viernes, 20 de mayo de 2011

Prométeme que eres tú y me lo creeré sin limpiarme la mirada.

-Preciosa, ¿dónde quedaron tus vivas sonrisas? Las echo de menos, a ésas de verdad, las que no tienen ni pizca de sarcasmo o de cinismo que intenta ocultar la agonía de tu alma. Cada vez tus labios son menos rojos y más rígidos. Ya no les da el aire, ni al resto de tu cara. Te encierras en tu casa y el color de la piel se te vuelve más enfermizo. ¿Te acuerdas de cuando pasabas horas y horas riendo en la playa a todo volumen, con la radio roja retransmitiendo de fondo y una sombrilla blanca y azul a rayas? Tu campanilla bailaba para el sol y te gustaba quedar con tus amigas. ¿Por qué te consumes entre libros y tabaco?
>>Princesa, ¿es que no te has dado cuenta de lo bonita que estaba tu nariz cuando la arrugabas al tener desventaja en un duelo de palabras? Ya tus graciosas pecas no lucen igual. Oh Dios, en aquel entonces, ¡quedaban tan a juego tus ojos castaños de kilométricas pestañas oscuras como el asfalto! ¿dónde dejaste su brillo? ya no tienen ese aro color Coca-Cola en el reborde del iris y tampoco se parchean de verde, prácticamente, son de un mate tan increíblemente inexpresivo que duele sostenerte una mirada.
>>Ahora solo permanece una continua tormenta en ellos. No puedes ver que estoy aquí, detrás de las lágrimas. Si no crees que me estás oyendo, ¡parpadea! ¡Llévate las nubes! Que tus mejillas ya tienen surcos de tanto llorar, pequeña, y no estoy dispuesto a consolar un corazón que está obcecado en detenerse.

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