martes, 13 de septiembre de 2011

La reina de los stripties.

Rozaba tan solo los dieciséis pero su cuerpo era absolutamente de mujer. Un poco de maquillaje (para eliminar los pocos lunares que tenía) acompañado con delineador, los labios de rojo y ¡voilà! las medias de Jane lucían perfectamente para ser deseadas por todos los hombres del bar. El escote que regalaba la mitad de las copas de su sujetador negro de encaje desviaba cualquier mirada que antes podría haberse detenido en el profundo del castaño de sus ojos y en el dolor del que estaban cargados.
Se paseaba por las mesas del antro y movía las caderas pícaramente mientras entonaba sensualmente demasiado cerca de un hombre cincuentón que tenía los pantalones que le iban a reventar de un momento a otro.
Volvió a subir, a pocas palabras de acabar la canción, y en lo que continuó sonando la pequeña orquesta, bailó un vals con la barra, deshaciéndose prenda a prenda de lo que llevaba encima hasta quedarse con lo más íntimo. Dio unos cuantos pasos con aquellas diminutas bragas, guiñó un ojo y lanzó un beso al humo que cargaba al ambiente, convirtiéndola en la más deseada del local, y desapareció entre las cortinas.
Percibió después que ese pequeño gesto acabó siendo para alguien descubierto en aquel instante en medio de la penumbra, en una mesa bastante escondida. Él le brindó brillante, cortesía de la bombilla desnuda, la más traviesa de las sonrisas que pudiera haber visto en ese establecimiento antes. Y, por un momento, por esos ojos infantiles, aquel trabajo no le pareció tan sucio.

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