lunes, 20 de junio de 2011

Ella ya sabía la respuesta de su mirada, pero siempre se empeñó en quemarse de frío.

Dann caminaba a la derecha del asfalto con los cascos enchufados a todo volumen, desinteresándose del resto del mundo y acariciándose una mano con la otra. Cada flexura de sus dedos tenía una tirita y sus palmas estaban vendadas. Cuando Dann se proponía algo, era imparable, y ni las heridas de las baquetas podrían detener aquella pasión que sentía por tocar la batería. Él estaba decidido a llevar el ritmo de todos los corazones que lo escucharan, poseer sus latidos, embaucarlos en cada golpe, desbocarlos con todas las canciones. "Lo voy a conseguir", pensaba.
De fondo, llevaba un rato sonando una interferencia en su música, pero no había buscado otro culpable diferente al antiguo reproductor hasta que alguien le abrazó repentinamente por la espalda. Era... ¿Zoé? La muchacha llevaba gritando media calle mientras corría y la gente no hacía más que mirarla despectivamente, pero eso a ella nunca le había importado y menos, en aquel momento.
Zoé era la típica muchacha de pelo negro y bucles perfectos, ojos azul grisáceo y piel pálida como el color del hielo. Bueno, no, quizá eso no era tan típico, pero era lo que calificarían de perfecto, en personalidad, actitud, ideales, vestimenta, expediente... Y, a pesar de que ella lo sabía, ningún aire de superioridad se sugería algún día en su mirada. Zoé era la típica chica que conseguía enamorar a cualquier adolescente con un guiño desintencionado, sin querer. A cualquiera, sí... menos a quien de verdad quería conseguir. Para ella, después de todo, las cosas que podrían hacerla feliz nunca salían bien, ni su familia, ni las decisiones que tomaba, ni los... amigos que elegía para confiar, ni siquiera los buenos sentimientos que dejaba arraigar dentro de ella acababan dando algún dulce fruto. En fin, Zoé era lo que se consideraba un desastre ordenado: lo tenía todo menos lo que necesitaba. Y en aquel momento, era un poco de concentración desde la mirada de Dann lo que le hacía falta, nada más; solo un poco atención que fuera más allá de las canciones de rock que retransmitían a duro pulso. Una mirada sincera del mismo Dann que era el típico adolescente perseverante, testarudo y frío como el más severo de los inviernos. Sí, Dann no sentía ni una pizca de compasión por nadie, no se pillaba por ninguna -nada más vivía para él- y se dedicaba a robar corazones para encontrar algo de calor en el suyo, tan egoístamente que acababa desamparando a unas cuantas que nunca tuvieron la culpa, pero claro, él nunca sentía empatía. Dann era el típico chico que conseguía lo que quería, iría justo por la vida, pero bien sobrado de lo que lo hacía irreversiblemente cruel. Con un movimiento de pelo que le destapara los ojos, se descubría una auténtica escarcha sobre el verde pistacho de sus irises: inhumano, como todo lo que le envolvía, pero que tan irresistible se le sugería a la muchacha.
Pero para la desgracia de ella, ni aquella vez era diferente, ni Dann había extrañado un poquito en todo ese tiempo el olor del pelo de Zoé.

1 comentario:

  1. Diooos, me encanta cómo escribes *__________*
    Te sigo, y te dejo por aquí mi bolg ;) Sigue así http://bornforthefreedom.blogspot.com/


    P.D: recuerdas el debate cerebro-corazón? xdd Era mío

    ResponderEliminar