viernes, 3 de junio de 2011

La mirada felina de Savannah.

Savannah observaba atónita a su padre. A sus cinco años, su profunda mirada parda brillaba con una dulce pasión que a todos dejaba desconcertados, por la destreza con la que bailaban sus pestañas que remataban sus párpados, que lucían gráciles como gatos en la noche.
-¿Qué tienes, papá? ¡¿Qué es eso?!
-¿Dónde, cariño? ¿A qué te refieres? -dijo chequeándose de hombros para abajo.
-¡Ahí, ahí! ¡Un poco más a la izquierda! -dijo señalando el pecho de su padre con euforia y preocupación- ¡Justo en tu corazón!
Él sonrió entre satisfecho y comprensivo, se acuclilló para estar a la altura de su hija y le acarició su lacia melenita rubia con ternura.
-Oh, mi ni niña. Eres tú. Y tu madre. Los amores de mi vida.
-Qué guapa era mamá.
Y la abrazó suave pero con firmeza, robándole cualquier oportunidad de que viera rodar aquella lágrima por su mejilla.
-Y tú eres igual a ella, pequeña.

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