miércoles, 17 de agosto de 2011

Dann.

A Victoria le erizaba la piel que le susurrara bajitobajito en la oreja y que pareciera un huracán entre sus rizos, que la cogiera de la mano por sorpresa con cariño, que le robara un beso en cualquier portal y se quedara con un trozo de su espalda bajo la camiseta, que le sonriera haciéndole un guiño sin miedo al mundo. Que le dijera que la quería mirándola a los ojos con más fiereza que nunca.
Pero, sobre todo, le erizaba la piel que, al hacerlo, no dudara ni un segundo.

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