jueves, 31 de marzo de 2011

Partituras de corazones y sueños, L.

La música, las sinfonías, canciones y piezas, todas las obras petrifican las sensaciones del compositor en cada nota y las materializa cada vez que suena, consiguiendo compartirlas con el escuchante si también las siente, volviéndose de ambos y creando un vínculo invisible que vuelve inmortal al autor de tal y tal en un simple "música, maestro".

lunes, 28 de marzo de 2011

"Perdonen que no me levante"

Quisiera disculparme por ser tan monotemática, pero no tengo otra cosa en mente que mi existencia en los momentos en los que se enlazó con la suya, pues lo echo de menos, lo añoro hasta el punto de pedirle al cielo que me arranque el corazón y se lo quede, para ver si puede reanimar a algún otro que haya perecido en esta misma guerra.

Parece que lo hiciera adrede -digo, el introducirse en cada letra que proceso- pues, por más que intento alejarme de esas ideas, el único foco de luz que indica la salida ilumina su puerta. Puerta que yo misma me niego a cruzar -por miedo- y que, de todos modos, me sería imposible puesto que apostaría por un destino igual de desdichado o, incluso, aún más incierto. Amar es arriesgar, sí, pero de nada sirve cuando sabes que acaba con la cuenta en cero.
Así pues, quisiera disculparme por describir de mil maneras diferentes mi desgracia, por conseguir que todo acabe en el mismo fracaso: fracaso literario y emocional.

Espero que este demonio que corroe mis sentidos 
abandone pronto mi alma 
y me devuelva algo de mí misma.

domingo, 27 de marzo de 2011

¡Largo!

-Me iré de esta ciudad. 

Llovía afuera, y allí, se respiraba humo de tabaco. Encima de la mesa, una botella de vodka sin empezar y, aún así, en su cabeza rondaban miles de ideas, quizá, un poco descabelladas.
Es como si tuvieran demasiado en común, que compartieran demasiados aspectos y eso provocara cierta repulsión, que la obligara a sentir la necesidad de marcharse. O así lo veía Brielle, que se levantó de un solo impulso, dispuesta y con un arrebato de odio e ira contenida durante meses invadiendo su cuerpo. Apagó el cigarro en el cenicero, con una pausa en la que pareció decidir que sería el último que se fumaría, se dirigió -segura de sí misma, de lo que hacía, de lo que nunca se arrepentiría- hacia su cuarto y, de paso, cogió las maletas rojas que estaban en el desván. Las agarró por el asa y las tiró encima de la cama de matrimonio -deshecha y con aspecto frío por las sábanas, que solo guardaban su olor- para abrirlas y empezar a llenarlas con recuerdos, vacíos, que ya no tenían sentido alguno. Llenó el neceser de jabones, de perfumes Toda la ropa de los cajones, del armario: a dentro; los zapatos, los tacones. Vació por completo todo lo que fue su habitación, hasta dar con el vestido azul que tanto le gustaba. Su piel empalideció, al imaginarse a ella portando en sus definidas curvas ese traje, con aquella ropa interior negra que tanto le gustaba a él, los ligueros de los lazos -que eran su perdición- sujetando sus medias negras de cristal por el encaje en el que se remataban... y lloró. Lloró odiando el traje, odiando la primera noche y la última, y todas las demás, odiando las caricias que se colaron entre el raso, pero -sobre todo- lo odió a él; sin embargo, no hizo más que abrazar el vestido, y recrear la historia como nunca ocurrió.
-Yo sí cumplo mis promesas.

lunes, 21 de marzo de 2011

Tardes de lluvia en la mansión.

El piano de negro ébano se hallaba asolado en la esquina más alejada de la puerta, solitario, sombrío, escondiendo una gama de sonidos melodiosos y armónicos, alegres y tristes, apagados y vibrantes; escondiendo la forma de expresarlo todo; amor,  odio, desconsuelo.

Me acerqué suavemente, en silencio, atendiendo al delicado y casi inaudible crujir del parqué al hundirse bajo mis pies. Mientras caminaba, acompañaba paulatinamente el sutil contacto de mis dedos con la madera. Me situé a su lado, acariciando -de derecha a izquierda y mirando el instrumento- la tapa que cubría el teclado, hasta que por la zurda me coloqué frente a la butaca del pianista y me senté.
Despacio, abrí la cubierta, provocando un leve chirrido de bisagras. De nuevo, me deslicé por el piano, notando cada reborde, cada resquicio entre las teclas... Y comencé a tocar. En un primer momento, la inseguridad me aturdía, me hacía temblar. Pero tras unos minutos, conseguí recordar esa nana que tocaba siempre mi madre, la que se calmaba los síntomas mi adicción musical. Mi propia inocencia corría por esa suave melodía. Aquella bonita y efímera evocación, aquel vago souvenir del pasado... Era mi infancia.

Otra vez, consejeros que destrozan mis pilares con una paradoja.

Si todo nos diera igual siempre, nunca lloraríamos por una pérdida ni celebraríamos una victoria. Si todo nos diera igual, nos cansaríamos de vivir, porque cada segundo, cada suspiro, cada sonrisa nos sería indiferente. Ni habría rabia o celos, ni amor, ni odio. Estaríamos vivos pero no sabríamos lo que es vivir.
Así, como un sinsentido, el pasado, el presente y el futuro pasarían sin anhelos, sin deseos, sin sueños imposibles que pretendes cumplir; y, sin embargo, lloras y te dejas la garganta en cada carcajada por esos tres. Es más, los siento con tanta fuerza que en mi cuerpo se hacen notar en cada latido en el que mi corazón se lanza contra mis costillas como preso en una celda en un intento de salir a ver el mundo que existe detrás.
Y yo no sé, pero cuando te acercas... cuando te acercas se vuelve cohibido: le das miedo, lo intimidas. Como si fueras el alcaide y estuvieras decido a poner remedio a la intolerante conducta del condenado; y de repente, este se volviera pequeño e indefenso, hasta el punto de arrepentirse de su mísera existencia en mazmorras por aquella estupidez de querer vivir. Pero sonríe, esperando con unas esperanzas infranqueables pero sin argumentos, que le abras paso hacia la libertad. Lo curioso de la descabellada situación, es que solo tú tienes la llave y entretanto, yo me quedo sin aliento. E incluso así, se atreve a pedirme en tono autoritario:
-¡Pero, idiota, deja que me acerque a las rejas y a la puerta! Por fin podremos huir, ¿entiendes?
Aún sin respirar, ahogada y seducida por las ideas de Corazón, me acerqué poco a poco a los labios de mi ángel carcelero, aquél a quien yo tenía entendido por salvación, por salida. Pero con cuánta prudencia me llenó Razón en un fugaz pensamiento que atravesó mi sistema nervioso de punta a punta y me hizo reaccionar a tiempo, consiguiendo terminar en su mejilla con una profunda sensación de impotencia colapsándome las arterias. Alcaide y Corazón habían hecho las paces, pero nunca lo soltaría hasta que acabara la pena impuesta.
Después de las cientos de veces que se ha repetido el momento, lo sigo viviendo con la misma incredulidad. Así, después de meses replanteándomelo, terminé por llegar a la conclusión de que se vive más en los momentos en los que tu alma se paraliza en un compás de silencio en el que finaliza tu existencia para renacer ciertos segundos después con los latidos a cien.

"Hazme renacer..." Y con un suspiro, se evapora un deseo invisible, impronunciable, inalcanzable.

domingo, 20 de marzo de 2011

El amor solo avanza hacia un sentido.

-Oh, dulce niña, parece que sigues tan enamorada como el primer día.
-No, lo parece. Lo estoy aún más.

Qué triste que no se le dediquen unos versos a los que se enamoran solos.
Me gustaría poder darles voz en alguna plegaria que haga palidecer.

sábado, 19 de marzo de 2011

Tienes un nuevo mensaje en código en tu bandeja de entrada.

-Te requiero.
¿Recuerdas? Pues sigue significándolo todo. Cumple mi último deseo, el último y nunca más, si quieres, para que por fin puedan ser buenos tiempos, para todos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Mis "consejeros", el Corazón y la Razón, se debaten en un duelo que ninguno ganará.

-¿A dónde coño estás llevando tu vida? Ellas, ellos, todos se han levantado ya... menos tú. ¿Crees que se va a solucionar así, quedándote quieta? ¿Pensando en lo tanto que te gustaba verlo con su camisa de cuadros, en la increíble sensación que recorría tu tan valorado sistema nervioso cuando te hacía cosquillas en el paladar o te mordía el labio? No. Aunque te duela saberlo, las cosas no cambian por soñarlas. Consíguelas, ¿entiendes? LUCHA por ellas.
-¿Con qué armas pretendes que lo haga, eh? ¿Con mis manos? ¿Con palabras? Eso siempre me ha servido de mucho en la vida, pero ahora lo que piden son hechos, HECHOS, ¿te das cuenta? Y no puedo actuar ahora: ¡ni siquiera tengo fuerzas! El único respaldo, lo único que es seguro en estos momentos es que solo puedo acabar perdiendo y malparada, sin ti o contigo, pero hecho mil pedazos que nunca podrán recomponerse. No, enfrentarme a ello no es una opción.
-Por favor, ¿es que nunca te has dejado llevar por una corazonada? ah, no, que ése es mi trabajo. ¿Nunca has vivido en su sentido pleno? ¿Es que sólo existes para poner cientos de restricciones absurdas que nunca entenderé? Sinceramente, no te creía tan cobarde. Sin riesgo no hay éxito, ¿sabías?
-Si es demasiado lo que tengo que perder, no vale la pena perderlo en una simple apuesta que no tiene ninguna garantía de acabar a mi favor.
Y Corazón, en una carcajada sonora y burlona, que desprendía un aire de superioridad, la dejó sin palabras cuando le contestó:
-Razón, ¿acaso queda algo que perder?

La verdad.

Vuelvo a empezar, por fin. He conseguido algo nuevo, tengo otra perspectiva, aquellos sentimientos se ahogan entre todo lo que lloré por ti y no te necesito. Escupo con rabia todo lo que eres en mí, lo vomito si hace falta, pero ya nunca quedarán recuerdos de nosotros, marcas de tus manos en mi piel, ni de las caricias de tus labios.

Me quedan seis vidas, y no te permito ninguna más: en una ya hiciste suficiente, tanto, que se sobrecargó, que pudo culminar su existencia -sintiéndose completa- cuando elegiste alejarte de mí.
Aunque si decidieras, por algún casual, regresar para curar la enfermedad de muerte que padecía mi alma en aquellos momentos y la condenó a ser sepultada viva en la oscura región de tu olvido, sería capaz de tragarme mis palabras, el orgullo y, si me apuras, el mundo. Todo con tal de que te quedaras de nuevo conmigo.
Oh, sería capaz de arrastrarme hasta tus pies llorando, suplicando que no lo volvieras a hacer; me agarraría de tus ropas -casi arrancándolas- y me levantaría con avidez, deseo y ansia hasta tus labios, para vivir una noche que resuma en un "necesitaba sentir la calidez de tu cuerpo otra vez" todo el tiempo que tuve que existir en mis otras seis vidas sin sentido.

Nada va de mal en peor, pero preferiría que fuera a mejor, contigo.

jueves, 17 de marzo de 2011

¿Alguna oportunidad de recitarte mis versos?

Me gusta pensar que la literatura es algo parecido a retratar sentimientos con palabras de una manera tan impresionante que consigue cambiar tus sentimientos, trastornar tu interior o tu forma de ver tu alrededor, aunque sea por unos pocos segundos, o lo que dure la lectura.

Y si así algún día consigo cambiar tu mundo, avísame. Prometo que a partir de ese momento, te susurraré suave mis historias, tentándote a caer dormido y soñar conmigo en lo que dura un parpadeo. Ven, sigamos escribiendo, trastornemos la realidad un rato y deja que te tumbe en la cama para que las palabras pasen a ser caricias y poder colarme entre tus ropas con un murmullo.
Ven, sigamos escribiendo hasta que termines esta historia en un silencioso beso, en realidad, solo quiero dormir contigo esta noche.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Vencida por la tentación.

Perdí en nuestro duelo de indiferencia cuando el orgullo nos ganó.

Sí, tú sabes fingir mejor. Pero ganada la apuesta, ¿qué tienes ahora que perder?
Acompáñame esta noche.

Felicidades, en serio#

Intentar no mantener una relación contigo porque, por lo visto, después de todo lo que ha pasado es imposible, no implica que no quiera que todo te vaya bien y que tengas unos inmejorables 17 años.

Sopla las velas y acepta esta sonrisa como regalo.

martes, 15 de marzo de 2011

Osos regorditos.

Ya son varios meses de frío en el corazón. Lluvias, sol que no calienta, bruma y más lluvia. Eso conlleva a la humedad en el ambiente asegurada, permanente, y que el frío se triplique, consiguiendo que se te filtre hasta los huesos. Ahora las caladas al tabaco no siempre consiguen calentarme.
Pero esta semana es invierno para todo mortal que habite en esta parte del mundo, gracias a o por culpa de que estos fenómenos medioambientales -que ya tenía yo de antemano- se han materializado en la realidad para todos.
Y aunque sea capaz de soportar el frío, no estoy preparada para otro invierno, no así, sin nadie para que me abrigue un poco, ni que me preste su bufanda. Así, lo que se me congela es el alma.

Ojalá pudiera hibernar y solo despertar mis sentimientos cuando sea primavera.

Confesión.

-Es el hombre de mi vida. Por todo, absolutamente TODO lo que es, lo que dice y cómo lo dice incluido; porque consigue crear romanticismo en lo sencillo y me hace sonreír con lo que dice; porque yo puedo confiarle hasta lo más profundo de mi ser, sin miedo alguno; porque hace que lo eche tanto de menos como para necesitarle conmigo siempre. Pero, sobre todo, porque es el único que me ha dicho "te quiero" sin hacerme daño.

-Vaya, Savannah, eso es muy bonito. ¿Puedo saber quién es?

-Bueno... eres tú.

y a él se le paró el corazón

lunes, 14 de marzo de 2011

Ya no sólo son veranos sin amor.

Conté los pasos que me separaban de ti. Los conté, una y mil veces y, cada vez que aumentaba la cifra, mi corazón se deshacía -como si fuera de azúcar- en mitad de las sombras y del silencio.
Pero esta noche no habrá tiempo para eso, ni para pensar en ti.
Esta noche, se me hará corta. No me dará tiempo de pegarme un atracón con las estrellas y acompañarlo bebiendo algo de lluvia con granizo, para aliviar la sed de después de esnifarse alguna nube blanca de cocaína.
Esta noche, solo podré enumerar las luciérnagas que revolotean inconscientes -ignorando que se acaba el verano, que ya no podrán lucir más sus brillantes colas-, y recrearme en cada una de ellas.
Porque brillar para después estallar una refulgente supernova, implica apagarse poco a poco luego.
Y ahora, siendo solo una pálida estrella, podré ver cómo me siguen las demás y llevan a la destrucción a este podrido mundo.

sábado, 12 de marzo de 2011

So dry.

Su cabello negro se ondeaba al son de la brisa, permitiendo descubrir tras él unos ojos grises, cargados de nostalgia y dolor, añoranza.

Y al coger entre sus manos aquella ceniza blanca que se filtró despacio entre sus dedos -llevándosela el viento-, una lágrima resbaló por su mejilla.

"Así, vagará en el aire y podré respirar su esencia", intentaba convencerse, queriéndola recordar tan cerca, rozándole las mejillas como aquella vez que no supieron que era la última.
Y lanzando un beso al aire, se sentó sobre la hierba y se abrazó las piernas, con los ojos como vidrio, y pudo distinguir una flor blanca creciendo allí en medio, como si nada sucediera, tan libre, tan natural... Le recordó a ella, que encontraba la belleza en la sencillez. Y al cortar el tallo de la frágil plantita con un suave giro de muñeca, la encerró entre sus dedos con cuidado y la recreó consigo unos segundos antes de romper a llorar.
El brote acababa de firmar su sentencia de muerte sin quererlo y se secaría -como lo hizo ella- allí, entre las tapas de aquel diario de recuerdos compartidos. Allí, un capullo de pétalos blancos que simboliza todo lo que fue ella y que nunca más volvería a florecer.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Papel de sueños, C.

Estábamos de nuevo juntos. Lo echaba siempre tantísimo de menos que ese día no me importó tener que compartirlo con un par de amigos. Oh, sueños adolescentes: tan silenciosos, tan infantiles que parecen sacados de un cuento, en realidad, del cuento que creamos en nuestros propios corazones.
-¿Y si yo te besara ahora, qué pasaría?
-¿Te quieres callar de una maldita vez? -le contesté tajantemente a sus repugnantes insinuaciones.
-Estoy de acuerdo, déjala tranquila. Además, ella ya tiene novio.
Y de mi absoluta desgana y cansancio, pasé a una total concentración e interés, pero -sobre todo- impresión, causada por la intervención del protagonista de esta historia.
-¿Ah, sí? -respondí intrigada.
-¿Quién, tú? -pudo decir su amigo, con un tono casi inaudible, pero que desprendía un odio que reventaba los tímpanos.
-Por supuesto.
Y me guiñó un ojo con una sonrisa. Y cuando creía que no podía ser más ficticio, se acercó a mi oreja y me confió silenciosamente un "sígueme la corriente". Y antes de que pudiera derrumbarme, por entender que todo era una treta ingeniosa y absurda para hacerlos callar, me cogió de la mano con un roce que consiguió que pudiera jurar notar el universo recorriéndome por dentro y las estrellas llenándome los ojos, pero más tarde me di cuenta de que eso lo sentí después, cuando acercó sus labios a mi frente y depositó un pequeño beso dulce, tierno. ¿Cómo luchar contra todos esos astros -también conocidos como sentimientos- que invadieron hasta el último poro de mi piel?
-¿Pretendes que te crea con algo tan simple y superficial como eso? -remató, volviendo a entrometerse su simpático camarada con un desprecio que había aumentado de decibelios.

Entonces, tan decidido, se levantó, y en un acto reflejo -casi automático y robótico- le seguí, completamente hechizada por estar aún en contacto con su piel. Y alejándonos cada vez más de la que yo consideraba una pandilla de indeseables, pude sentir cómo su mano pasaba de la mía a mi cintura, con un movimiento tan sencillo y atractivo que no desentonó con su sonrisa, que en aquel momento relucía inmensa frente a la mía.
Y con otro gesto de una naturalidad sorprendente, volvió a dejarme sin respuesta cuando se aproximó de nuevo a mi oído y me dijo:
-Ya está bien de fingir, ¿no crees?
Fue entonces cuando le dio un mordisquito a mi oreja, que me hizo estremecer. Así, dando por finalizado el susurro, paseó su nariz por mi cara -con cariño- hasta mis labios, y siendo capaz de compartir la primera sonrisa cómplice en unos segundos completamente enigmáticos y mágicos, pude sentir cómo el alma se evadía de mi cuerpo, como si liberara despacio una calada, y se fundía en la suya, regalándole con ello todo lo último que era mío, y cómo me llenaba otra vez con un nuevo universo de emociones, incluso más incomprensibles que las que tenía cuando segundos antes me acariciaba.
Y por fin, en aquel instante supe que nuestra historia pudo estar sacada de una película, pero en ese caso, seríamos los actores.
Lo mejor de todo, es que nunca olvidamos que los universos que en aquellos momentos rellenaron nuestros cuerpos son infinitos, y con ellos, todo lo que podríamos vivir juntos.

Finalmente, no hay finales.

-Yo quiero nuestra luna de miel en Londres.
-Como si quieres una vida. Lo importante, es que es contigo.


Y a eso, él me respondió:
-Quiero mi vida contigo. A fin de cuentas, eres mi vida. Si no estás en lo que tú eres, ¿qué sentido tiene?

martes, 8 de marzo de 2011

Planes de película.

Nos casaremos en los ochenta y seremos felices para siempre.

Sueños indecibles.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Sin frenos.

Vivo enamorado de una mujer que no sabe nada de mí, y peor, que trata de ignorar mi existencia; mi hermana está hasta el culo en las drogas y mi mejor amigo... bueno, está volando como ceniza en alguna parte de la sucia ciudad.

Soy una deshonra para mi familia y el peor estudiante de la universidad.
¿Que si pasa algo?


No, tranquila, cariño. ¿Ves que sonrío?
Construido en la mentira, me convertí en alguien bastante desconfiado y teatral, orgulloso, algo solitario y excéntrico, pero sobre todo, trastornado y demasiado maniático...

Sé fingir, sé actuar y cambiarme por completo. Siendo así, ¿te apetece olvidar tu pasado un rato conmigo? Sé que estás igual de rota que yo...

martes, 1 de marzo de 2011

Días, sin el 'buenos'.

"Esto es la guerra, y yo voy a luchar. Esto es la guerra, no me quedaré atrás."


-¿Pero qué...?

Hice ademán de levantarme de golpe, pero una espantosa jaqueca me tumbó de nuevo contra... ¿la bañera?
Entreabriendo los ojos para no deslumbrarme distinguí, a pesar de que todo aún estaba borroso, mi pierna derecha colgando por fuera entre las cortinas, y la otra, doblada como podía, "acomodándose" para encontrar algo de calor en la humedad del baño.


"Nada de banderas blancas, no les debo lealtad. Ya estoy demasiado herida, pero no me quedaré atrás"


-¿¡Cuándo va a parar de sonar eso!?

Y levantándome repentinamente, patada al grifo y poco menos que un chapuzón instantáneo, frío como el hielo. Por supuesto, mi cara era de incredulidad absoluta.



-Oh, Dios...

A tientas, cerré la llave y el agua paró de salir del teléfono. Salí fuera de la bañera chorreando y me deshice del pijama, dejándolo en el suelo. Cogí una toalla, y me enrollé en ella. Miré al espejo como la noche anterior había hecho, con la mente muchísimo más despejada de lo que me imaginaba, y sonreí al ver lo bien que me sentaba tener el pelo mojado. Así se resumía mi autoestima al verme mejor tras una noche de alcohol.
Me dirigí a la cocina, ignorando la música que aún sonaba de fondo, y me preparé un café con algo de desgana. Mientras esperaba al microondas, me apoyé en la encimera y cerré los ojos. Si supieran la triste ironía que vivía la vocalista del grupo del nuevo hit del momento, se replantearían lo de animarse al escucharlo e incluso, el escucharlo, y más a todo volumen, como hacía el repelente vecino del quinto.

"Cómo puedes verte así, Mimi, ¡por un simple...!" El timbre que avisaba de que mi desayuno estaba listo interrumpió mis pensamientos, y la verdad, le di gracias por ello.