miércoles, 28 de diciembre de 2011

El crepúsculo de sus ojos.

Su espalda pecosa infectada de noche es ilegible; y es que con la vista humana no se aprecian los sueños que están enterrados en sus poros, rebosando magia. Mas nosotros, simples mortales y ciegos de amor, tendemos a querer leer el braille de sus lunares cuando lo que parece indescifrable es su mirada, que con tantos destellos ya no sabes cuál de ellos es la Estrella Polar y pierdes el norte.
¿Pero qué más dará el norte cuando tus dedos alunizan en su piel y miras impasible, como si fuera otro atardecer, cómo se encuentran despacio sus párpados? Los besos que se dan sus pestañas son mucho más bonitos, porque te lanzan -con la brisa que despega volando con su sueño- su vulnerabilidad. Y es que así, tan pequeñita, da miedo moverse y despertarla sin querer, rompiéndose el hechizo y robándote la oportunidad sentir que la protegías con solo mirarla y que guardabas su íntima forma de respirar en tus callados latidos.

1 comentario:

  1. Tus`palabras son latidos... esa forma de escribir es el destello con el que a veces me alumbras.

    Saludos almendrados ;)

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