domingo, 15 de mayo de 2011

Cuando flaquea la rudeza, se multiplican las posibilidades de volverse a enamorar.


-Buenas tardes -dijo ella cuando se abrió la puerta a la que había llamado-, espero que para ti puedan serlas, porque, en realidad, te diría lo siento, pero no, no siento nada de lo que no sea culpable, y aunque lo sea, tampoco. Estoy asqueada de sonreír, ¿sabes? Ya me cansé, no sirve de mucho, sólo para mentir un rato. 

>>Shh, shh, calma, no te desesperes -prosiguió cuando vio sus ojos atónitos-. Esto es porque estoy tranquila: hoy no he bebido, no estoy flipando con un LSD y hace meses que no he probado la maría y era todo eso lo que me conseguía una brizna de esperanza en los labios, y tampoco es que pudiera cambiar mi verdadera estabilidad emocional en un 0' con los narcóticos. 
>>Ojalá... no hubiera estado nada mal, la verdad. 
>>Pero bueno, dejemos de hablar de mí. Qué descortesía por mi parte. Dime, ¿qué tal estás tú? ¿Sigues disfrutando igual de cama en cama? ¿Te importan mucho los sentimientos de todas ellas o solo les prometes amor de una noche para marcharte después? ¿Permaneces igual, tirando de toda la mierda que arrastras con los días en vez de anclarte en alguna parte a descansar, y si surge, construir tu vida con alguien que merezca la pena? ¿Continúas con el mismo miedo en el cuerpo? 
-Lo único que sigo es echándote de menos como cuando me marché. Intento sufragarlo en café, en trabajo, en deporte, en un poco de tabaco de cuando en cuando, en sonrisas igual de marchitas que la que ahora es mía. Mimi, ¿acaso no fuiste tú la que no quería nada de mí, nada de lo que era por culpa de la inconsciencia que siempre me ha caracterizado, ésa con la que conseguía tirar por la borda todo lo que amaba? 
-No, no me evadas, no tienes ningún derecho a mentirme para intentar salvar lo que queda de ti en mí. No lo intentes. Tú nunca me quisiste, solo sabías decir cosas bonitas 
-Pues esta noche no tengo a nadie a quien decírselas, como todas las otras noches en las que volvía tarde al apartamento: solo era sexo. Quizá lo que me convertía en todo aquello que odias era el alcohol y la falta de que estuvieras allí. Así que, como estoy solo, ¿me dejas tentarte dentro de casa? Aquí empieza a hacer frío y puede que te dañe la voz, no podrás grab... 

Mimi se tiró a sus labios, cansada de hacerse la dura, y se rindió un poco a sus sentimientos. Mientras, Guille cerraba la puerta y se hacía a la idea de la mejor noche que pasaría por su cuerpo, de besos con regusto a alcohol entre chicle de menta.

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