lunes, 14 de marzo de 2011

Ya no sólo son veranos sin amor.

Conté los pasos que me separaban de ti. Los conté, una y mil veces y, cada vez que aumentaba la cifra, mi corazón se deshacía -como si fuera de azúcar- en mitad de las sombras y del silencio.
Pero esta noche no habrá tiempo para eso, ni para pensar en ti.
Esta noche, se me hará corta. No me dará tiempo de pegarme un atracón con las estrellas y acompañarlo bebiendo algo de lluvia con granizo, para aliviar la sed de después de esnifarse alguna nube blanca de cocaína.
Esta noche, solo podré enumerar las luciérnagas que revolotean inconscientes -ignorando que se acaba el verano, que ya no podrán lucir más sus brillantes colas-, y recrearme en cada una de ellas.
Porque brillar para después estallar una refulgente supernova, implica apagarse poco a poco luego.
Y ahora, siendo solo una pálida estrella, podré ver cómo me siguen las demás y llevan a la destrucción a este podrido mundo.

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