lunes, 26 de diciembre de 2011

Nacida de Zeus y tan humana...

Zenobia parece intocable, prohibida. Pero en realidad, es tan pequeñita que logra que te compadezcas y la abraces para darle un poco de calor.
Su problema es que consigue que quieran aferrarse a ella tan fuerte, tan fuerte que se le rompen los frágiles huesos y se queda rota.
Ahora, blanca y enana como una estrella, quema si la tocas. Y es que su corazón es demasiado para nosotros. ¡Debe sentirse tan sola y perdida en medio de tanto vacío! Los intentos de emprender un viaje con mi nave espacial por el universo que falta para llegar a sus secretos y rescatarla han estado abocados al fracaso. ¡Tantas veces me he distraído por el camino! Mira que tenía claras las coordenadas, pero es que algunas turbulencias me han deparado en un bucle de besos galácticos y me he apartado de mi destino tontamente.
Pero, por Zenobia, estoy dispuesto a prenderme en la tristeza que se derrama por la superficie de su cuerpo y a consumirme con su fuego, porque este astronauta con escafandra de pecera ya ha encontrado en ella su estrella.

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