domingo, 5 de diciembre de 2010

¿Tan débil como siempre?

Cuando mi voz no suena convincente y tiemblo, cuando necesito el calor de tus abrazos, cuando las lágrimas están a punto de brotar de mis ojos, es cuando menos te quiero ver.

¿Sabes por qué?
Porque así aprendo a fortalecer mi voz y mi valor, el frío me endurece la piel y mis lágrimas son capaces de cortar el cristal.
Y hoy, ahora sé que eres prescindible.
O eso intenté creerme...

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