jueves, 28 de abril de 2011

Con la cabeza llena de pájaros de vuelos que escriben su nombre.

Oh Don Quijote, pobre hidalgo iluso, desgraciado de amores por no haber podido conquistar el corazón de la tan burda Dulcinea con tu mente enferma de literatura, de aventuras, de mundos sin horizontes. ¿Quién merece tus lamentos, caballero? Un buen guerrero lucha por el deseo de una dama, pero si se es cortesano -por tanto, letrado- sabe ingeniar las batallas con refinado estilo de ingenio para quebrar la espada del contrario con un simple giro de muñeca.

Oh Don Quijote, que si tanto cabalgaste en Rocinante por los amplios campos de Castilla cómo puede faltar libertad en tus actos, todos regidos por el poder de la mujer que solo fue reina de los dominios de tu alma.

Oh Don Quijote, tu rudo compañero, Sancho, poco pudo hacer para salvarte de tu locura, de tus desvaríos, de tus delirios vestidos de armadura de plata y rugir de valor y coraje frente a unos molinos que un día hicieron de gigantes.
Oh Don Quijote, cómo perdiste el buen juicio por ansiar una historia que querías convertir en tuya.

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