sábado, 12 de marzo de 2011

So dry.

Su cabello negro se ondeaba al son de la brisa, permitiendo descubrir tras él unos ojos grises, cargados de nostalgia y dolor, añoranza.

Y al coger entre sus manos aquella ceniza blanca que se filtró despacio entre sus dedos -llevándosela el viento-, una lágrima resbaló por su mejilla.

"Así, vagará en el aire y podré respirar su esencia", intentaba convencerse, queriéndola recordar tan cerca, rozándole las mejillas como aquella vez que no supieron que era la última.
Y lanzando un beso al aire, se sentó sobre la hierba y se abrazó las piernas, con los ojos como vidrio, y pudo distinguir una flor blanca creciendo allí en medio, como si nada sucediera, tan libre, tan natural... Le recordó a ella, que encontraba la belleza en la sencillez. Y al cortar el tallo de la frágil plantita con un suave giro de muñeca, la encerró entre sus dedos con cuidado y la recreó consigo unos segundos antes de romper a llorar.
El brote acababa de firmar su sentencia de muerte sin quererlo y se secaría -como lo hizo ella- allí, entre las tapas de aquel diario de recuerdos compartidos. Allí, un capullo de pétalos blancos que simboliza todo lo que fue ella y que nunca más volvería a florecer.

1 comentario:

  1. Oh, que bonito, escribes muy bien, haces sentir las palabras, es precioso:]
    Felicidades, tienes un blog muy lindo.
    Te sigo desde hace dias pero no encontraba momento para decirte porque. Ahora ya lo sabes, me encanta de verdad, se te da muy bien.
    Un beso.

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