domingo, 3 de abril de 2011

Rescátame...

No he cerrado mi corazón, no es que no quiera abrir, es que estoy atada en el sombrío y húmedo sótano de mis entrañas. Ni puedo hablar o moverme y solo siento como me rozan esas cuerdas que tan fuerte me tienen prisionera. Nadie tiene las llaves para entrar y sacarme de ahí, nadie puede derribar la puerta. Él se llevó aquella que era la manera de acceder y la partió, para evitar que alguien entrara. Ni siquiera hay ventanas, algo luz natural. Sólo un foco que me apunta y hace que no me oculte en la siniestra oscuridad de la habitación, pero se empieza a fundir, a parpadear: mi esperanza artificial se consume, como el oxígeno -lentamente-, y cada vez duele más respirar...

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