sábado, 30 de abril de 2011

Me excitas.

Con los pies en el respaldo del sofá y cabeza colgando, pero más bien en alguna otra parte, estaba pensando, fumando despacio y liberándose de todo lo que la mataba por dentro: lo propio del tabaco y aquellos sentimientos que le reducían a escombros su alma.
No se podía creer que se hubiera acabado el amor que inundaba sus entrañas en soledad. Ahora, no hacía más que darle las gracias a su corazón por haberse desatado de esas cadenas que lo asfixiaban y lo condenaban a vivir anclado en recuerdos.



Ahora se había acabado: tenía ganas de vivir. Se levantó rápidamente y se incorporó después del pequeño mareo que revolvió aún más sus locas ideas, partió el cigarro y corrió hacia el baño para quitar todas las fotos en las que salía él que tenía colgadas en el espejo. Las arrancaba a dos manos y las tiraba al suelo, riéndose de lo triste que había sido su existencia: ¿acaso ella no había sido siempre un alma libre?



Eso fue hasta que cogió, con la zurda, una de las que eran sus preferidas. Se lo veía sonriendo con una de esas caras con las que conseguía solucionar todo, con la cara de satisfacción de haber conseguido enfadarla para disfrutar de su adorable nariz arrugada.
-Hoy no te quiero, pero, ¿sabes? me vuelves loca y te conviertes en mi perdición.

Y volvió a colocar la instantánea en el lugar que siempre estuvo, junto al resto de aquellos perfectos recuerdos congelados.

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