viernes, 3 de junio de 2011

Prepararon una historia que no era, pero los planes le salieron perfectos.

Se equivocaron. No cogieron el tren a Estocolmo y el destino les deparó en París, entre el frío de aquel invierno y el olor a panaderías francesas, a dulces. Pero las calles les resultaron más llamativas, la nieve le daba un encanto a los edificios que no se encontraba por Barcelona y lo más importante es que estaban juntos y con eso se las apañaron bien, viviendo de la improvisación y de las maletas rojas que nunca se perdieron; disfrutando en los portales de los edificios, sin hoteles ni desayunos pagados; paseando a medianoche, sin horarios ni reglas, pues allí lo único establecido era el amor que se tenían; las estaciones de metro los arropaban contra la lluvia y le daban ese toque de romanticismo a un beso de huesos calados.
Aprendieron a vivir de ellos mismos y quedaron como los maestros de la acción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario