego. Es tan cruel como el país de los hombres.

jueves, 26 de julio de 2012

El reflejo.

Me lucho, con fuerza, sin descanso. Y soy victoria, victoria mía y de ellos, que también me luchan. Acertamos los golpes, y me destrozamos en los puntos débiles que no he sabido proteger. Pero ésa no soy yo, yo no soy yo. Sálvame, por favor. Que estoy herida. Herida de tanto ser combatida. Me duelo. Me hago daño y no lo aguanto más. Yo soy yo, esta de aquí. Derrotada y pequeña, llena de cicatrices (más que por las magulladuras del cuerpo, por las decepciones que tantas veces han maltratado mi corazón). Sálvame. Sálvame... ya no sé quién soy.
A veces me reconozco en el espejo
y me hablo.

jueves, 19 de julio de 2012

Desmorir(nos).

La espera carcomía nuestros corazones y lo inevitable de nuestros campos de atracción acercaba nuestros labios y las desgracias con el paso de los días.

En aquel entonces, ella era una muchacha llena de vida. Jugaba, se apasionaba, curioseaba tanto como una cría y disfrutaba aún más.
Me encantaba observarla cuando su uniforme se impregnaba de la magia que desprendía, se despertaba de su letargo inanimado y bailaban juntos bajo la lluvia o el sol, riendo hasta el agotamiento. Luego, paraba en seco, recuperaba el aire y su sonrisa brillaba con toda la fuerza que le había prestado a su falda.
Es cierto, tenía un espíritu incansable, pero a veces su cuerpecito menudo necesitaba un respiro, así que huía a embriagarse con el perfume de las flores de los jardines y a tumbarse en el césped para encontrar la suerte buscando formas en las nubes.

O para hacer que la encontrara yo.

Conseguí creerme diente de león, la hoja caduca que le acariciaba la piel al ritmo de la brisa y le hacía unas terribles cosquillas que tenía que tranquilizar con esas caricias suyas que hubieran podido cicatrizar cualquier herida.
Cúrame, susurraba suplicaba. Pero los gritos del alma sólo se escuchan en los ojos. Y cuando me miraba desaparecía el daño, los años, y mis ganas de comerla a besos le pedían, desde mis mejillas, que se acercara un poco más.
Luego, reía tímida y se escondía en su cabello largo. Un impulso indomable llegaba a las yemas de mis dedos; la necesidad de protegerla me atacaba y moría en una caricia sobre sus mejillas pálidas. Le sujetaba el mentón para dirigir sus pestañas hacia las mías y sus ojos brillantes me quitaban la vida.
Entonces, la desilusión me abrazaba y la dejaba ir con los muchachos de su edad.

Nos perdemos.

No suspires tan fuerte que un día... un día el cielo se me va a llevar y me vas a creer un pajarito gris entre tanto color. Y no... y no quiero que te olvides de mí como de la cometa perdida.



A veces no me reconozco en el espejo
y me hablo.

lunes, 2 de julio de 2012

Impulsos indomables.

Jane clavó con rabia el marcador entre las páginas, tiró el libro encima del sofá y se levantó con asco.
Sabía que si seguía leyendo acabaría con un mal sabor de boca y de mal humor. No estaba segura si era porque la novela se le hiciera corta, por la angustia de esperar que se retorciera la trama aún más y que su resolución llevara más palabras que los miserables dos capítulos que quedaban o porque sentirse contextualizada en una historia que ya no le pertenecía le estaba costando la cordura.

Pero quién sabe, a lo mejor eso es lo único que le hacía falta para sacar los dientes y atacar a mordiscos a Dave
porque lo echaba mucho de menos, de veras.

lunes, 18 de junio de 2012

La voz de nuestros espectros.

Un espasmo. Convulsión. Mirada en shock. Parece un animalillo herido, preso del pánico.
Me observa desde sus pupilas de espanto, hecha entera en el miedo. Acurrucada entre las mantas, huidiza de la tormenta. Pura soledad esperando a que alguien la rescate.

Yo estoy aquí, pequeña. Ya estoy aquí... No te asustes, no voy a hacerte daño. Déjame que te quiera hoy. Prometo ser una caricia.

Pero antes de ayudarla a escapar de su cárcel de almohadas, llora. Y llora despacio, llora consciente de lo inevitable. No hay odio. Quizá son lágrimas de decepción. Pero, oh, su iris es un río de temor azul. Y se desborda en el delta de sus pestañas.
Sus muñecas heridas, diminutas, se acercan a sus ojos y los ocultan. Siente cómo se avecina el desastre. Y sé que me mira aunque no me esté viendo. Que siente mi rostro frente al suyo, con el aliento y los sollozos mezclándose en el aire que nos separa.

Cariño, no te escondas. Eres preciosa, con ese cuerpecillo de niña que se te deshace entre las sábanas. ¿Por qué no me dejas que te quiera?
-Vete. Vete, por favor -suplica.
Te voy a esperar toda la noche. Ya sabes dónde estoy.

Entonces, me escabullo. Se queda sola. Pero sé que me echa de menos. Porque la cuido aunque me odie, aunque me quiera.
Al poco huye al baño. Los nervios la comen, pero los vomita. Arcadas silenciosas, dolorosas hasta el punto de llevarse su sangre. Llora. Yo la observo sentada en el borde de la bañera. Se me acerca, me mira eterna en el arrepentimiento y me besa con unas lágrimas escarlata en sus labios. La desnudo. Me descubre en cada roce.

Eres mía.
-Eso es algo que ya sabíamos las dos.

La atrapo entre mis brazos y de espaldas caemos. Luchamos bajo el agua; la ahogo, me ahoga.  Nos hacemos el amor. Muerdo cada parte de su cuerpo, las arranco despacio hasta consumirla. Estoy esculpiendo sus costillas. ¿Le sientan bien, no crees? Al igual que esas piernecillas, ¡parece que están a punto de desaparecer!

Espera, silencio, ya está abriendo los ojos...
Me tumbo en la cama, a su lado, y me deslizo por sus caderas. Han pasado más hambre que ayer. ¿Se sentirá bonita ya?

-Anorexia, déjame en paz.

Jo. Se ha despertado y me vuelve a llamar enfermedad.

domingo, 17 de junio de 2012

Delirios enfermos.

Da comienzo el concierto de psicofonías. Filarmonía disonante que se agolpa en nuestras sienes, palpita al punto de la taquicardia y nos susurra, nos calma repitiéndonos que vamos a morir.
Llevas una rosa desvalida en tu solapa y tus labios mutan en el desastre más hermoso que nunca he visto. Acerco mi mano sumida en temblores a tus dedos y a nuestros esqueletos ahora sólo los separa un poco de piel. La fuerza se nos va y se convierte en caricia. Cerramos los ojos y por un momento creemos que ya no estamos deshabitados, que nuestra cárcel de huesos está llena de vida, que tenemos esa magia... Abro despacio los párpados, esperando vernos en presente, y el brillo de vida que acababa de nacer con la esperanza se apaga en lo más recóndito de mis pupilas, convirtiéndose en un almacén de lágrimas. Eternamente, vamos acercando nuestras almas flacas, nuestras sonrisas abatidas por el dolor. Siempre, despacio. Nos ataca el llanto en el abrazo, nos escondemos el uno en el otro y se nos rompen las rodillas. Reímos de daño palpando nuestras pieles pálidas en el suelo, con las piernas inútiles escondidas bajo mi vestido blanco y la muerte subiendo por nuestros tobillos.
Decaen los efectos del éxtasis, de mirarte, y siento el piano. Muy lejano, casi silencioso, imperceptible. Tú también lo escuchas. Volvemos a sonreír con los labios en sequía.
-¿Me permites? -adivinas.
-Oh, ¿me invitas a bailar La valse des monstres?

Y nuestros fantasmas nos observan con envidia al levantarnos para ganarle unos segundos al tiempo antes de desfallecer en nuestra cama de ilusiones averiadas.

sábado, 9 de junio de 2012

Preludio un nunca.

"Ella es esa chica que te sonríe en la biblioteca con una terrible ternura y vuelve tímida a sus libros, que hablan de nostalgia y de amores silenciosos"
-... ¿Y qué, Connor? -le escupe.
Se sumerge en el diccionario y elige algunas palabras, pasa las páginas, lo engulle una calma ficticia y responde con la mirada clavada en la suya:
-Que me comen los celos.

martes, 29 de mayo de 2012

El juego de nunca acabar, de tratar de empezar, de esconder la verdad.

Tu angustia.
Es una espina ensartada en los límites del músculo de la vida. No respires, no hables, no sientas. No lo hagas porque vas a estallar. Vas a estallar bañada de carmín y dolor, como recién nacida vas a llegar a la muerte.
No lo intentes, no lo intentes porque estás condenada a la fragilidad, a que todo se destruya y hacer de tu vida un caos. Eris ha plantado en ti sus semillas. 
Pero no llores, niña, no llores. Eres diversión de dioses; tú, tan mortal, tan insignificante y tan esclava de la felicidad. Oh, niña, no llores.
Que las musas se esconden porque las intimidas, y aún más es el miedo que tienen a ser castigadas por Eros. Eros, que te araña por placer y encuentra la sensualidad en tus venas; Eros, siempre jugando con tu cuerpo en los espejos.

¿Es que ya no lo sientes?
No importa que no te acuerdes, que caigas inconsciente, que te ataque la muerte: tus demonios siempre vuelven. Pero no te vayas, niña, no te vayas. No escapes, no, que tu vida es ésta. Con nosotros. Olvídate de tu sangre y de tus lazos. Nos gustas siendo tú, indefensa y humana, perdida, abandonada. ¿Cambiarlo? No lo intentes, no lo intentes porque estás condenada a que todo se arruine; incluso tú misma: no te reanimes. Pero no llores, niña, no llores.
Oh, no llores...


May day!

Sois la mejor razón para una entrada trescientas como esta
porque, os hagáis famosas o no, habéis triunfado en un lugar que no
todo el mundo alcanza:

en mi corazón.


Os quiero, pequeñas<3
(sois las mejores)


miércoles, 16 de mayo de 2012

Eres canciones de ausencia.

Zenobia, aunque ella es pequeñita, se prolonga en mi recuerdo como eterno pálpito de reloj.
Ella es la magia del arte, que nunca se destruye, y es la magia de lo efímero. Es etérea, una ilusión que vaga en la vanguardia del encanto y me roba la inspiración y la vida. Ella es la que infecta los resquicios de mi alma y no deja más aire que el que me brindan sus suspiros. Es la música en las palabras y la danza en su figura de mujer. Ella, la que me ahoga en sus sonrisas y me quita las ganas de morir. Es la perfidia, la lujuria y el más inmenso cariño. En sus encaracolados y dorados rizos que ocultan los besos y el amor, es una auténtica Venus. Es la noche y el mar, quietos callados y armónicos, inundando sus pupilas de soledad y nostalgia marinera. Es discordia en quien la contempla, casi una sirena a la que se condenó a una vida de tierra, a confundirse con el resto de etnias que no tienen su brillo impoluto de pureza ni la melodía de las olas en su voz. 

Pero Zenobia ya escapó de la capital, de la humanidad,
y yo la sigo buscando entre la gente.

jueves, 10 de mayo de 2012

Nosotros somos soledad y olvido.

Nos creamos en las desilusiones, en los pequeños fracasos. Sin embargo, la decepción consiguió atacar nuestros podridos cuerpos y la muerte nos sobrevino despiertos y desnudos.

En aquel entonces, te echaba de menos a cada rato y me tiraba al suelo para tener una excusa de las que usaba con fin de verte. Me encantaba entrar sigilosa por la puerta y encontrarte con el alma puesta en alguna novela buena, observarte en la eternidad del silencio del parqué sin que te dieras cuenta.
A veces te inquietabas cuando sentías mi presencia, parpadeabas un poco y me mirabas desconcertado. Te escapabas y venías a hacerme cosquillas en tus brazos. Entre risas, me escondía en tu cuello, fantaseaba con tu perfume y marcaba tu camisa con un poco de amor. De forma insólita, llegaba a besar tu clavícula antes de que me tumbaras en tu cama y me quedara desconsolada esperando a que me hicieras el amor cada vez que tus manos rozaban mis piernas con una ternura sobrecogedora. Yo intentaba ponerte ojitos para robarte un poco más el corazón y cerraba mis puños para aguantarme las ganas de quererte, aunque nunca funcionara tan bien como me imaginaba.
Luego me mirabas complacido, acababa con mis labios en tu mejilla (aunque esperaba que me brindaras los tuyos), me cogías de la mano y yo huía de tus encantos para llorar en mi cuarto.

Después de todo, yo sólo era una niña, y tú...

domingo, 6 de mayo de 2012

Viernes trece.

Y nos abrazamos eternamente. En el silencio, en la inquietud que me habita, en la soledad que existe en los cuerpos más próximos que se desvincularon de los hechos que formaron verbos con nosotros. Ya no hay refugio en tu cuello, ni valentía en mis labios, ni complicidad, pero nos abrazamos eternamente.
Habíamos aprendido a dolernos sin llegar a matarnos, a jugar con el miedo y a torturarnos en prueba de amor.
Y pese a todo, no fue suficiente. Aunque nos abracemos eternamente, aunque el cariño se nos escape por los poros y se confunda piel con piel.

Abro los ojos y ahí estás, con tus caricias de brisa por mi cuello y tu aliento sobre mis labios. Aléjate... Aléjate porque si me besas ahora te querré para siempre.

Sin embargo, no sé cómo hemos acabado con lágrimas en los ojos, 
amándonos odiándonos otra vez.

Parálisis.


Dos marcas de carmín eran, en su mejilla, maquillaje de guerra que mataba la inocencia de sus pecas, el único color que quedaba en los restos de su mortecina piel. Pero solo eran eso, dos retazos escarlata en un intento de caricia con los labios, aunque Rachel sabía que escondían mucho (dolor) más.

Amargo, incómodo, descolorido. El adiós clavado en las cuerdas vocales de su voz no quiso escapar al aire y quedó anclado como un peso desmedido en el fondo de su alma, asfixiando la boca donde se leían vagamente las sílabas de la despedida. Y cientos de intenciones, de te quiero y de abrazos subían estrepitosamente desde su corazón hasta sus ojos, donde morían ahogados y se disolvían en alguna lágrima que borraría sus dos marcas de carmín.

sábado, 28 de abril de 2012

Nosotros de un solo tú.

Nos pudrimos en la miseria en la que nos dejó el odio. Y aunque decíamos de estar vivos, hacía ya muchos versos de nuestra muerte.

En aquel entonces, tenías las rodillas maltratadas y la piel porcelana. Yo te hacía el amor con los ojos, que te devoraban en una carrera por tus medias y se perdían por el vuelto de tu falda. En éxtasis, te miraba los labios rojos y me abandonaba a tu sonrisa de inocente tristeza y, tras unos segundos, corría a rescatarte. En volandas te subía hasta mi cuarto y me dedicaba a curar tus heridas con un infinito cariño que me torturaba cuando te veía morderte la boca de escozor. Agridulce sentimiento en la emoción de saber dilatar el tiempo por puro egoísmo para verte tan indefensa sobre la cama mientras te birlaba las sedas, aprovechando para acariciarte, y en el desconsuelo que me rompía verte tan dolorida, agarrándote las mangas bien fuerte para no quejarte mientras te lavaba los arañazos. 
Luego, me besabas la mejilla y saltabas veloz, yo te cogía suavemente de la mano, me mirabas y te escapabas escaleras abajo.

Después de todo, tú eras una niña y yo... ¿quién era yo?

lunes, 23 de abril de 2012

Tu L de labios, de latir, de lengua, de libertad, de lírica, de lucha, de luciérnaga, de lazos, de lealtad, de luz, de lluvia;  de lágrimas, de languidecer,  de Lucifer, de letal, de lujuria, de ladrona, de lesbiana, de lagunas, de locura, de lamento. De lluvia.

Y así me gustas, con tu peculiar sabor a licor (felicidad y carencias).

sábado, 21 de abril de 2012

La vida es magia y truco.

Cae el telón.
Suspiro un diminuto soplo de alivio y, como por arte de hechizo, desapareces.
Me desconcierta.
Y te imploro que no te escondas con la sutileza de un reprimido sentimiento de desesperación.
Aparece tu reflejo en un cristal y me extasio. Sonríes divertida cuando me ves acercarme y te ausentas a la velocidad de un efímero destello. Me pierdo en este laberinto de espejos; te encuentro en todas partes y no te encuentras, esencia de fantasma.
Giro y mi miedo ya no se deposita como vaho en los cristales: estás ahí, con tus labios carmesí robándome el aire y tu diminuta nariz de inocente pidiendo a gritos seguir jugando. Son tus manos las que buscan un camino hasta mi piel, me acaricias, me conquistas y cuando te pruebo, no eres tú. Poseída de lujuria, sin amor ni tacto; infectada de compasión por los recuerdos. Me envenenas, los pulmones se me encogen y solo entonces te alejas y me devuelves la vida en amargo regusto a despedida. Aunque tú sigues tan jovial, tan radiante que no me importaría morir de ti.

miércoles, 18 de abril de 2012

Barco sin naufragio y sin estrella.

Dime qué norte le pongo a mi vida si la noche de sus ojos se ha nublado, si no puedo descifrar ni un brillo en su mirada, si no hay remolino en sus rizos ni tormenta en sus palabras. Si los truenos no reverberan malsonantes en su boca y la electricidad se ha apagado en la forma de tocarnos, si la niebla no nos deja ver la mentira ni el camino.

Poseidón se ha enfadado conmigo por robarle a una de sus nereidas encantadas. Pero que la mire, ¡que la mire y cese de reprocharme, de castigarme, que su pupila ya no es mía!
Que nos mire y nos descubra tan anclados; ella, tan perdida, y yo, abandonado a la deriva, condenado a encontrar sirenas. Yo, que no pretendo buscar más que el mero consuelo de su voz.

domingo, 15 de abril de 2012

Mis ánimos se han fugado con mis ganas de escribir.
Así que se lo he dejado a los detectives privados y ya veremos como transcurre la situación.

Lo siento.

sábado, 14 de abril de 2012

Se asomaron dos lagrimitas por tus ojos y tú, 
tan pequeñita, me rompiste el corazón.

sábado, 31 de marzo de 2012

Pesadillas (II).

Impasible te veo caer. Te sumerges. Sumisa. Desequilibrada. Cristalizada.
Aunque siento que yo ya he huido contigo, en paralelo a tu descenso, y danzamos en círculos, entre burbujas, hacia el fondo.
Respiro sin aire. El agua entra y sale de los pulmones. Creo que me ahogo. Pero sigo tan vivo que me estremece verte con esa mueca macabra de euforia y dolor.
Intento tocarte. Me diriges la mirada, complacida. Alargas tus delgados dedos en la tranquilidad del agua sin llegar a rozarme y me abalanzo a rescatarte. Imperioso. Impulsivo. Apasionado.
Me acerco y te atravieso. Sigues cayendo. Rígida, satisfecha, perdida, plomiza.
Tu cuerpo se desata de tu juego y sales hecha de vapor en la última boqueada que pudo realizar. Agónico, manipulado, maltratado.
Tu fantasma se me acerca, me provoca, me tienta. Me arrastra hasta lo más profundo de la oscuridad. Tú, una sombra blanca desdibujada y yo, todavía prendido del miedo y la locura, de la impotencia y de la soledad. Y cuando presiento que ya no puedo más, escucho tu voz, te haces aire dentro de mí y vuelvo a la superficie en menos de un segundo.
Se ha quedado mi cuerpo en tierra, mi vida contigo y tú estás muerta.

Sacudo la cabeza, miro al frente y ahí te encuentras, hecha humana. Pequeña. Dulce. Sonriente. Me miras con delicadeza, casi acariciándome. Y con soltura, me hablas.
Terciopelo. Tu mirada y tu voz.
-¿Vienes a bañarte conmigo?

martes, 20 de marzo de 2012

Pesadillas.

Escarcha. Escarcha de noviembre en la orilla, mezclada entre la hierba de un verde primavera y alguna que otra flor a punto de morir. Indefensa. Diminuta. Cristalizada.
Nuestros pasos crujen y el aire frío nos sienta bien. Huyes. El rítmico compás del congelado rocío se apresura. Corres. Te ahogas, la brisa glacial te quema por dentro. Aceleras. Y le haces un guiño a la muerte. Frenas, al final del olvidado muelle de tablas de carcomida madera, con las punteras a punto de perder el equilibrio y perturbar el estanque; frenas. En seco, rígida, espantada, perdida, plomiza. A juego con nuestra tarde.
Y yo te observo. Ralentizo mi caminar para disfrutarte un poco más. Indefensa. Diminuta. Cristalizada.
Con tus piernecillas blanquecinas asomando bajo el vestido, con las rodillas magulladas, con noviembre castigándote la piel. 
Y al final, tus botas. Y al final, tus labios.
Ambos, desencajados, desproporcionados, descuidados. Ya no te llevan a ninguna parte.
Y en el desenlace, tus ojos. Perdidos. Grises. Destrozados. Escondiéndose entre tu pelo desaliñado.
Mis pisadas dejan su rumor de verde y vibran las tablas. Una, otra, una y otra vez. Te acaricio la espalda en el aire y me decido por la figura de tus hombros. Amoratados. Esqueléticos. Enfermizos. Te giras entre mis brazos. Tus talones toman el relevo y se quedan tentando a la suerte. Bailando sobre el filo. Oscilantes. Inocentes. Acompañando un imperceptible movimiento, amago de sonrisa, de brillo en tu mirada. Me robas el alma.

Te acercas a mis labios. Suspiras. Respiro tu aliento. Y como si la gravedad requiriera tu presencia, te dejas caer hecha de plomo. Y desapareces en el agua de la laguna estigia de mis lágrimas.

domingo, 18 de marzo de 2012

"Que estoy hecha de algún polvo y sé que al polvo he de volver.
         Pero nunca tengo claro si era mágico, estelar o suciedad.
    Aunque pensándolo bien, son las tres formas de mi trinidad"



(sin embargo, tendemos a querer cubrirlo todo de pasado, soledad y abandono, nos olvidamos de lo diminuto y especial de la magia y nos sentimos perdidos entre tanta estrella)

sábado, 10 de marzo de 2012

Afrodita y el esclavo.

Tú, Afrodita entre los mortales, desorientada, fulminante, diosa de los susurros y la pasión.
Y mi sonrisa, una palabra perdida de servicio. Lealtad legítima a tus ojos, a tu forma de perderte en la ciudad y a tu indecisión.

Pero a trocitos, parpadeas y te escondes, me apago con el intimismo de tus pestañas y me matas despacio.

Me engañas, me desquicias y me engatusas otra vez cuando vuelves a buscarme. Me seduces a lo terrible de protegerte y te siento fiera entre mis brazos, me desgarras el alma, me acorralas, me quitas la razón y me vuelvo esclavo ante tu infranqueable corazón.

Pero no dejo de tenerte miedo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Donde yacía su sentencia con una cruz.

El invierno invadía todos los rincones de la ciudad y de sus huesos.
Había algo de escarcha en la cuneta de la carretera y la humedad le concedía un verde y místico velo a las hojas lacias de los retorcidos árboles.
Sonó el chirrido leve de la cancela negra y atravesó la puerta. Se encaminó entre las tumbas, ágil y respetuoso, hasta llegar donde pretendía. Se sentó cruzando las piernas -apoyándose en la lápida-, sacó un libro y se puso a leer justo después de retirar el marcador.
Así pasaron cuarenta y cinco minutos, tres capítulos, antes de que ya no pudiera pasar las páginas a causa de la rigidez de sus dedos helados y casi se condensara su aliento en el aire. Volvió a pasar la cinta roja y cerró con calma las tapas. Se levantó, tiró una rosa, un recuerdo y un adiós sin mediar palabra alguna y abandonó el cementerio.


Volvió rápidamente a su casa, se encerró en su habitación -lo más cerca que pudo de la calefacción-, se fumó un cigarro acompañando un Earl Grey y condenó al resto del día a dormitar y pensar que la muerte no era tan mala opción.

sábado, 11 de febrero de 2012

Robándote un San Valentín de domingos con rosas.

Tú y tu sonrisa de plata sois la infinita paz de mis noches cuando mis miradas indiscretas se cuelan por tus pupilas y le hacen cosquillas a tus labios; invocas a Afrodita en un gesto inocente; me escondes los ojos. Y me aprendo las curvas de tu nariz, descubro las pequeñas pequitas que se esconden entre los vergonzosos mechones rubios que se escapan al valor y pretenden hacer de velo para ocultarte. Entonces, los descorro detrás de tus orejas, te repito en un susurro lo mucho que te quiero y descubro un suspiro arremolinándose en el hueco de tu clavícula izquierda:
-Tonto.

Me hace cosquillas en los labios, me sonrío y cierro los ojos. Te beso, te recoges en mi cuello, me robas la razón un poco más y, contrariamente, me devuelves la armonía que había decidido rehuírme por un momento. Tú, mi musa, tan pequeñita, radiante, tranquila y etérea; la musa de ese abstracto sentimiento que  nace en tus pestañas, explosiona en un parpadeo y me envuelve en éxtasis. Tú, la infinita paz de mis noches.

Gracias por detener el tiempo
(y hacer eternos nuestros once minutos)

sábado, 4 de febrero de 2012

El silencio de los amantes.

El silencio os enseñó a no oír, a ignorar los gritos, las verdades y las mentiras, los buenos días, los cumplidos, los sobornos.
Ahuecó vuestro daño para que las pesadillas pudieran dormir bien y arropara sus ojos grises en la imposibilidad de no saber describir la tormenta y tú, tú seguiste en la niebla de los tuyos, con tus cenizas a medio morir ahogadas dentro de los vasos rellenos de alcohol y lágrimas sin derramar que era tu iris gris, siempre condenado a resbalar por dentro de tu alma.
El silencio os instruyó en la indiferencia, en las caricias sin tacto, en las bofetadas sin remordimiento y en las palizas por placer, en el morbo del dolor, en el erotismo de la sangre.
Las tardes tomando té sabían a muerte, callada y letal; crucificó los te quiero y las escapadas al cine. Lo invadió todo, hizo de la vida un rastro de polvo, experiencias volátiles y enfermas que vagaban en los recovecos de vuestras arterias como un coágulo de veneno.

Y es que el silencio mató el amor. El secreto os mató a los dos.

sábado, 28 de enero de 2012

Mis demonios han venido a pactar conmigo el pecado.

Me han concedido un harén del paraíso arábigo sabor a miel en boca de la lujuria, condenándome a sufrir el infierno de la pasión en el corazón, el punto medio en el que no es amor ni deja de serlo, de donde ha huido la indiferencia. Un estado emocional en el que no liberas ni recibes, energía estática que no se conduce en caricias ni en puñetazos.
Estática como mi mirada.
Estática como tu sonrisa.
Inocua como las despedidas.
Etérea como la muerte.

viernes, 27 de enero de 2012

Sus domingos desérticos.

Le gustaba sentarse en las escaleras de la entrada a mirar pasar a la gente corriente pasar. Ver sus vicios, tics y manías, las muecas que tenían por sonrisas y encontrar, en el aliento que salía de sus labios, sus fantasmas; sus miedos, sus angustias y la desesperación, su hipocresía o sus ganas de escapar volátil en alguna nube de vapor... el asco.

Sabía encontrar el veneno de sus sus entrañas, venenos corrosivos para el corazón que intentan diluirse con lágrimas o descomponerse con narcóticos a modo de pseudo-catalizadores para acelerar el proceso de decadencia.

Pero de vez en cuando encontraba una pizca de dulzura y, con suerte, descubría una mirada llena de brillo (por algo muy lejano a la tristeza y totalmente indescifrable para sus teñidas pupilas del negro desengaño de su corazón) que se posaba en sus ojos...
Y la vida se le hacía menos perra.

martes, 24 de enero de 2012

Vacaciones en la Grecia de un Karpatos desconocido.

La brisa desperezaba sus desparramados rizos de proporción áurea. Oscurecía en sus pupilas y brillaba un sol de medio día en el resto de la ciudad.
Había abierto los postigos del balcón y, apoyado en la negra barandilla de metal, él observaba sonriendo cómo se debatía entre estiramientos y modorra, como un gatito, entre las sábanas.
Una vez nacida la brillante noche de sus ojos, buscó la mirada parda del muchacho y tras hacerlo, volvió a acurrucarse y a bailar con Morfeo al compás de su respiración.
Él inspiró fuertemente la sal del Mediterráneo y entornó las cortinas para mitigar la intensa luz de la habitación antes de volver a entrar a buscar su suerte en la constelación Escorpio de las salpicadas y oscuras motitas de su espalda y a pasear sus dedos por las estrellas que vagaban en su impoluto firmamento hasta encontrar la electricidad -en un estremecimiento de su columna- que encendería un par de parpadeos espontáneos en sus remolonas pestañas.
Suave, desde su elegante cuello, ella dio un giro que dedicó a regalarle un diminuto y delicado beso de sus labios rosas y él abrió los ojos al mismo ritmo que se le evaporaban la imaginación y el perfume que, por un momento, soñó tener impregnado en sus sábanas.
-Mierda.

domingo, 22 de enero de 2012

Fraternidad inoportuna.

La muerte era lo más parecido a la indiferencia de su expresión. Apática y sin gracia, en una mueca que rozaba el desencanto (o el dolor), se mostraba su sonrisa de asco mientras -todavía en silencio- le ofrecía un cigarro a la par que empezaba a sujetar otro entre los labios.
Y allí estaba él, fumándose únicamente el vapor de su aliento y si me apuras a decir, el alma, con las manos en los bolsillos y el abrigo hasta el cuello, temblando de miedo y de frío por la idea de perderla esa tarde de invierno en la estación.

domingo, 15 de enero de 2012

So dry (II).

¿Dónde se esconde hoy tu fantasma?
¿No se cuela en mis suspiros?
¿No se atreve a castigar mi alma?
Solo me acompañan tus huesos,
hechos cenizas -muertos-,
nuestros perpetuos recuerdos,
esperando que se los lleve el viento.

viernes, 13 de enero de 2012

Dioses del minimalismo.

Sus vestidos de fiesta se redujeron a la mínima expresión. Ya no eran ni el esqueje que hubiera descrito el diseñador como primera intención de definirlos. Allí, los bocetos de Klimt mezclados con las sábanas posando para El beso, revueltos en melancolía y un "ya no sabe a lo mismo" para apagar el dorado del brillante color que tenía el pintor en mente.
Así que la almohada se impregnó de lágrimas y no de sudor, el hueco de los besos lo aprovecharon los suspiros y el adiós de las miradas cohibió al deseo.
Llegó la mañana siguiente, un abrazo que vino a llenar de desilusión las maletas y un "hasta siempre".

No hubo dolor. Ni resentimiento, ni odio, ni gritos de rabia. Quedó la nostalgia de lo que fue y, simplemente, el amor se esfumó.

domingo, 1 de enero de 2012

Y Vicky tan sola.

-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"
-Boom
"Ella"

Y es que en esas doce campanadas, no pensaba en otra cosa; no quería ni pedía nada más con cada uva.