sábado, 29 de enero de 2011

Arena rosa.

Ella lo hubiera dado todo, pero el peso de las cenizas parece que tiene menos gravedad que el cuerpo y se escapan volando. Y aquí nos quedamos, vacíos y sin poder mirarnos jamás en el espejo de nuestras almas rotas.

-Eso lo último que tengo para ti -concluyó-. Disfruta de mi corazón, o de lo que queda de él por tu culpa, para qué mentirte...
-Quizás para mentirte a ti también.

Luego, se asustó y saltó veloz. Paró levemente esperando mi mano, me clavó los ojos por última vez  con una expresión indescifrable y se escapó escaleras abajo.

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