miércoles, 5 de octubre de 2011

Anti-ética para Auxiliadora, por Marta Reymond.

Libertad es una palabra que encierra un significado bastante amplio que nos afecta en todo momento, aunque no seamos conscientes.
A mi ver, acapara dos dimensiones a destacar: una subjetiva y otra subjuntiva.
La primera de éstas es la que nos lleva a debatir entre lo que nos conviene y lo que no nos conviene, todo regido al valorar las consecuencias de lo que vamos a hacer o no, lo que vamos a DECIDIR, teniendo en cuenta cómo creemos que nos afectará física y psicológicamente y cómo repercutirá ese acto sobre nosotros.
Con ello quiero decir que ni un baño de ácido sulfúrico nos dejará la piel suave y tersa (a pesar de que estemos dispuestos a tomarlo), ni crear nuestra realidad sobre una mentira que tarde o temprano acabará haciéndose añicos y nos catapultará, automáticamente, a un doloroso mundo de peleas y catástrofes emocionales a pequeña o gran escala será agradable.
Tampoco entendáis que haciendo las cosas moralmente correctas construiremos un mundo ideal en el que no nos daremos de bruces contra algo alguna vez, pues si te decides a ir a salvar a un niño de un banco de tiburones a lo mejor acabas con un final igual de funesto que el chiquillo o ingresado esperando, con miles de “no tendría que haberlo hecho” rondándote la cabeza, a que te amputen una pierna y con tu familia al borde de la desesperación con el corazón en la garganta.
Esto nos conduce a la otra dimensión, la dimensión subjuntiva, con la que está profundamente conectado el último ejemplo: la eterna discusión entre el quiero o no quiero. Así, existen tantas combinaciones de pensamientos y tantas ideas a la hora de actuar como personas hay. “Quiero que se salve el niño, pero prefiero cuidar de mi familia”, “no me importa lo que suceda, tendré la conciencia tranquila”, “prefiero ignorarlo todo, no quiero estropear mi vida por una inconsciencia”, y un largo, largo etcétera de argumentos con pros y contras.
De forma indudable, somos libres de hacer lo que nos venga en gana, sí, dentro de la no libertad en la que crecemos. Estamos completamente restringidos (moralmente hablando) por lo que la sociedad nos inculca a través de los medios, el contexto social y la época en la que crecemos y vivimos, que a su vez ha sido determinada por la anterior y sucesivamente, sumando lo que sabemos que nos perjudicará al tener en cuenta nuestras vivencias.
Esto me hace pensar que la libertad, junto a la objetividad, son dos conceptos idealizados por el hombre y que, a fin de cuentas, no existen por una simple razón: desde que nacemos, se nos enseña a hacer o no básicamente todo, y considerando las “lecciones de la vida” instruidas por la experiencia que tuvimos que adquirir rápidamente al vernos en un apuro por una decisión nuestra, encuadramos la libertad con un marco de moral con grabados de aprendizaje, del que acabamos valorando, subjetivamente, los errores que ha supuesto su creación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario