martes, 1 de marzo de 2011

Días, sin el 'buenos'.

"Esto es la guerra, y yo voy a luchar. Esto es la guerra, no me quedaré atrás."


-¿Pero qué...?

Hice ademán de levantarme de golpe, pero una espantosa jaqueca me tumbó de nuevo contra... ¿la bañera?
Entreabriendo los ojos para no deslumbrarme distinguí, a pesar de que todo aún estaba borroso, mi pierna derecha colgando por fuera entre las cortinas, y la otra, doblada como podía, "acomodándose" para encontrar algo de calor en la humedad del baño.


"Nada de banderas blancas, no les debo lealtad. Ya estoy demasiado herida, pero no me quedaré atrás"


-¿¡Cuándo va a parar de sonar eso!?

Y levantándome repentinamente, patada al grifo y poco menos que un chapuzón instantáneo, frío como el hielo. Por supuesto, mi cara era de incredulidad absoluta.



-Oh, Dios...

A tientas, cerré la llave y el agua paró de salir del teléfono. Salí fuera de la bañera chorreando y me deshice del pijama, dejándolo en el suelo. Cogí una toalla, y me enrollé en ella. Miré al espejo como la noche anterior había hecho, con la mente muchísimo más despejada de lo que me imaginaba, y sonreí al ver lo bien que me sentaba tener el pelo mojado. Así se resumía mi autoestima al verme mejor tras una noche de alcohol.
Me dirigí a la cocina, ignorando la música que aún sonaba de fondo, y me preparé un café con algo de desgana. Mientras esperaba al microondas, me apoyé en la encimera y cerré los ojos. Si supieran la triste ironía que vivía la vocalista del grupo del nuevo hit del momento, se replantearían lo de animarse al escucharlo e incluso, el escucharlo, y más a todo volumen, como hacía el repelente vecino del quinto.

"Cómo puedes verte así, Mimi, ¡por un simple...!" El timbre que avisaba de que mi desayuno estaba listo interrumpió mis pensamientos, y la verdad, le di gracias por ello.

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