viernes, 18 de marzo de 2011

Mis "consejeros", el Corazón y la Razón, se debaten en un duelo que ninguno ganará.

-¿A dónde coño estás llevando tu vida? Ellas, ellos, todos se han levantado ya... menos tú. ¿Crees que se va a solucionar así, quedándote quieta? ¿Pensando en lo tanto que te gustaba verlo con su camisa de cuadros, en la increíble sensación que recorría tu tan valorado sistema nervioso cuando te hacía cosquillas en el paladar o te mordía el labio? No. Aunque te duela saberlo, las cosas no cambian por soñarlas. Consíguelas, ¿entiendes? LUCHA por ellas.
-¿Con qué armas pretendes que lo haga, eh? ¿Con mis manos? ¿Con palabras? Eso siempre me ha servido de mucho en la vida, pero ahora lo que piden son hechos, HECHOS, ¿te das cuenta? Y no puedo actuar ahora: ¡ni siquiera tengo fuerzas! El único respaldo, lo único que es seguro en estos momentos es que solo puedo acabar perdiendo y malparada, sin ti o contigo, pero hecho mil pedazos que nunca podrán recomponerse. No, enfrentarme a ello no es una opción.
-Por favor, ¿es que nunca te has dejado llevar por una corazonada? ah, no, que ése es mi trabajo. ¿Nunca has vivido en su sentido pleno? ¿Es que sólo existes para poner cientos de restricciones absurdas que nunca entenderé? Sinceramente, no te creía tan cobarde. Sin riesgo no hay éxito, ¿sabías?
-Si es demasiado lo que tengo que perder, no vale la pena perderlo en una simple apuesta que no tiene ninguna garantía de acabar a mi favor.
Y Corazón, en una carcajada sonora y burlona, que desprendía un aire de superioridad, la dejó sin palabras cuando le contestó:
-Razón, ¿acaso queda algo que perder?

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