lunes, 28 de febrero de 2011

Intoxicada hasta la médula.

Otra vez. Recaída en mi media botella de licor y mis cigarros de vainilla.


Con el sistema nervioso trastornado, llorando y riendo sola por el piso, entré en el baño y vi mi camisón blanco desvarado, mi pelo totalmente anudado y encrespado, mi cara con ojeras y los ojos apenados, pero mi boca con una sonrisa absurda, de burla hacia mí misma, y no se me ocurrió otra cosa que preguntarle a mi reflejo:
-¿Dónde coño están los nosotros? Dímelo. ¿Dónde quedó aquello que era nuestro? ¿Se desvaneció, sin más?


Bajé la cabeza y me convulsioné en un llanto esquizofrénico.
-¡¡CONTÉSTAME!!
Y entonces, me fallaron las rodillas y caí al suelo. Me reí y las lágrimas no hicieron más que correr por mis mejillas.
-Por favor...
Recosté mi espalda en las puertas del mueble y me abracé las piernas. Y ahora sí que me lamenté de mi desdichado corazón, de mis desdichados días sin él y de lo perdida que estaba últimamente. Pensé en todas las razones que tenía para odiarlo, y no conseguí regalarle en mi mente ni un mísero gesto de desprecio, a pesar de mi embriaguez.
Algo más relajada y consciente de mi vergonzoso estado y de mi estupidez, pero aún siendo incapaz de ponerme en pie, me arrastré hasta dentro de la bañera y me recosté allí abrazando alguna toalla con la que me sequé la cara y dedicándole mis últimos pensamientos antes de caer profundamente entre mis sueños, aún bajo esa locura temporal, disfruté de cada una de las sonrisas que fueron solo mías y que nadie, nadie podría quitarme nunca.

jueves, 24 de febrero de 2011

Recortando costes.

Recortando en lágrimas, en luchas absurdas, en promesas rotas y en sonrisas vacías.
Vamos, sé objetivo conmigo: ambos sabíamos que todo esto nos conducía a... ninguna parte.

Pero ninguna parte podría ser un lugar bonito para compartir... si nos quedara amor.

(secretos)

Te odio. Por lo que eres, por lo que no eres, y por lo que nunca fuiste...
Pero te amé con todo lo que eras, lo que no eras y lo que nunca fuiste.

lunes, 21 de febrero de 2011

Con los años aprendí,

que provocar la muerte solo se perdona si creas la vida.

Ahora, entiendo muchas cosas. Te perdono, y tengo esperanzas, una buena expectativa.
Bon voyage, mon ami. Au revoir à jamais.

sábado, 19 de febrero de 2011

Noches de sueños, S.

Por una vez, la avidez se antepuso al miedo y salió venciendo, haciéndome sentir en cada beso todas las estrellas que tan alto se escondían -entre algo de humo de sabores- y se hacían notar de manera tan insignificante que sus ojos eran la única luz que brillaba con fuerza esa noche, llenos de enigmática magia.
Y como hechizada, busqué en su cuello algo de amor, que parecía evadirse como el vicio en cada calada para dejar paso a un deseo envuelto de pudor que no se esconde en ningún cometa.
Pero era tan inmenso el cielo que recortaba su perfecto cuerpo, que me sentí completamente humana y dispuesta a dejarme llevar en un último baile de pasión encadenada, aunque solo hubiera lujuria en cada paso.
Se volvieron tan miserables aquellos astros, tan ridículos, que por una vez, la noche fue sólo nuestra.

jueves, 17 de febrero de 2011

Secretos muertos.

Días muy raros, curiosos quizá, pero definitivamente, complicados de entender.

Hubieron risas. Carcajadas sonoras, llenas de vida. Eso, cuando solo estábamos nosotras, compartiendo una tarde de amigas como cualquier otra, pero que era nuestra únicamente y quizá eso me hacía sentir bien. Pero cuando nos sonreíamos era como si cada una estuviera cambiada por dentro, sonrisas con un toque que las hacía diferentes, que estaban adornadas de un sentimiento que no conocía... pero que me removía las entrañas.
Compartimos un paseo muy largo, simple, a lo mejor podríamos decir que fue incluso especial, como cada segundo a su lado, aunque acabó pronto en una reunión de amigos, de más que eso y de fumar.
De miradas sencillas, miradas cargadas de nostalgia, quizá de frío, o de heridas, que consiguieron atravesarme el alma en un par de parpadeos. ¿Qué podía maquillar sus pestañas llenas de dolor en aquel momento? Sentía muchísimo lo que ella estaba pasando, pero no era capaz de dirigirle ninguna palabra de apoyo por el simple hecho de poder hacer florecer la angustia en sus ojos, en forma de lágrimas. Así que también fue una tarde de silencio, de reflexiones, pero sobre todo, de disculpas. Disculpas calladas, vergonzosas, disculpas que nunca se pronunciaron pero se llevarán clavadas como metralla.

También, fue una tarde de miradas llenas de desamor, de desdén, de dejadez, de una libertad que se vive solo y que solo se comparte con algunas camas y caras que no se reconocen al despertar. Quizá estas miradas estaban llenas de frío, frío que intentaba llenarse de algún tipo de consuelo en el calor de los grados de más del alcohol, de cuerpos desnudos, de caricias furtivas, así de furtivas como las pupilas que se cruzaban y quedaban enganchadas una en la otra, en una especie de enlace eléctrico, magnético, pero que no tenía nada que ver con el amor.
Estas miradas, supusieron otras llenas de envidia, de celos, de rabia, de colérico romanticismo desenfrenado e histérico que nunca había conseguido reconquistar el corazón que cierta persona había robado. Miradas que nunca me atreví a sostener y que me obligaban a dedicar media sonrisa con los cachetes sonrosados, por la impresión, por la vergüenza y porque, a decir verdad, nunca fui capaz de soportar ninguna mirada durante demasiado tiempo.

Sinceramente, fue una tarde llena de miradas que se lamentaban de callar todo lo que llevaban dentro, miradas entre humo y timidez que intentaba evaporarse de la escena para conseguir algo más de confianza y cercanía. Tardes de verdades mudas con las que todos sabíamos hablar sin necesidad de palabras.

miércoles, 16 de febrero de 2011

(todo)

-¿A estas alturas sigues creyendo que preferiría a otros? No sabes lo que tengo entre manos, amor.

Palabras que sonrojan una tarde y le dan un toque de complicidad.


Mi vida, el paraíso es contigo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Los engaños no llevan azúcar.

Hoy, sus labios de cereza van a juego con sus pícaros rizos desordenados y algo más de cuatro pecas adornan sus cachetes londinenses y le dan un poco de inocencia a un rostro que carece de ella por todas las noches en la que su piel podría confundirse con mis sábanas blancas si no fuera por su suavidad y el calor que desprende.

Hoy, parece que sus estilizadas sandalias de tacón no tienen el protagonismo, ni sus tentadoras piernas, ni sus preciosos shorts crema, ni su cinturón de cuero trenzado -ése de la hebilla dorada-, ni su delicado escote... y sólo quedan sus uñas rojas que se pierden en las piruetas de su cuchara plateada, desorientada en un mar amargo con algo de sacarina, o su muñeca derecha -en la que giran dos pulseras áureas-, combinando con el medallón en forma de corazón que quedaba tan cerca de su cuello, o algo tan sencillo y combinable como su sonrisa.
Hoy, entre café y pastas, con la radio retransmitiendo algo de soul como un eco sordo casi imperceptiblemente en nuestros subconscientes, solo tengo interés en mirar sus inmensos ojos miel y perderme en sus kilométricas y sombrías pestañas, olvidar cualquier idea de deshacerme despacio de su blusa chocolate mientras en la habitación se respira tabaco de sabores a media luz.
Hoy, sus cachetes se colorean un poco tras haberle regalado una rosa del color de sus labios de cereza.
Otro San Valentín en alguno de nuestros octubres perdidos.

La última página del diario de Cassanova. Un loco, un enfermo que no conoce el compromiso, ni el dolor.
Uno sin amor que a mí también enamoró.

domingo, 6 de febrero de 2011

Lapsus momentáneo.

¿Cómo se llama esa parte de la historia que desconocías y que ahora se introduce en tus recuerdos pasados, dándole un giro a los acontecimientos que ya acabaron y que nunca podrás cambiar?
Ah, sí... mentiras.

sábado, 5 de febrero de 2011

Felicidades, Elena.

¿Te acuerdas de cómo me escapaba por las noches para subir al tejado y ver el cielo lleno de estrellas que se cobijaban unas a otras con su luz? Aquellas noches, la Luna brillaba con un destello especial, sonriente como el gato de Alicia, porque sentía que tenías colgando del borde tus piernas blancas y delicadas, agitándolas con alegría, a un ritmo que solo nosotras sabemos apreciar, el ritmo que siempre tuvimos cuando bailábamos juntas en sueños.
¿Te acuerdas de tus peluches y lo que tanto te gustaban? Alberto los tiene todos consigo, en su cama, y los acaricia y los cuida con mucho esmero, como hubieras hecho tú.

¿Te acuerdas mucho de mamá? Ella te encuentra sentada en cada nube, saludándonos con la mano. Te ve soplar una estrella fugaz en tu cumpleaños y ella siempre dice que nos regalas una en el nuestro. También siente tu perfume paseándose por toda la casa y continuamente está revisando álbumes con tus fotos.

¿Te acuerdas de papá? Siempre anda escribiéndote cartas, pero nunca te las ha llegado a mandar porque las llena de las lágrimas y dice que no te gustarían así de feas. Si te apetece, están en la mesilla, pero procura que no te pillen: es un secreto.



Todos piensan que eres consolada entre los brazos de la abuela y que el abuelo hace y dice boberías para conseguir que te rías, atragantando el llanto de angustia por estar lejos de nosotros. Pero yo sé que tú eres fuerte, y que sabes que nos encontraremos allí dentro de no mucho, en "la segunda estrella a la derecha". ¿Te parece bien? Tengo muchas cosas que contarte, así que cuando llegue, por favor, abrázame como nunca y enséñame eso de por allá arriba, intenta convencerme que es tan bonito como se ve desde aquí abajo.


P.D.: Son veinticinco. Ya no puedes cumplir más, como dice papá ¿eh, hermanita?

viernes, 4 de febrero de 2011

Una fiesta curiosa.

Allí, donde todo el mundo cambia su aspecto por uno totalmente diferente y abstracto, colorido, animado.
Una fiesta en la que no se pretende que te entiendan, todo lo contrario.
Una fiesta de locura permitida, sin límites para gozarla.



Carnaval.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Sherlock.

Qué belleza existe en algo que no se puede ver, me preguntan.

Yo pienso que ese mismo es el encanto del misterio.

martes, 1 de febrero de 2011

Planes de futuro.

Darme un atracón, fumar, beber y drogarme; viajar y hacer el amor. Comprarme ropa bonita, usar tacones. Mirar mal y bien, sin que mi alrededor me importe, solo yo. Sonreír mucho. Decir las cosas que se quedan colgando; recordarle a los que quiero, que siempre los quise. Tocar alguna canción; cantar hasta quedarme afónica. Pasearme por mi casa diciendo hola y adiós a todos aquellos olores que dejé yo.
Disfrutar, hacer locuras, cosas impensables.
Porque no me pienso quedar atrás, ni imagino arrepentirme.
Porque la vida dura tan poco como pronto llegue la muerte.