domingo, 5 de diciembre de 2010

Una película que no llegaré a filmar.

Y es que cuando te imagino desayunando junto a mí algún sábado de nuestras vidas unas tostadas con mermelada, aún sin peinar, despistado, inocente... me derrito como azúcar dentro del amargo café que hoy compararé con la vida.

Me gustan los imposibles porque son como una película, hoy, la película que quiero rodar yo misma pero que nunca me tocará vivir.
Pero dejemos de volver a la realidad. Imaginemos ahora un lunes, con prisas, con la resaca de los besos del domingo, con ganas de más tiempo contigo. Soñemos con nuestras noches, con el cariño, con las caricias. Fantaseemos con una flor en San Valentín y con los paseos por el parque de la mano. Maravillémonos con pensar que correremos por la playa, por la orilla; tú persiguiéndome y yo huyendo entre risas de ti; maravillémonos con pensar que me atrapas con cariño, que me besas en la cabeza. Anhelemos dormir sobre la arena fría, cubiertos de estrellas, de sueños fugaces, entre ellos, el de visitar como visitaremos París, Venecia o Madrid, la Luna que tan lejos nos queda. Imaginemos que podemos recordar cómo fue aquel primer saludo tímido, cómo nos mirábamos, cómo parecíamos estar tan enamorados como lo estaríamos ahora. Tengamos el presentimiento de que si algo cambia, sólo será para bien. Evoquemos esos desastres de cocina en los que estarías tan gracioso con la nariz y tu pelo negro llenos de harina; pero no nos olvidemos de cómo lo arreglarías con tu encantadora sonrisa y un beso con el que no me dejarías decir ni una palabra al respecto, aunque, la intención de preparar algo para mí sería lo que contara, ¿no? siempre adoraría esas locuras tuyas. Figurémonos que nos olvidamos de cualquier pelea tras mis lágrimas y en el abrazo del que yo intentaría escapar, pero que siempre acababa sofocándolas. Ideemos unos anillos que significan un verdadero para siempre. Soñemos con que esto no debe ser un sueño porque será una realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario