miércoles, 22 de diciembre de 2010

Y es que a veces tengo unos incontrolables

arrebatos.


Arrebatos de abrazarte y besarte como la primera vez. Arrebatos de sonrisas, como las de los buenos tiempos que nunca abandonarían nuestros corazones. Arrebatos de quererte y que me quieras tanto como nunca pudimos demostrar. Arrebatos de cogerte de la mano y aguantarme las ganas de llorar, por sentir el miedo de que pudiera perderte alguna vez. Arrebatos de cosas bonitas, de cumplidos, de cariños que nunca cesarían. Arrebatos de caricias desnudas, sin secretos. Arrebatos de promesas, de ésas del dedo chiquitito. Arrebatos de susurros y de silencio, de miradas que lo dicen todo, solamente con el brillo de nuestros iris castaños. Arrebatos de uno, dos y tres y mil momentos que ninguno de los dos imaginaría vivir. Arrebatos de futuro y de libertad compartida. Arrebatos de lo que fuimos y de lo que hubiéramos sido, pero que nunca seremos.
Arrebatos de nosotros.

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