sábado, 24 de septiembre de 2011

Versos sin ánimo de ganar, pero necesitados de clemencia.

Voy a ser poeta de tus miedos para hiperbolizar tu coraje, personificándolo como el hijo del amor que entre tantas metáforas se ha querido esconder de mí por temor a que todo, automáticamente, se mudara al pasado y con ello hiciera morir de antítesis (ácidamente) los dulces recuerdos. Temor a que las metonimias de mi corazón por las que daría todo pasaran a sonoras sinestesias de demacrada pasión y ya no fuera tan claro el epíteto de ardiente al lado de tu nombre.

Valiente tu cobardía... ¿o solo orgullosa?

Cuándo entenderás que voy a rebuscar los paralelismos de todas las historias que vivimos para dejarlos tan desordenados por el suelo como si de un hipérbaton se tratase, para compararlos entre ellos sin encontrar un peor. Cuándo entenderás que anáfora empieza por tu letra y te repites cada mañana en mis imaginaciones casi como una aliteración escondida entre palabras, no por aprensión, sino por simple vicio a ejercer su cometido... como acabamos nosotros.
Cuándo lo entenderás. Oh, Dios, espero que sea pronto
porque te echo de menos.

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