viernes, 18 de marzo de 2011

La verdad.

Vuelvo a empezar, por fin. He conseguido algo nuevo, tengo otra perspectiva, aquellos sentimientos se ahogan entre todo lo que lloré por ti y no te necesito. Escupo con rabia todo lo que eres en mí, lo vomito si hace falta, pero ya nunca quedarán recuerdos de nosotros, marcas de tus manos en mi piel, ni de las caricias de tus labios.

Me quedan seis vidas, y no te permito ninguna más: en una ya hiciste suficiente, tanto, que se sobrecargó, que pudo culminar su existencia -sintiéndose completa- cuando elegiste alejarte de mí.
Aunque si decidieras, por algún casual, regresar para curar la enfermedad de muerte que padecía mi alma en aquellos momentos y la condenó a ser sepultada viva en la oscura región de tu olvido, sería capaz de tragarme mis palabras, el orgullo y, si me apuras, el mundo. Todo con tal de que te quedaras de nuevo conmigo.
Oh, sería capaz de arrastrarme hasta tus pies llorando, suplicando que no lo volvieras a hacer; me agarraría de tus ropas -casi arrancándolas- y me levantaría con avidez, deseo y ansia hasta tus labios, para vivir una noche que resuma en un "necesitaba sentir la calidez de tu cuerpo otra vez" todo el tiempo que tuve que existir en mis otras seis vidas sin sentido.

Nada va de mal en peor, pero preferiría que fuera a mejor, contigo.

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