miércoles, 9 de marzo de 2011

Papel de sueños, C.

Estábamos de nuevo juntos. Lo echaba siempre tantísimo de menos que ese día no me importó tener que compartirlo con un par de amigos. Oh, sueños adolescentes: tan silenciosos, tan infantiles que parecen sacados de un cuento, en realidad, del cuento que creamos en nuestros propios corazones.
-¿Y si yo te besara ahora, qué pasaría?
-¿Te quieres callar de una maldita vez? -le contesté tajantemente a sus repugnantes insinuaciones.
-Estoy de acuerdo, déjala tranquila. Además, ella ya tiene novio.
Y de mi absoluta desgana y cansancio, pasé a una total concentración e interés, pero -sobre todo- impresión, causada por la intervención del protagonista de esta historia.
-¿Ah, sí? -respondí intrigada.
-¿Quién, tú? -pudo decir su amigo, con un tono casi inaudible, pero que desprendía un odio que reventaba los tímpanos.
-Por supuesto.
Y me guiñó un ojo con una sonrisa. Y cuando creía que no podía ser más ficticio, se acercó a mi oreja y me confió silenciosamente un "sígueme la corriente". Y antes de que pudiera derrumbarme, por entender que todo era una treta ingeniosa y absurda para hacerlos callar, me cogió de la mano con un roce que consiguió que pudiera jurar notar el universo recorriéndome por dentro y las estrellas llenándome los ojos, pero más tarde me di cuenta de que eso lo sentí después, cuando acercó sus labios a mi frente y depositó un pequeño beso dulce, tierno. ¿Cómo luchar contra todos esos astros -también conocidos como sentimientos- que invadieron hasta el último poro de mi piel?
-¿Pretendes que te crea con algo tan simple y superficial como eso? -remató, volviendo a entrometerse su simpático camarada con un desprecio que había aumentado de decibelios.

Entonces, tan decidido, se levantó, y en un acto reflejo -casi automático y robótico- le seguí, completamente hechizada por estar aún en contacto con su piel. Y alejándonos cada vez más de la que yo consideraba una pandilla de indeseables, pude sentir cómo su mano pasaba de la mía a mi cintura, con un movimiento tan sencillo y atractivo que no desentonó con su sonrisa, que en aquel momento relucía inmensa frente a la mía.
Y con otro gesto de una naturalidad sorprendente, volvió a dejarme sin respuesta cuando se aproximó de nuevo a mi oído y me dijo:
-Ya está bien de fingir, ¿no crees?
Fue entonces cuando le dio un mordisquito a mi oreja, que me hizo estremecer. Así, dando por finalizado el susurro, paseó su nariz por mi cara -con cariño- hasta mis labios, y siendo capaz de compartir la primera sonrisa cómplice en unos segundos completamente enigmáticos y mágicos, pude sentir cómo el alma se evadía de mi cuerpo, como si liberara despacio una calada, y se fundía en la suya, regalándole con ello todo lo último que era mío, y cómo me llenaba otra vez con un nuevo universo de emociones, incluso más incomprensibles que las que tenía cuando segundos antes me acariciaba.
Y por fin, en aquel instante supe que nuestra historia pudo estar sacada de una película, pero en ese caso, seríamos los actores.
Lo mejor de todo, es que nunca olvidamos que los universos que en aquellos momentos rellenaron nuestros cuerpos son infinitos, y con ellos, todo lo que podríamos vivir juntos.

1 comentario:

  1. Sencillamente estupendo. Me encanta, me encanta como consigues hacer tus palabras tan reales y cercanas. Felicidades, la clavaste<3

    ResponderEliminar