sábado, 29 de enero de 2011

Se llaman Impotencia, Miedo, Discordia, Inseguridad...

Rodeada de lobos a los que les tienta mi yugular.
Sentimientos que hieren, que debo dominar.

Arena rosa.

Ella lo hubiera dado todo, pero el peso de las cenizas parece que tiene menos gravedad que el cuerpo y se escapan volando. Y aquí nos quedamos, vacíos y sin poder mirarnos jamás en el espejo de nuestras almas rotas.

-Eso lo último que tengo para ti -concluyó-. Disfruta de mi corazón, o de lo que queda de él por tu culpa, para qué mentirte...
-Quizás para mentirte a ti también.

Luego, se asustó y saltó veloz. Paró levemente esperando mi mano, me clavó los ojos por última vez  con una expresión indescifrable y se escapó escaleras abajo.

viernes, 28 de enero de 2011

Suicidio.

Mi cara se torna en una cómica expresión excéntrica, maníaca, que dibuja una sonrisa maliciosa en un gesto completamente diabólico.

Mi mirada perversa se vuelve de vidrio por las lágrimas y en un acto suicida consigo sacarle la sangre a cada una de tus promesas, a tus sonrisas, a tus cumplidos, a tus abrazos, a tus caricias, al cogerme de la mano, a tus guiños furtivos, a tus embaucadoras palabras. Y entonces, muero yo.

"¿Qué quedará de mí sin ti?" Te repetí cientos de veces. Advertí de que no sabría cómo continuar sin las fuerzas que me proporcionaba tener tu amor en mis arterias.
aunque ahora que recuerdo...
hay veces que pienso tan, tan fuerte
que creo que tú también puedes oírme.

(socorro, socorro
hazme saber si me escuchas...)

Medias razones.

Y todo esto que me pasa se resume en una simple palabra: indiferencia.

Ahora solo veo, oigo y noto. Ya no quedan miradas profundas que sostener, ni susurros en los que haya que esforzarse en escuchar, ni emociones que disfrutar en un corazón a cien.

Reflexiono, y ahora es cuando me doy cuenta de que tengo cientos de motivos para seguir viva, pero no tengo ninguno para vivir.
Bueno, quizá medio y eso me impida irme de aquí.

Aún me estaré presente un poquito por vuestras vidas, 
pero se acabaron los paseos en los que os cogía de la mano.

(ojalá podáis perdonarme)

jueves, 27 de enero de 2011

Tropiezos.

Quizá hubiera sido mejor que lo dijeras sin excusas, desde un principio, en vez de hacerme esas estúpidas esperanzas que me han llevado por un camino de desperación y angustia.

Un corte en seco, que me viniera por sorpresa y que no dejara paso a las lágrimas.

Reharé mi vida, descuida.

Planes.

Significa aviones, en inglés.

Quizá esto quiera insinuar que es la salida.

Planes, que incluyan risas, fiestas, amistad. En los que no falte el cariño.
Planes lejos de ti.

martes, 25 de enero de 2011

Amarillo.

El color de los enfermos. El color de la muerte, de los últimos respiros, de las últimas miradas de ojos cansados de sufrir.

De color amarillo, del color del amor.

domingo, 23 de enero de 2011

La desastrosa actuación.

Me encanta ser fuerte y pícara, atrevida; me encanta ser interesante e inteligente, algo manipuladora o persuasiva; me encanta ser sexy a tus ojos, sensual, pero mucho más, ser guapa.
Odio no poder meterme en el papel y creerme que lo soy.

viernes, 21 de enero de 2011

Ley de vida.

Cuando te crees grande, completo y maestro, cierras tu mundo y te conviertes en el alumno cabezota, prepotente y orgulloso que nadie querría tener.

Y tú no aprendes.

jueves, 20 de enero de 2011

Por cierto...


Nada te va a ir bien. Es más, te va a ir genial.

miércoles, 19 de enero de 2011

Añoranza.

Echo de menos el cómo nos queríamos, pero parece que la intensidad con la que lo recordaba, tan detallado, se deshace poco a poco, sin dejar marcas de presencia alguna.

Igual que desaparece una sonrisa.
Qué suerte que no es el caso de la mía:)

lunes, 17 de enero de 2011

Enferma de ti.

Padezco desamor.
Podríamos decir que es algo similar a una tuberculosis que me provoca unos horrosos esputos de sangriento romanticismo, que me aprisionan el pecho aún.
También lo definimos como un infarto, porque al corazón dejó de llegarle ese flujo rojizo que transportaba cada uno de los besos que me diste, esos que me mantenían viva.
O quizá podemos clasificarlo de hemorragia cerebral, con la que mueren todas las neuronas que comunicaban nuestros recuerdos con mi consciencia.

¿Y qué decimos de cáncer? Mis células se revelan contra mí misma, transformándome por dentro. Pero esto tiene graves consecuencias... y creo que necesito tratamiento.

cúrame, por favor

domingo, 16 de enero de 2011

Secretos que se cuentan al oído y que engrandece el viento.

Estoy empezando a recordar lo que era quererte, así de fuerte. Nada era tan necesario como lo era que me correspondieras, para sentirme viva... en todos los sentidos.


Aquéllos eran tiempos bonitos: realmente me encantó lo que compartí contigo.
Pero, ¿quién dice que estos tiempos no pueden ser tan buenos como ésos... o más, sin ti?

Me cansé de recrear historias absurdas de amor, protagonizadas por princesas de falditas rosas. Ahora, me dedico a ser una rebelde; una libertaria, culpable de encadenar corazones en soledad, con su paso, sin remordimientos; a ser una provocadora, porque voy ligera de ropa y de responsabilidades, de empatía.

ahora, tu cara me da risa ups, qué tonta.

jueves, 13 de enero de 2011

Bailando entre las mentiras y las drogas.

Últimamente me aíslo en mi burbuja. No conecto demasiado con los demás, las intervenciones son reducidas, la atención es la indispensable. Estoy desconectada.


Soy una yonki del amor, que estaba en proceso de desintoxicación. Pero tengo mono. Aún me apetece probar alguno de tus besos clandestinos, esnifar algo de tu esencia, emborracharme con el licor de tu sabor particular o un colocón de pastillas que se disuelven en mi estómago, liberando tus sonrisas. Pero tú, todo lo que viví contigo, va vía intravenosa, y aún te paseas entre mis arterias, contaminándome por dentro.
Parece que mis neuronas están fallando, que están dañadas, y que padecen una esquizofrenia excéntrica, que me provoca ansiedad de tu presencia.

No tengo medicación, dicen que lo que hay que hacer es autoconvencerse y dejar de tener relación con ese trocito de tu vida pasada. Pero también es cierto que una vez que se ha entrado en el mundo de las drogas, es una lucha continua por alejarse de ellas, y al final uno acaba por rendirse. Es lo normal: te han quitado eso que formaba parte ya de tu vida, de tu día a día, de tu existencia.

No había conseguido ni salir, y creo que estoy recayendo.

martes, 11 de enero de 2011

La esencia.

Dave la miraba y se decía qué haces, qué haces desperdiciando las tardes con los chicos, con las motos y con el sexo de las mediocres putas que desfilan en las aceras.


Dave la miraba y lo sabía, sabía que sus bocas no tendrían jamás esa consistencia ni eso sabores que no se explican, que sólo podría tener ella.

Prisionera.

Tus besos, mi condena
y tus brazos, las cadenas.

(quiero ser la inquilina
de la cárcel de tus encantos)

lunes, 10 de enero de 2011

Para conseguir algo de fuerzas,

La ira consuela a la impotencia en un abrazo.

Su último acto.

Y por un momento la echó de menos.


Pero ya era tarde para lamentarse, arrepentirse, o intentar recuperar lo que perdió en el 0' en el que decidió separarse de ella y de su precioso corazón, tan grande que a pesar de estar roto podía guardar aún millones de recuerdos sin que se escapase ninguno, que podía llenar su ser de calor y conmoción, pero, sobre todo, podía conseguir cientos de sonrisas para ella y los demás aunque estuviera quebrada por dentro.

Lo que no sabía él, era que ella se alejaba sonriendo maliciosamente, con un toque de picardía y satisfacción en sus labios de rojo.
Y es que ella era una perfecta actriz.

sábado, 8 de enero de 2011

¿Será el último acto?

-Mírame. Mírame a los ojos y dime que no me aprecias ni un ápice, que no te importo en absoluto, que sientes una indiferencia abismal cuando me ves, o escuchas mi voz, o cada vez que te dedico una sonrisa, y prometo desaparecer de tu vida, para siempre.

Él permaneció callado unos instantes y le dirigió la mirada más fría que ella nunca imaginó poder sostener.
-No te aprecio ni un ápice, no me importas en absoluto y siento una indiferencia abismal cuando te veo, o escucho tu voz, o cada vez que me dedicas una sonrisa.
-Adiós -dijo ella mientras se aproximaba a sus labios para darles un pequeño y último beso-. Fue bonito, muy bonito, lo que viví contigo.

Recogió los trozos de su orgullo que se habían desparramado por el suelo al caer cada lágrima y estallar en mil pedazos, y se marchó, siendo ésa la última vez que él vería su cálida figura alejarse de sus brazos...
Y por un momento la echó de menos.

Recuerdos de dos.

-Te quiero, y quiero que hayan nosotros de tú y yo, mucho tiempo, porque son los mejores, los que más me gustan.

-Como si quieres que sean siempre.

viernes, 7 de enero de 2011

(me faltas)

Ahora tengo el pelo mucho más largo, y he conseguido que se me alise como cuando me conociste, por fin. Tengo tres pendientes, y planeo algún piercing. También decir que últimamente llevo falda y mil colores, sin faltar el negro, y siempre con mi estilo característico: todas mis pulseras y las dos coletas en la muñeca, los cordones diferentes, los cascos y mis pantalones de cebra. Mis rebecas desgastadas también salen mucho del armario. ¿Mi mochila? nunca falta.

También, decir que tengo los ojos algo apagados, y ayer salí a la calle sin pintar. No sonrío a menudo, pero lo hago sin ti de vez en cuando. Siento que mi pecho va reventar y el aire me cuesta, de respirar. Me da la impresión de que mi corazón está tan lleno de sentimientos que me aprisiona los pulmones. 
De vez en cuando necesito un boca a boca. He jugado con un par de corazones, aún sabiendo que no los quería, que no eran el tuyo. 
Me muero de ganas por viajar, por vivir...
pero quiero hacerlo contigo.

jueves, 6 de enero de 2011

Zancadilla, con las alas atadas.

Cuanto más alto vuelas, más dura la caída.
Y quizá, ese tiempo sea más doloroso que el golpe. Ver como se desvanece lo que un día tuviste, como se queda arriba lo que amas. Y poco a poco, se quiebra tu corazón. Trocito a trocito. Rompiéndose en mil. Y comienzan esos añicos a latir por separado, a llorar sangre. Sangre que un día fue bombeada a cien en cada momento de ilusión, felicidad, nervios; bombeada en esos tiempos en los que sólo existían lágrimas de emoción.
Bajas rodando las nubes que hicieron de escaleras para llevarte a tocar la punta del cielo azul, y el inmaculado blanco de ese algodón se tiñe de rojo.

Y estalla la tormenta. Llueve, diluvia carmín que recorría tus venas. Resuenan los gritos de dolor y desesperación, explotando en tus oídos como los truenos más sonoros. Cierras los ojos, pero ya no sirve de nada. Sigues escaleras abajo, empapado de esos sentimientos que te cortan la respiración, que desgarran con brutalidad lo que llenaba tu pecho.
Tus ojos son cataratas de dolor y las sienes te palpitan con tanta fuerza que no puedes ni pensar.
Empiezas a notar el filo de cada peldaño en tu cuerpo. Ahora, la escalinata no es como la mullida esponja por la que descendías antes. Lo que te costó subir, lo recuerdas en estos momentos al bajar.
Un golpe en el vientre invierte la sensación de las mariposas de felicidad que te hacían cosquillas, que te obligaban todo el rato a sonreír, y sientes como si las costillas se clavaran en tus pulmones. Empiezas a notar agotamiento e impotencia, y lloras sin lágrimas, vaciando, deshidratando tu interior.

Parece que ya estás llegando abajo. Por fin el último tramo. Nunca creías que ibas a alegrar de saber que quedarías por los suelos, solo, pero crees que es una sensación más estable que el derrumbe de tus nubes.

Tres, dos, uno... Despiertas bruscamente, sudando en la realidad. Tu cuarto aún está oscuro y tienes un presentimiento extraño, que se apodera de tu estómago. Miras a tu alrededor y aparentemente, todo sigue como antes. Pero con recelo, bajas la vista hacia donde debería estar tu corazón y solo ves un hueco, vacío. El frío te envuelve, te cubre como una manta. Y cuando tus ojos se creen adaptados a la poca luz de la habitación, divisas las curvas de la dama a la que llaman Muerte avecinándose en el marco de tu puerta y por un momento vacilas, si bailar o no con ella el último vals de la vida. Justamente, en ese segundo en el que estabas a punto de romper el pacto que unía tu alma con la existencia de tu cuerpo...

Me gusta imaginar que llega esa persona a la que tanto ansía, que le da un beso al protagonista de esta historia, arrepentida de haberlo hecho tropezar en su gloria, y bajaba también, detrás de él, corriendo para salvarlo con el corazón que se había arrancado de su pecho en la mano. Que promete que estará más atenta para que no vuelva a pasar; que quiere subir de nuevo, solo con él... es decir, contigo.
Pero seamos realistas: ¿quién no colecciona corazones?

martes, 4 de enero de 2011

Electricidad a nuestro favor.

Te van a tratar diferente toda tu vida. Tanto si entras en un círculo social reducido en el que tengas unos pocos de buenos enchufes como si entras en cualquier círculo social, con cualquier tipo de enchufes. Estás destinado a ser tratado de una forma particular, porque las personas no tenemos sentido de la objetividad y las convertimos en mejores o peores después del tiempo y el trozo de nuestras vidas que pasamos con ellas.

Corrupción, me gusta llamarlo. Y pienso que hay que saber aprovecharla.
Nuestro futuro depende de ello.

Los dioses, los mortales y yo.

Es humano sentirse superior a costa de otros, dicen, pero todos sabemos que sólo los dioses son superiores, aunque no se regocijan de serlo. 

Son los humanos lo que les tejen esa capa de narcisismo ególatra, que no les han pedido. Y cuando han amoldado la situación a su gusto, intentan imitarlos para alcanzar la "salvación".

No me gusta ser humana. Tampoco llevar capas: no soy superheroína de nadie

Esperanzas desvaídas.

Hoy me desperté soñando, abrí los ojos y desapareciste.

Tengo MIEDO
por si mi cuarto vacío me ataca.



(no ha sido un buen comienzo, pero bueno, son 365, alguno tendrá que salirme bien)

Heartless.

Tengo frío. Siento como si no hubiera nada en mi vida… ahora. Es como si me hubiera vaciado por dentro. Conozco esa necesidad de venganza contra él, contra ti misma. Él, que juega con corazones con las aristas de cristal que esconde, que hacen daño, y a mí que me gusta, que me gusta morirme.

Dicen que son

Paranoias del corazón, eso de que no actúa con la razón.

(están un poco peleados)