sábado, 5 de febrero de 2011

Felicidades, Elena.

¿Te acuerdas de cómo me escapaba por las noches para subir al tejado y ver el cielo lleno de estrellas que se cobijaban unas a otras con su luz? Aquellas noches, la Luna brillaba con un destello especial, sonriente como el gato de Alicia, porque sentía que tenías colgando del borde tus piernas blancas y delicadas, agitándolas con alegría, a un ritmo que solo nosotras sabemos apreciar, el ritmo que siempre tuvimos cuando bailábamos juntas en sueños.
¿Te acuerdas de tus peluches y lo que tanto te gustaban? Alberto los tiene todos consigo, en su cama, y los acaricia y los cuida con mucho esmero, como hubieras hecho tú.

¿Te acuerdas mucho de mamá? Ella te encuentra sentada en cada nube, saludándonos con la mano. Te ve soplar una estrella fugaz en tu cumpleaños y ella siempre dice que nos regalas una en el nuestro. También siente tu perfume paseándose por toda la casa y continuamente está revisando álbumes con tus fotos.

¿Te acuerdas de papá? Siempre anda escribiéndote cartas, pero nunca te las ha llegado a mandar porque las llena de las lágrimas y dice que no te gustarían así de feas. Si te apetece, están en la mesilla, pero procura que no te pillen: es un secreto.



Todos piensan que eres consolada entre los brazos de la abuela y que el abuelo hace y dice boberías para conseguir que te rías, atragantando el llanto de angustia por estar lejos de nosotros. Pero yo sé que tú eres fuerte, y que sabes que nos encontraremos allí dentro de no mucho, en "la segunda estrella a la derecha". ¿Te parece bien? Tengo muchas cosas que contarte, así que cuando llegue, por favor, abrázame como nunca y enséñame eso de por allá arriba, intenta convencerme que es tan bonito como se ve desde aquí abajo.


P.D.: Son veinticinco. Ya no puedes cumplir más, como dice papá ¿eh, hermanita?

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