domingo, 27 de noviembre de 2011

Nacían las mañanas soleadas y Abril.

Tenía el mundo (reflejado, caminado y bailado) en sus zapatos de charol.
Así que se los calzó, muy orgullosa de su brillo, y se fue a pasear el frío que menguaba al ritmo al que se abrían las flores en las calles adoquinadas de la ciudad con todas las experiencias adheridas en las suelas y twist atado fuertemente a sus cordones.

Que Olivia, como Neruda, quería hacer de la vida lo que lo que la primavera con los cerezos y, por un momento, el Sol pareció más apagado que sus sonrisas y su esperanza color Bécquer de las mejillas mientras chasqueaba -animada- el pulso de alguna canción de rock and roll.

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