domingo, 4 de diciembre de 2011

Su secreto.

Marina pasaba por el mundo sin abrir los ojos. Caminaba por inercia, como noctámbula de pesadillas. No quería ver nada de lo que concernía al resto de la Humanidad y se encerraba en las historias imaginadas de todos los libros de aventuras, sin querer convertirse en alguno de los personajes de fantasía y, así, evitarse el emocionarse que su corazón bailara conmovido -o que simplemente viviera- al son de las palabras.
Pero todos sabíamos que, simplemente, quería engañarse.

Sin embargo, a veces, cuando paseaba por el espolón y las piedras le olían a musgo salado por la marea baja, le tentaba inhalar bien fuerte. Sentir el frío comiéndose su porcelánica piel, sus fosas nasales y las yemas de sus dedos que, como un respiro de muerte, la dejaba desconcertada tras un escalofrío. La consumía el miedo. Pero le provocaba ponerse al ras de las rocas negras y contar las gotitas de espuma que acertaban en las partes descubiertas de su cuerpo como lunares de mar. Y así afloraba una pizca de la osadía que solía esconderse en los remolinos de su pelo. Entonces, se lanzaba a pestañear; aunque supiera lo que pasaría, aunque no le hiciera falta mirar.
Y lloraba.

Pero no lloraba por su propia pena, ni su dolor, ni su angustia. Ni por sus miedos ni agonías, ni por sus inquietudes ni aspiraciones. Marina lloraba de envidia.

2 comentarios:

  1. Precioso texto, me ha impactado, tienes una nueva seguidora(; pasa por mi blog si quieres http://i-am-living-in-a-fantasy.blogspot.com/

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