miércoles, 30 de noviembre de 2011

Reminiscencias supervivientes.

La vieja polaroid de su abuelo descansaba sobre la repisa de roble junto a algún libro de Noah Gordon, una brújula perdida y un barco embotellado.

Había sido una tarde intensa en las calles de Oslo y se merecía una tregua. Era agotador para una máquina de su edad inmortalizar el inmenso verde de los jardines de la universidad con un tono desgastado tan particular que hacía incluso más apetecible de lo que ya era una tarde de frío y abrigos bonitos bajo los cielos grises de la capital.
Y, para Brielle, habían sido unas cortas horas, pero de lo más intensas. Casi, podríamos decir que no tenía tiempo para respirar entre enfoque y disparo y la siguiente toma para aventajarse a la caída del sol. Pero así pudo darse el gusto de aprovechar un pequeño y tranquilo paseo de camino al hotel, sin centrarse más que los pájaros -que chillaban peleando por volar cinco minutitos más antes de dormir en las copas de los árboles- y el ajetreo de la gente para llegar a cenar a tiempo.

Así que terminó de tender las nuevas adquisiciones en la cuerdecilla "14 de mayo" y bajó a la cafetería a tomarse el chocolate más caliente que podría soportar su lengua para llegar a la cama con el estómago bien reconfortado donde acurrucar sus sueños para que no temblaran de odio como las mariposas carnívoras de sus pesadillas.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Pero no tiene miedo a la soledad que deja el olvido.

Cuando al pasado y al futuro se los sentencia a la pena de muerte y pasean de la mano por el pasillo de los condenados a morir juntos para no reencontrarse nunca más. Cuando el tribunal, presidido por Corazón, observa la cuestión, palpitante; cuando observa cómo asesesinan los deseos y la memoria, las expectativas, los recuerdos de Cerebro y se queda tan sola la pobre de Razón.

Y no se puede hacer más que recomenzar.
Sin cargas, ni derrotas,
ni victorias.

Renacimiento.

Nacían las mañanas soleadas y Abril.

Tenía el mundo (reflejado, caminado y bailado) en sus zapatos de charol.
Así que se los calzó, muy orgullosa de su brillo, y se fue a pasear el frío que menguaba al ritmo al que se abrían las flores en las calles adoquinadas de la ciudad con todas las experiencias adheridas en las suelas y twist atado fuertemente a sus cordones.

Que Olivia, como Neruda, quería hacer de la vida lo que lo que la primavera con los cerezos y, por un momento, el Sol pareció más apagado que sus sonrisas y su esperanza color Bécquer de las mejillas mientras chasqueaba -animada- el pulso de alguna canción de rock and roll.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Mentiras desabridas.

No follaban, bailaban.
Y las sábanas hacían de trajes ceñidos perfectamente a los recovecos de sus cuerpos. Disfrutando del tango más salvaje y desbocado, provocándose a un mismo compás de besos, recuperando el aire en los silencios, entonando una polifonía de "te quieros" y caricias, afinando gemidos armónicos en clave de placer; allí, donde soñaron con pasear en la gala de la hora bruja los brillos de plata de las estrellas y convertir sus ojos en dos pozos de noche de los que recoger, tirando de una sonrisapolvo de los comentas a los que pidieron deseos.
Pero, en realidad, no bailaban. Solo era sexo de adolescentes en arte.

martes, 22 de noviembre de 2011

El cementerio de los violines.

   Stradivari condenó mi madera a pasar, codiciado, de mano en mano bajos sucios fajos de billetes; que no se invierten por... ¿amor al arte?, sino de puro morbo por conseguir lo prohibido.
   Stradivari condenó mi madera a la soledad, a no sentir el paso de las estaciones en una cárcel de temperatura perfecta que me resulta claustrofóbica; que no hay dedos que acaricien mis cuerdas con fin de entonar una canción ni ojos que lloren de emoción al escuchar mi sonido en el corazón de un artista amante de la música y el pizzicato.
   Stradivari condenó mi madera y sus cerdas a la incomunicación, a un letargo de silencioso abandono exento de bailes eternos en aquellos clasicistas conciertos o sinfonías para dos en los que fluíamos enamorados; ahora estamos separados para siempre, incluso en las clandestinas transacciones en las que somos negociados permanecemos en cada lado del estuche, sin siquiera rozarnos en una melodiosa caricia, sentenciados a observarnos sin filarmonía en sigilo.

   Oh, Antonio...  estabas tan absorto en nosotros, tu creación, aquella engendrada de tus manos sublimes de luthier, que te olvidaste de lo que pasaba en el resto de Italia, la revolución de tus "iguales" ¿verdad?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Ella es una chica de lluvia,

Pero sólo en invierno, cuando se condensa el calor que se le evapora de su corazón verano y las lágrimas se precipitan sobre las aceras calladas hasta conseguir un ambiente casi brumoso a su vista de navegante de los mares del norte a los que no quise acompañarla en su viaje, por miedo... a que naufragásemos los dos.
Y acabamos perdiéndonos igual.
Ella en la niebla de su soledad fría y yo en la oscuridad en la que se sumía la ciudad (y, sobre todo, mi habitación) sin ella.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Marina.

Cuando la conocí, un verano de no hace mucho, sus caracoles negros amenazaban con perderme en sus infinitas y laberínticas ondas.
Había pensado que podría hacerla feliz. Lo había pensado, pero no actué nunca.
Me arrepiento de haberme escondido en las horas y haber roto los relojes cuando aparecía con semblante frío e indiferente por la plaza, llenándome de miedo con sus tan muertos labios que antes desataban las hormonas de cualquiera al hacer cualquier guiño inocente.
Pero es que si hubierais conocido sus sonrisas, lo entenderíais. Las necesitaríais más respirar, de una manera irracional.

Y ella... oh, Dios. Ella seguiría perdida entre las mareas de sus irises verdes y el brillo de las lágrimas saladas, que a la más mínima brisa, le salpican las mejillas en la orilla de sus pecas arena. Ella nunca se ha dado cuenta y tampoco he procurado gritárselo desde los abismales acantilados que hay entre su corazón y el mío, pero no se ha percatado de mis turnos en el faro que pretendía iluminar sus pasos cuando la negrura consume la belleza de sus perlas, custodiadas por la tristeza que resuena como un eco en las cuevas vacías de su alma, como las gotas que se precipitan en las lagunas de su pasado y recrean sus callados lloros secretos.

Y yo, pirata maldecido, he encauzado a la deriva una botella de ron en la que se están escapando mis sentimientos a toda vela. Con capitán de las distancias y de los no-retornos, y espero que con manos de suerte, dirija el timón hacia una tormenta en acto suicida y destroce su cristalino navío, ahogando todas las cartas que nunca le envié y clavando las esquirlas en las profundidades del mar; en los campos de coral, en los tesoros perdidos y en los barcos hundidos. Allí donde no alcanzan sus suspiros (que son mi aire) y, yo, muero. 

A no ser que oiga en mis gritos un canto de sirena
y la seduzca a venir a rescatarme.

sábado, 12 de noviembre de 2011

¿Vie(r)nes conmigo?

En los lugares más recónditos, infestados de los silencios más eternos y las caricias más sinceras, donde descansan los recuerdos de aquellas tardes compartidas. Allí,
La noche me pesa en los párpados por las horas que he disfrutado en la penumbra de tus besos este frío noviembre. Han agotado mis fuerzas, pero no mis ganas (de ti).
Así que solo me queda decirte buenas noches,
aunque espero que mañana sigas aquí.
Te quiero lo indecible.

Mis rejas y ligueros a cambio de tu alma.

Un crimen recreado en los cincuenta que casi apesta a cloroformo, a cuartos oscuros y luces desnudas, a sogas y a sillas de madera, a miedo. A secretos y a mentiras. A promesas y a revólveres. A miradas cargadas de desesperación y de cólera, a sobornos y a dólares sucios.

O simplemente, se parece a una escapada al motel más mugriento que encontramos y el olor que se respiraba en la habitación, junto a tu ropa perfume de whisky y las palizas que me dabas, los arrepentimientos de después -que además se leían en tus pestañas-, el dinero que intentaba robar de lo poco que quedaba en tu cartera, mis negativas, tus amenazas y, finalmente, mi perdón de idiota.


Pero no tendría que haberte matado.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Escucha,

Voy a regalarte mis silencios hasta que la muerte calle mis miradas.
Pero espero que aún sigas oyéndome donde siempre me refugiaba, latiendo en tu pecho, oculta entre sístoles y diástoles entrenadas en la más armoniosa de las arritmias.

No dejes que me esconda mucho.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Leyendo un guión equivocado

o no tanto.
Aquellos que fueron sus planes
Lo que pensaba Connor antes de decidirse a hacerla cambiar de opinión

-No puedo vivir sin ti. Necesito de que vuelvas, de que me acaricies y me quieras como cuando nos conocimos; que otra vez notes algo especial en mí que te haga enamorarte perdidamente y olvidar todo lo que pudo haber pasado antes; que me mires a los ojos llena de miedo y me hagas sentir la necesidad de protegerte con mi vida hasta la muerte si no quisieras conjugar un último de esos tan nuestros para salvarnos.
>>No sé si entenderás esta agonía que se me retuerce como a un paso de la catástrofe y de la más dolorosa de las muertes, pero ahora soy yo el que se cuestiona "¿y si tú tampoco pudieras vivir sin mí?"
-Tendré que cumplir yo los subjuntivos por esta vez, ¿no?

Y lo besó.

martes, 1 de noviembre de 2011

Un cementerio de arte

En el que las lápidas son cuadros de un imitador dieciochesco de Goya que cuentan los versos de algún poeta romántico entre las más macabras melodías. Allí donde el amor más apasionado es frío y siniestro hasta el punto de conquistar corazones con su crudeza de fantasía, con la que podríamos rescatar cuerpos inertes de sus tumbas por puro erotismo indecente de un arrebato delirante en un frenesí de entusiasmo.

Bienvenidos al mundo de los dioses enfermos de las Letras más remotas, condenadas al olvido, a llevar sus almas al inframundo de la pasión.

La arquitectura de tus huesos.

En Barcelona, el gótico no es tan agudo como las espinas que en mi corazón claman tu ausencia.
Y Gaudí ha decepcionado a mi intención de explicar tus curvas imposibles.

Así que mejor será escaparnos a tu cuerpo.
Me gustaría sonreírte una vez más para hacer el momento algo menos irresistible al olvido y que pudiera quedarse guardado en los desvanes de tu corazón a la espera de que lo buscaras entre los álbumes de fotos en una fugaz revisión del pasado.


pero no tengo fuerzas
ni ánimo que gastar en la casa fantasma del centro de tu pecho.