miércoles, 22 de diciembre de 2010

A Reymond no se le resbala la corona.


Me gusta ser la reina atípica. Ésa que no tiene ejército, que se calza unas botas militares y se dispone a la batalla, aunque no le guste la guerra, pero es SU guerra, y nadie la librará por ella.
Ésa que tiene consejeros, pero que hace lo que le sale de la corona porque en su mundo es la autoridad.
Ésa que no cree en los príncipes azules, porque prefiere a un rey.
Ésa a la que no le gustan los tacones, porque no le hacen falta para estar a la altura.
Ésa que tiene una Constitución no escrita, con derechos y deberes que se refieren a su forma de vivir, a sus principios.
Ésa que no habla de sus leyes porque es posible que nadie las entienda.
Esa loca que puede tomar contigo el té, con modales o no de Sombrerero.
Ésa que destruye lo establecido, a la que le gusta ser totalmente desconocida y llamar la atención por la calle, que la miren con una chispa de envidia en los ojos.
Ésa que tiene una sonrisa por bandera y un himno a la verdad.

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