jueves, 28 de abril de 2011

Vuela la imaginación, pero el valor se escapa entre suspiros.

Ella esperaba fuera del instituto, mortificándose las uñas con un ansia incontrolada, a que pusiera los pies fuera de la puerta para asaltarle con una conversación que no se dibujaba lo bastante clara en la mente de Victoria como para que pudiera surgir algo con sentido de sus labios.

-¡Oh! ¡el timbre! -dijo mientras se recolocaba rápidamente en una posición con la que pareció desaparecer su inquietud, incluso, con la que mostraba desinterés: no tenía ganas de que la viera tan nerviosa.
Las clases de teatro habían servido de algo, pero esta vez ella no tenía los guiones.


Y avecinaban ya su salida los estudiantes mientras Victoria no perdía puntada para que no desapareciera su única oportunidad. Demasiado poco se perdió, para su gusto, pues se "deleitó" con el beso tan adolescente que le dio aquella arpía a Carlos en contestación a lo que fuera de lo que estuvieran hablando.
Firme, avanzó dos pasos e interrumpió con total naturalidad, como si no hubiera visto aquella -para ella- nauseabunda muestra de un supuesto cariño.
-Olivia, ¿me lo prestas un momento? Bueno, si él quiere ser prestado, claro.
-¿Por qué no? -contestaron al unísono y un estúpido gesto de complicidad apareció en sus sonrisas.



Se apartaron un poco, no más de un par de metros, pero lo suficiente para conseguir la confidencia perfecta para Victoria, una intimidad que ni era íntima ni cosa de ellos dos, pero era lo único que podía pedir en aquellas circunstancias.
-Carlos, yo...
-¡Anda ya! ¿Que lo sientes? ¿Vas a contarme lo que todas? ¿Sabes? no tengo tiempo para escuchar súplicas absurdas que no llegarán a ninguna parte -la cortó en seco, con aires de rudeza, empañando por un segundo los ojos de ella con una bruma un poco espesa que no le dejó ver mucho más que sus pies sobre el suelo mientras se precipitaba una lágrima sobre la punteras de sus nuevas deportivas. Pero, de repente, irguió la cabeza con un giro rápido y sus pupilas, más oscuras que nunca, se clavaron con decisión en las suyas, dejándolo en estado de parálisis y consiguiendo que recordara por unos segundos que esas miradas de euforia un día fueron de él, y las echó de menos.
-¡NO! Vas a escucharme, no sé si muy alto, pero bien claro sí que te lo puedo asegurar. -Casi en un susurro prosiguió-, te echo de menos, pero eso ahora es lo que menos importa; me duele que me hubieras ocultado que no era la única con la que te compartías, pero más me hiere haberme hundido yo sola en esta basura de vida que llevo ahora y de la que te echo la culpa; siento que ya no me dediques ni una sola sonrisa por las que yo me desvivía, pero más lamento haber dejado las mías aparte por ti; porque siento que nunca he sido quien soy, porque contigo era una apasionada que vivía el amor como un desenfreno en el que no faltaba la lujuria, ahora, no puedo ver más negra mi vida, y antes, era una amante de lo realista, de lo sencillo y de las mentes limpias de cualquier punto de vista subjetivo.
>>¿Sabes? Hay cosas de las que siempre voy a culparte, para bien y para mal, pero nunca voy a perdonarte que no te despidieras, que no cumplieras ni uno de tus planes ni promesas, igual que yo me achacaré el haber dado por sentado algunas cosas que luego se desarrollaron de otra manera por no aclarar cuentas. ¿Sabes?... creo que por eso te amo tanto y me tentaste a conseguirte. Así que, ahora sí, perdóname por haber sido tan absurda, por creerme que la distancia y el tiempo destrozan los lazos que más que de cintas eran de cuerdas con nudos de marine.

Y sin más, la besó, abrazándola más fuerte que nunca. Había olvidado lo única que la hacía su pequeño mundo interior y lo mucho que le gustaba pasear por él. Al fin y al cabo, actuar sobre un escenario -cada vez diferente- no la convertía en alguien impersonal, es más, conseguía que creciera sus ansias de ser ella, la chica tan entusiasta de la que se enamoró.
Volvía a invadir su cuerpo un aire que sabía tremendamente a Victoria y, por una vez, consiguió algo de paz consigo mismo.
-Gracias.
-Adiós, Victoria. Aunque, de verdad, preferiría que se quedara solo en un "hasta luego".

Dio media vuelta y siguió su camino para volver a caer en manos de cualquiera que le diera un poco de calor para tratar de imaginarse que algún día llegaría a ser la sangre hirviente de pasión que tenía Victoria.

1 comentario:

  1. Chos, me encanta, es que me es dificil imaginar como puedes contar algo así con tanta facilidad.
    No se por qué pero cuando leo tus entradas es como si contaras esas cosas que me pasan por la mente a mi, es algo extraño, pero me gusta mucho.
    Escribes demasiado bien, tu blog se te queda pequeño ya.
    Sinceramente, es uno de mis blogs favoritos, por que en su sencillez llega muy profundo, hace sentir esas sensaciones que se suelen imaginar pero que no llegas a experimentar. No se si me entiendes.
    Bueno, un beso de una extraña más que se ha quedado enamorada de tu texto, y dios mio, nunca dejes de escribir así.

    ResponderEliminar